06-02-2026, 08:59 PM
Tras unos días de preparativos, el momento había llegado. Un nuevo amanecer bañó Mystoria, nuestro hogar, y yo me encontraba en la sala de navegación de O Redentor, nuestro colosal buque. Viktor nos había convocado en Marineford, dejándonos una nota, y yo no sabía qué quería ni a qué íbamos, pero toda excusa para abandonar esa isla tan aburrida en la que no podía ni patinar, me servía. Estaba calmado, bebiéndome un café sentado en una silla y con los pies estirados sobre un escritorio. Veía el horizonte por la ventana mientras escuchaba, de forma mono, algo de música tranquila a través de mis tone dial.
Tras terminar el café bostecé de forma sonora. Estiré mis brazos y piernas, tensando y relajando mi musculatura para desperezarme, y me puse en pie. Sólo llevaba encima el pantalón de mi uniforme, las botas y mi media máscara. Mi capa de vicealmirante descansaba sobre el respaldo de la silla de la sala. Me había acostumbrado demasiado a vestir con poca ropa después de vivir tanto tiempo en aquella isla volcánica con ese clima tan agresivo. Agarré mi den den mushi posado en mi escritorio, abrí la puerta y crucé los pasillos de nuestro navío, notando mis el crujir de la madera que provocaban mis pisotones y silbando al compás de la música que sonaba en mis cascos.
Salí a cubierta y respiré de forma profunda, notando la pesadez y el aire cálido del ambiente. Tras ello transformé mis piernas en mi elemento y salí propulsado hacia el mástil mayor del barco, mientras abría la comunicación por el den den mushi hacia mis compañeros. Apreté mi nariz con los dedos índice y pulgar de mi mano derecha, taponándola para buscar un sonido nasal. — ¡Cowabunga!, buenos días ciudadanos de Mystoria — empecé a transmitir mi bienvenida de una forma tranquila, manteniendo el mismo tono de voz neutro — les habla el vicealmirante Bahía y hoy tendré el honor de ser vuestro navegante. En nombre de toda mi tripulación... que soy yo... quiero darles la bienvenida a O Redentor, destino Marineford. — comencé a ojear de forma rápida y precisa el estado de las velas y los mástiles, volando por encima del barco y comprobando que todo estaba en perfectas condiciones para navegar. — El día y hora de llegada al destino será... en algún momento... el clima y el estado del mar esperemos que sea tranquilo ya que no tengo una bola de cristal para predecirlo, y si en medio del viaje nos ataca algún rey marino, pues lo tumbaremos a cañonazos ¡kakahaha!. — Una vez hecha la inspección protocolaria, aterricé de nuevo en la cubierta para volver a entrar en el interior de barco y volver a la sala de navegación. — Les ruego que se diviertan lo máximo posible durante la navegación, así como si son propensos al mareo, no me vomiten en el barco y háganlo por la borda. Para todo lo demás, estaré disponible en el lugar de siempre. — Entré de nuevo en la sala de navegación, saqué un eternal pose que apuntaba hacia el cuartel general, y lo dejé al lado del timón para no perder el rumbo. — ¿Se encuentra la División a bordo? Desde aquí no puedo saberlo... pero cuando estemos todos, que Karl despliegue las velas, que Fuguwu leve el ancla y Joe que se encargue del catering. Una vez más, les doy las gracias por elegir navegar con Apolo's Bay Cruises, ¡cambio y corto!. — Con mi mensaje dado, dejé mi den den mushi al lado del eternal pose y volví a sentarme con las piernas estiradas sobre la mesa. Sabía que en cuanto estuviésemos todos, el barco comenzaría a moverse para visitar por segunda vez el cuartel general.
Tras terminar el café bostecé de forma sonora. Estiré mis brazos y piernas, tensando y relajando mi musculatura para desperezarme, y me puse en pie. Sólo llevaba encima el pantalón de mi uniforme, las botas y mi media máscara. Mi capa de vicealmirante descansaba sobre el respaldo de la silla de la sala. Me había acostumbrado demasiado a vestir con poca ropa después de vivir tanto tiempo en aquella isla volcánica con ese clima tan agresivo. Agarré mi den den mushi posado en mi escritorio, abrí la puerta y crucé los pasillos de nuestro navío, notando mis el crujir de la madera que provocaban mis pisotones y silbando al compás de la música que sonaba en mis cascos.
Salí a cubierta y respiré de forma profunda, notando la pesadez y el aire cálido del ambiente. Tras ello transformé mis piernas en mi elemento y salí propulsado hacia el mástil mayor del barco, mientras abría la comunicación por el den den mushi hacia mis compañeros. Apreté mi nariz con los dedos índice y pulgar de mi mano derecha, taponándola para buscar un sonido nasal. — ¡Cowabunga!, buenos días ciudadanos de Mystoria — empecé a transmitir mi bienvenida de una forma tranquila, manteniendo el mismo tono de voz neutro — les habla el vicealmirante Bahía y hoy tendré el honor de ser vuestro navegante. En nombre de toda mi tripulación... que soy yo... quiero darles la bienvenida a O Redentor, destino Marineford. — comencé a ojear de forma rápida y precisa el estado de las velas y los mástiles, volando por encima del barco y comprobando que todo estaba en perfectas condiciones para navegar. — El día y hora de llegada al destino será... en algún momento... el clima y el estado del mar esperemos que sea tranquilo ya que no tengo una bola de cristal para predecirlo, y si en medio del viaje nos ataca algún rey marino, pues lo tumbaremos a cañonazos ¡kakahaha!. — Una vez hecha la inspección protocolaria, aterricé de nuevo en la cubierta para volver a entrar en el interior de barco y volver a la sala de navegación. — Les ruego que se diviertan lo máximo posible durante la navegación, así como si son propensos al mareo, no me vomiten en el barco y háganlo por la borda. Para todo lo demás, estaré disponible en el lugar de siempre. — Entré de nuevo en la sala de navegación, saqué un eternal pose que apuntaba hacia el cuartel general, y lo dejé al lado del timón para no perder el rumbo. — ¿Se encuentra la División a bordo? Desde aquí no puedo saberlo... pero cuando estemos todos, que Karl despliegue las velas, que Fuguwu leve el ancla y Joe que se encargue del catering. Una vez más, les doy las gracias por elegir navegar con Apolo's Bay Cruises, ¡cambio y corto!. — Con mi mensaje dado, dejé mi den den mushi al lado del eternal pose y volví a sentarme con las piernas estiradas sobre la mesa. Sabía que en cuanto estuviésemos todos, el barco comenzaría a moverse para visitar por segunda vez el cuartel general.
Resumen
Akuma no Mi
