07-02-2026, 09:04 PM
(Última modificación: 13-02-2026, 01:41 AM por Kael Omuyaga.)
Caminaron en conjunto hacia la pista de baile, quedándose en aquella zona más cerca su objetivo. Kael observa de reojo tan pronto como llegó a la zona, aún agarrado del brazo de su compañera hasta que puede colocarse frente a ella. Toma a la chica de las manos sin vacilar, y una nueva sonrisa muestra, con cierto aire de picardía, a pares fingida y a otros dejándose llevar que estaba dispuesto a seguir con este juego mientras la misión siguiera tal y como ambos la tenían planeada.
—¿Estás lista, mi reina?—Y es que, si algo puede decir que ha aprendido juntándose tanto tiempo con su amigo, es nada menos que a bailar sin importar las miradas ajenas. Siempre han terminado recibiendo la atención de la gran mayoría, y eso hace que, con el tiempo, se le quitase la vergüenza de pensar precisamente en esos detalles insulsos.—Porque te voy a mostrar que no hay nadie mejor para ti en todo este Reino.
No han practicado nunca juntos, no han preparado ningún baile, y mucho menos ha preguntado si ella alguna vez había aprendido a como bailar correctamente. En su lugar, Kael daría un par de pequeños pasos hacia atrás, soltando las manos de su "novia" para comenzar a bailar tal y como lo haría normalmente, sin apenas alejarse de la Humink para que quién quiera que se fijase pudiese ver que aquello, supuestamente, era solamente un espectáculo para sus propios ojos.
...Ninguno de los dos prestaría verdadera atención al otro.
El de cabello azabache se movía, girando solo lo suficiente como para comprobar quién de todos ellos en la mesa era el traficante, comprobando el rostro de cada uno de ellos, quiénes se iban y quiénes se quedaban. Habíamos avistado al pez gordo, aquel pequeño bribón de simple apariencia, que no tiene ningún tipo de alerta y trapichea casi sin cuidado alguno. Jóvenes vienen y van, entregan el dinero y se marchan con la medicina. El intercambio daba a entender que las cantidades o eran minúsculas o, en su defecto, eran extremadamente baratas y por tanto, más peligrosas por la escasa calidad. Aquello no importaba en absoluto, pues con la venta de drogas era más que suficiente motivo para atraparlo o, por lo menos, quedarnos con todos los datos posibles sobre la transacción.
Los minutos corren, y cuando parece haber tomado una decisión, simultáneamente, Kael toma una posición más agresiva con su contraria en la pista de baile, volviendo a tomarla de la cintura, bailando con el ritmo de la música mientras, delicadamente, se acerca hasta una de sus acolchadas orejas.
—¿Qué te parece si nos acercamos a comprarles algo?—Lo que debiera ser un susurro quedó en un tono habitual pues, debido al ruido de la música, era imposible dejar un mensaje más bajo por muy buen oído que tuviese.—Si compramos para todo el tiempo que quieres, seguro que tendrá que llevarnos a un lugar donde pueda darnos toda. No creo que lleve tal cantidad encima.
Con ello, antes de terminar de apartarse, bajó un poco por su mejilla, ofreciendo el ademán de un beso sobre la misma con tal de entregar el espectáculo esperado a los que con tanto interés los observan, sencillamente, para no levantar sospecha alguna sobre que es lo que le habría podido decir al oído con tanta cercanía. Juegan en un terreno complicado, balanceándose entre la actuación de chicos guapos que llaman la atención, con la de agentes en sigilo que buscan realizar una operación sin llamar la atención.
Un reto que, sin duda, Kael estaba disfrutando a cada instante de realizar con alguien afín a su forma de actuar.
—¿Estás lista, mi reina?—Y es que, si algo puede decir que ha aprendido juntándose tanto tiempo con su amigo, es nada menos que a bailar sin importar las miradas ajenas. Siempre han terminado recibiendo la atención de la gran mayoría, y eso hace que, con el tiempo, se le quitase la vergüenza de pensar precisamente en esos detalles insulsos.—Porque te voy a mostrar que no hay nadie mejor para ti en todo este Reino.
No han practicado nunca juntos, no han preparado ningún baile, y mucho menos ha preguntado si ella alguna vez había aprendido a como bailar correctamente. En su lugar, Kael daría un par de pequeños pasos hacia atrás, soltando las manos de su "novia" para comenzar a bailar tal y como lo haría normalmente, sin apenas alejarse de la Humink para que quién quiera que se fijase pudiese ver que aquello, supuestamente, era solamente un espectáculo para sus propios ojos.
...Ninguno de los dos prestaría verdadera atención al otro.
El de cabello azabache se movía, girando solo lo suficiente como para comprobar quién de todos ellos en la mesa era el traficante, comprobando el rostro de cada uno de ellos, quiénes se iban y quiénes se quedaban. Habíamos avistado al pez gordo, aquel pequeño bribón de simple apariencia, que no tiene ningún tipo de alerta y trapichea casi sin cuidado alguno. Jóvenes vienen y van, entregan el dinero y se marchan con la medicina. El intercambio daba a entender que las cantidades o eran minúsculas o, en su defecto, eran extremadamente baratas y por tanto, más peligrosas por la escasa calidad. Aquello no importaba en absoluto, pues con la venta de drogas era más que suficiente motivo para atraparlo o, por lo menos, quedarnos con todos los datos posibles sobre la transacción.
Los minutos corren, y cuando parece haber tomado una decisión, simultáneamente, Kael toma una posición más agresiva con su contraria en la pista de baile, volviendo a tomarla de la cintura, bailando con el ritmo de la música mientras, delicadamente, se acerca hasta una de sus acolchadas orejas.
—¿Qué te parece si nos acercamos a comprarles algo?—Lo que debiera ser un susurro quedó en un tono habitual pues, debido al ruido de la música, era imposible dejar un mensaje más bajo por muy buen oído que tuviese.—Si compramos para todo el tiempo que quieres, seguro que tendrá que llevarnos a un lugar donde pueda darnos toda. No creo que lleve tal cantidad encima.
Con ello, antes de terminar de apartarse, bajó un poco por su mejilla, ofreciendo el ademán de un beso sobre la misma con tal de entregar el espectáculo esperado a los que con tanto interés los observan, sencillamente, para no levantar sospecha alguna sobre que es lo que le habría podido decir al oído con tanta cercanía. Juegan en un terreno complicado, balanceándose entre la actuación de chicos guapos que llaman la atención, con la de agentes en sigilo que buscan realizar una operación sin llamar la atención.
Un reto que, sin duda, Kael estaba disfrutando a cada instante de realizar con alguien afín a su forma de actuar.
