06-02-2026, 08:03 PM
En el fragor de un duelo, todo ocurre muy deprisa. Parece que fuese mi mantra, pero eso no lo hace menos cierto. En ocasiones, las piernas pueden llegar a ser más rápidas que otras sensaciones. Disparé y salté para apartarme de Kiyoshi, y no fue hasta ese momento en el que reparé que el doctor había sido más rápido que yo. Una explosión cubrió la zona. No, no era una explosión, pues mi cuerpo no ardía como cuando recibí aquel ataque en los cabos gemelos. Se trataba de un potente haz de luz, uno que me cegó y me hizo perder el sentido de la orientación por unos instantes. Había logrado impactarme antes que yo a él. Sin duda era un gran tirador y podía aprender muchas cosas de él. Por suerte, no sé si fue mi pelaje, o la resistencia adquirida durante las diferentes batallas que ya había librado, pero el daño que me había causado no fue grande.
Sin embargo, la jugada de nuestro doctor no había terminado, pues tras su disparo se lanzó hacia mi. Ya había sido testigo de su creatividad en combate, por lo que no podía permitirle dejarme sin recursos, sin escapatoria. Aún con mis atenuados reflejos, fui capaz de ver cómo se acercaba a mí, produciendo aquellas peligrosas burbujas que le permitía crear su fruta. Reaccioné rápido, salté de nuevo para retirarme de él unos 10 metros. Había perdido el duelo de tiradores, resultado que ya podía saber antes de que se diese nuestro encuentro. Sin embargo, nuestro entrenamiento simulaba ser un combate real. Uno donde las reglas no se limitan a disparar. Él lo sabía y por ello usaba su akuma no mi. Y en ese campo, yo no podía quedarme atrás.
—Maldición: Sekhmet
Tan rápido como mis habilidades me lo permitían, generé una de mis enfermedades para repartirla por toda mi zona de acción. Mi salto me había alejado algo de Kiyoshi, pero también me mantenía alejado de la zona en donde Eros y Uker tenían su enfrentamiento. Lo suficiente como para no ser capaz de alcanzarles con un disparo de mí rifle. Sin duda, Kiyoshi no podría escapar de mi ataque. Me asaltó una inmensa sensación de culpabilidad al haber infectado a uno de mis compañeros. Más aún, tratándose del que tenía una gran aversión a los gérmenes.
—Kiyoshi, yo... —dije con el rifle apoyado en mi hombro y mi otra mano rascando mi nuca, mi gesto de arrepentimiento —. Lo... Lo siento. No me dejaste otra alternativa.
Sí algo tenía claro, era que no quería dañar a mis compañeros. Pero más aún, quería evitar ir contra sus fobias o manos. Hacer algo que no solo los dañase por fuera, si no que lo hiciese por dentro. Entendía perfectamente a Kiyoshi, pues yo mismo también había sentido ese rechazo al contacto con otros por miedo a infectar me con algo. Malditas ironías me tenía el destino preparado.
Sin embargo, la jugada de nuestro doctor no había terminado, pues tras su disparo se lanzó hacia mi. Ya había sido testigo de su creatividad en combate, por lo que no podía permitirle dejarme sin recursos, sin escapatoria. Aún con mis atenuados reflejos, fui capaz de ver cómo se acercaba a mí, produciendo aquellas peligrosas burbujas que le permitía crear su fruta. Reaccioné rápido, salté de nuevo para retirarme de él unos 10 metros. Había perdido el duelo de tiradores, resultado que ya podía saber antes de que se diese nuestro encuentro. Sin embargo, nuestro entrenamiento simulaba ser un combate real. Uno donde las reglas no se limitan a disparar. Él lo sabía y por ello usaba su akuma no mi. Y en ese campo, yo no podía quedarme atrás.
—Maldición: Sekhmet
Tan rápido como mis habilidades me lo permitían, generé una de mis enfermedades para repartirla por toda mi zona de acción. Mi salto me había alejado algo de Kiyoshi, pero también me mantenía alejado de la zona en donde Eros y Uker tenían su enfrentamiento. Lo suficiente como para no ser capaz de alcanzarles con un disparo de mí rifle. Sin duda, Kiyoshi no podría escapar de mi ataque. Me asaltó una inmensa sensación de culpabilidad al haber infectado a uno de mis compañeros. Más aún, tratándose del que tenía una gran aversión a los gérmenes.
—Kiyoshi, yo... —dije con el rifle apoyado en mi hombro y mi otra mano rascando mi nuca, mi gesto de arrepentimiento —. Lo... Lo siento. No me dejaste otra alternativa.
Sí algo tenía claro, era que no quería dañar a mis compañeros. Pero más aún, quería evitar ir contra sus fobias o manos. Hacer algo que no solo los dañase por fuera, si no que lo hiciese por dentro. Entendía perfectamente a Kiyoshi, pues yo mismo también había sentido ese rechazo al contacto con otros por miedo a infectar me con algo. Malditas ironías me tenía el destino preparado.
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