07-02-2026, 10:38 PM
La noche en Samba se había vuelto una manta de terciopelo húmedo que pesaba sobre los hombros de Hiiragi, cargada de ese olor a salitre y brea que siempre emanaba de los muelles cercanos. La joven Humink se movía con una ligereza encantadora para quien lo atestiguara, una ráfaga blanca que a paso tranquilo se adentraba entre los callejones más estrechos del distrito comercial, donde las sombras se proyectaban largas y distorsionadas bajo la luz mortecina de las farolas de aceite. Sus orejas de conejo blancas se mantenían rígidas, captando el eco de los pasos de Dr. Bones tras ella; el repicar del calzado del médico contra el suelo húmedo era la única música que acompañaba su avance.
-No se quede atrás, Doctor, estas calles tienen más perdidas, que errores un contrato mal redactado.- exclamó la peliblanca sin girar la cabeza, mientras su pelaje blanco, que cubría sus brazos desde los hombros hasta los codos, rozaba ocasionalmente las paredes de piedra fría de un callejón que conectaba la zona de las curtidurías con el mercado central. Ella conocía aquel laberinto de memoria; lo había recorrido cientos de veces buscando rutas más ágiles para sus entregas, aprendiendo qué esquinas eran seguras y cuáles debían evitarse si uno no deseaba terminar con la bolsa vacía.
Se detuvieron frente a una entrada estrecha, protegida por un arco de piedra desgastado por el tiempo. Era la entrada trasera de un viejo almacén de la zona intermedia de Samba, un lugar donde el viento silbaba de una forma casi lúgubre entre las cajas apiladas. Hiiragi señaló hacia un rincón sombrío, donde el suelo aún conservaba unas manchas oscuras que la lluvia no había logrado borrar del todo.
-Aquí fue la segunda escena, detrás de este almacén.- sentenció la comerciante mientras sus ojos rubíes escaneaban el entorno con una frialdad técnica y una incomodidad natural de quienes se pueden ver en el lugar de la victima. -Es un punto ciego para las patrullas nocturnas, pero lo suficientemente cerca de la vía principal para que el asesino pudiera desaparecer en la multitud en menos de un minuto. Si lo que usted dice sobre la precisión médica es cierto, entonces este lugar no fue elegido al azar por su oscuridad, sino por el silencio que ofrece para realizar un trabajo... "limpio".- agregó con una pequeña mueca de disgusto, inflando las mejillas brevemente ante la inquietante lógica del médico.
Hiiragi se agachó un poco, dejando que sus orejas se orientaran hacia el fondo del almacén mientras el vello blanco de sus piernas, visible desde sus rodillas hacia abajo, se tensaba por la expectativa. -Dígame, Doctor... ¿Ve algo en estos restos que mi mirada de comerciante haya pasado por alto? Si el arma fue un bisturí manejado con maestría, quizás el asesino dejó algo más, sin importar cuan meticuloso sea en la labor de trabajar con la carne, quizás cometiera errores relacionados a eliminar sus rastros o dejase alguna suerte de firma que nos de alguna pista.- concluyó, cediendo el espacio para que Bones realizara su análisis, mientras ella permanecía alerta a cualquier susurro que no perteneciera a la brisa invernal.
-No se quede atrás, Doctor, estas calles tienen más perdidas, que errores un contrato mal redactado.- exclamó la peliblanca sin girar la cabeza, mientras su pelaje blanco, que cubría sus brazos desde los hombros hasta los codos, rozaba ocasionalmente las paredes de piedra fría de un callejón que conectaba la zona de las curtidurías con el mercado central. Ella conocía aquel laberinto de memoria; lo había recorrido cientos de veces buscando rutas más ágiles para sus entregas, aprendiendo qué esquinas eran seguras y cuáles debían evitarse si uno no deseaba terminar con la bolsa vacía.
Se detuvieron frente a una entrada estrecha, protegida por un arco de piedra desgastado por el tiempo. Era la entrada trasera de un viejo almacén de la zona intermedia de Samba, un lugar donde el viento silbaba de una forma casi lúgubre entre las cajas apiladas. Hiiragi señaló hacia un rincón sombrío, donde el suelo aún conservaba unas manchas oscuras que la lluvia no había logrado borrar del todo.
-Aquí fue la segunda escena, detrás de este almacén.- sentenció la comerciante mientras sus ojos rubíes escaneaban el entorno con una frialdad técnica y una incomodidad natural de quienes se pueden ver en el lugar de la victima. -Es un punto ciego para las patrullas nocturnas, pero lo suficientemente cerca de la vía principal para que el asesino pudiera desaparecer en la multitud en menos de un minuto. Si lo que usted dice sobre la precisión médica es cierto, entonces este lugar no fue elegido al azar por su oscuridad, sino por el silencio que ofrece para realizar un trabajo... "limpio".- agregó con una pequeña mueca de disgusto, inflando las mejillas brevemente ante la inquietante lógica del médico.
Hiiragi se agachó un poco, dejando que sus orejas se orientaran hacia el fondo del almacén mientras el vello blanco de sus piernas, visible desde sus rodillas hacia abajo, se tensaba por la expectativa. -Dígame, Doctor... ¿Ve algo en estos restos que mi mirada de comerciante haya pasado por alto? Si el arma fue un bisturí manejado con maestría, quizás el asesino dejó algo más, sin importar cuan meticuloso sea en la labor de trabajar con la carne, quizás cometiera errores relacionados a eliminar sus rastros o dejase alguna suerte de firma que nos de alguna pista.- concluyó, cediendo el espacio para que Bones realizara su análisis, mientras ella permanecía alerta a cualquier susurro que no perteneciera a la brisa invernal.
Código:
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