08-02-2026, 03:51 AM
Narrador / María Merlot
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El mar siempre la recibía con los brazos abiertos, su gran refugio, al igual que las celdas. ¿Por qué? Porque en ambos lugares siempre estuvo a salvo. En el fondo del agua nadie la molestaba, nadie la esclavizaba, nadie la forzaba a hacer o decir lo que no quisiera. En la oscuridad y humedad de una prisión, no había dolor… porque cuando la tiraban tras los barrotes, significaba que sus amos ya se habían cansado de ella, lo que se traducía como horas o días de… paz y tranquilidad, de perderse en su cabeza, y soñar con mañanas más cálidos y soleados. Spoiler: Nunca llegaban. No hasta que el de ojos fantasmales la rescato, y la entrego a Algodón de Azúcar.
Sus pies se mojaron, las suaves olas chocaron con sus piernas. El agua le llegaba a la mitad de la pantorrilla. Ahí fue cuando empezó a cantar, a dejar que los grillos en su cabeza tomaron el control y la hicieran solo vivir el momento, sin pensamientos rebuscados que removieran el sedimento de sus recuerdos… recuerdos que evitaba, que solo le traían repulsión y a veces, en las noches más silenciosas, hasta ganas de morir. Pero ese día no, esa playa en compañía de su Unnie y del apuesto hombre de cabellos blanquecinos, estaba resultando ser muy divertida. Tanto que esperaba de corazón que la valkiria besada por el fuego diera el visto bueno al hombre, parecía divertido, simpático y sobre todo estaba buenísimo. ¡Solo un ciego no se daría cuenta que había sido tocado por los Dioses al nacer!
Pateaba el agua, y chapoteaba, como forma de desconexión para dar tiempo al veredicto de su hermana. En ese intervalo, vino a su mente lo que dijo el hombre cuando ella se apartó “Tienes un nombre muy bonito, María”, esa frase la hizo sonreír y tener un leve destello de alguien muy rojo que le comento algo similar. Ella nunca le dijo a aquel hombre de su pasado, y posiblemente nunca se lo diría a este Malvavisco del presente, de dónde había provenido ese “Bonito Nombre”; de una tripulación pirata, comandada por un capitán borracho, que, y siendo objetivos, fueron los esclavistas que mejor la trataron, solo golpes y malas palabras, y para alguien de 13 años, y con la memoria en blanco… era la único que conocía y abrazaba como la realidad estándar. Luego, cuando “ÉL” se la llevo… arrancándola del paraíso que le enseño lo que una vida normal significaba… entonces, supo que, aunque siempre intentara vivir y ser optimista por el porvenir, morir le hubiera ahorrado muchas lagrimas no derramadas. María no era su nombre, Kassandra no era su nombre… ella no recordaba como se llamaba, ella posiblemente jamás lo descubriría, tampoco intentaba descubrirlo… no aún.
El chapoteo se detuvo un momento, y su voz se desvaneció. Miro su reflejo en el agua: los ojos ámbar, el largo cabello celeste trenzado, su hermosa cara… era una mujer divina pero cuan rota estaba por dentro, cuando escarbaba en aquellas memorias no tan lejanas, y en un cuerpo que nunca sintió como suyo. Llevo su mano derecha hasta su frente, y la deslizo llevándose el cabello hacia atrás, dejando expuesto su rostro al sol, que por un segundo sería el único testigo de la expresión vacía y marchita de la fémina, diferente a su YO habitual. Negó con la cabeza, apartando pensamientos intrusivos, y recordando que mientras el agua estuviera con ella, todo estaría bien, ahora era diferente, tenia nakamas, personas que la extrañarían, y que la buscarían si llegaba a extraviarse o fuera retenida contra su voluntad ¿cierto?
Sus pies se mojaron, las suaves olas chocaron con sus piernas. El agua le llegaba a la mitad de la pantorrilla. Ahí fue cuando empezó a cantar, a dejar que los grillos en su cabeza tomaron el control y la hicieran solo vivir el momento, sin pensamientos rebuscados que removieran el sedimento de sus recuerdos… recuerdos que evitaba, que solo le traían repulsión y a veces, en las noches más silenciosas, hasta ganas de morir. Pero ese día no, esa playa en compañía de su Unnie y del apuesto hombre de cabellos blanquecinos, estaba resultando ser muy divertida. Tanto que esperaba de corazón que la valkiria besada por el fuego diera el visto bueno al hombre, parecía divertido, simpático y sobre todo estaba buenísimo. ¡Solo un ciego no se daría cuenta que había sido tocado por los Dioses al nacer!
Pateaba el agua, y chapoteaba, como forma de desconexión para dar tiempo al veredicto de su hermana. En ese intervalo, vino a su mente lo que dijo el hombre cuando ella se apartó “Tienes un nombre muy bonito, María”, esa frase la hizo sonreír y tener un leve destello de alguien muy rojo que le comento algo similar. Ella nunca le dijo a aquel hombre de su pasado, y posiblemente nunca se lo diría a este Malvavisco del presente, de dónde había provenido ese “Bonito Nombre”; de una tripulación pirata, comandada por un capitán borracho, que, y siendo objetivos, fueron los esclavistas que mejor la trataron, solo golpes y malas palabras, y para alguien de 13 años, y con la memoria en blanco… era la único que conocía y abrazaba como la realidad estándar. Luego, cuando “ÉL” se la llevo… arrancándola del paraíso que le enseño lo que una vida normal significaba… entonces, supo que, aunque siempre intentara vivir y ser optimista por el porvenir, morir le hubiera ahorrado muchas lagrimas no derramadas. María no era su nombre, Kassandra no era su nombre… ella no recordaba como se llamaba, ella posiblemente jamás lo descubriría, tampoco intentaba descubrirlo… no aún.
El chapoteo se detuvo un momento, y su voz se desvaneció. Miro su reflejo en el agua: los ojos ámbar, el largo cabello celeste trenzado, su hermosa cara… era una mujer divina pero cuan rota estaba por dentro, cuando escarbaba en aquellas memorias no tan lejanas, y en un cuerpo que nunca sintió como suyo. Llevo su mano derecha hasta su frente, y la deslizo llevándose el cabello hacia atrás, dejando expuesto su rostro al sol, que por un segundo sería el único testigo de la expresión vacía y marchita de la fémina, diferente a su YO habitual. Negó con la cabeza, apartando pensamientos intrusivos, y recordando que mientras el agua estuviera con ella, todo estaría bien, ahora era diferente, tenia nakamas, personas que la extrañarían, y que la buscarían si llegaba a extraviarse o fuera retenida contra su voluntad ¿cierto?
¡Oyeee! ¡Maríaaaaa!
La voz la hizo voltear: despreocupada y llena de vida. Trayéndole de nuevo su habitual alegría y sonrisa, y ese brillo travieso en sus ojos ámbar. La chica le sonrió con su especial encanto mientras lo veía sin pudor alguno, se había quitado la camisa dejando al descubierto que no solo su cara estaba tallada por los dioses sino cada centímetro de su perfecto cuerpo. Si ella fuera del tipo de chica que se sonrojaba fácilmente, estaría como un tomate, y quizás con un hilo de sangre escapando de su nariz. La mano del chico la hizo apartar la mirada de su abdomen, e imitar su gesto, dando ella un brinco de felicidad por su nuevo conocido de juegos playeros. Aunque para alguien que le gustaba observar, y cotillar, no paso desapercibido el collar que reposaba en el pálido pecho.
María miro más allá del apuesto hombre, a la mujer de cabello verde que parecía dar su aprobación, porque con su muy buena vista la vio relajarse y aceptar que el desconocido se acercara a ella, aunque fuera por esa tranquila, y casi extinta, tarde de verano. Maki se fue a buscar dónde pasar el rato, eso significaba que podía, dejarse llevar un rato con el Malvavisco, y por dejarse llevar significaba, seguir deleitándose con sus sonrisas, sus hipnóticos ojos, su divertida personalidad, pero, sobre todo, por su ángel natural.
María miro más allá del apuesto hombre, a la mujer de cabello verde que parecía dar su aprobación, porque con su muy buena vista la vio relajarse y aceptar que el desconocido se acercara a ella, aunque fuera por esa tranquila, y casi extinta, tarde de verano. Maki se fue a buscar dónde pasar el rato, eso significaba que podía, dejarse llevar un rato con el Malvavisco, y por dejarse llevar significaba, seguir deleitándose con sus sonrisas, sus hipnóticos ojos, su divertida personalidad, pero, sobre todo, por su ángel natural.
¡No empieces a divertirte sin nosotros, mala!
La distancia había sido rota. Sus vocablos la hicieron sonreír, y sus mejillas infladas a modo de berrinche le recordaron tanto a ella cuando intentaba sonsacar algo a sus nakamas. Ese hombre, que peligroso podría resultar… porque en esencia le recordaba a ella — … será sin ti, Malvavisco porque mi Unnie tiene un mejor plan que chapotear con nosotros — le respondió con su suave pero encantadora voz mientras señalaba hacia Maki — … entonces… ¿nos dejará reproducirnos? — bromeo de nuevo con eso, o quizás no era una broma; ella sabia que la valkiria ya les había dado permiso para cualquier cosa, por eso el hombre estaba cerca, por eso el hombre aun estaba en una pieza.
¡Y tampoco deberías andar hablando de apareamiento con cualquier persona que se cruce en tu camino! Yo soy un caballero para ese tipo de cosas...
La sonrisa de María se mantuvo, mientras asimilaba sus palabras, las que salían de aquellos labios que seguro habían besado a muchas chicas, a un sinfín de ingenuas almas en busca de amor romántico, labios que soltaban frases que hasta ese momento la habían hecho reír. Su pose fue muy… teatral, lo que hizo que ella se riera, hasta pudo jurar que vi salir destellos dorados de sus ojos. Tal vez una exposición tan prolongada a ese espécimen divino, ya la estaba haciendo delirar.
Quizás te equivocaste en algo, de todas formas... ¡Yo también soy un tipo malo!
— ¿Eh? — la semi sirena parpadeo confundida por el cambio de discurso, aunque la diversión siempre estuvo en cada frase. Y fue cuando… las acciones pasaron frente a sus orbes ámbar: él hundiendo las manos al agua, haciendo fuerza y salpicándola. Luego, la risa masculina, al igual que el agua, abrazo cada parte de su cuerpo. Él de verdad había ido a chapotear con ella, y parecía disfrutarlo. Eso la desconcertó, su realidad distaba mucho de la imagen de princesa que podía dar al mundo, pero su ensoñación siempre la llevaba a los días en que se divertida con aquel ser rojizo, cuando era inocente, cuando podía soñar con un futuro brillante.
Ese desconocido, Hasegawa Shin, alias Malvavisco, había hecho algo que hizo temblar su corazón: un fragmento de una escena normal, con un tipo normal, haciendo algo normal, pura y llana felicidad. La celeste disfrutaría y atesoraria ese momento mundano, sin etiquetas o recuerdos tristes, por la eternidad, recordaría ese brillo que envolvía al hermoso hombre, que iba más allá de su apariencia, iba al ángel que lo rodeaba y alzaba por encima de los demás.
Saliendo de su encantamiento, le dedico una sonrisa, posiblemente una de las mas hermosas que tenia la joven, porque venia desde su corazón, sin adornos ni tintas; si él antes había brillado, ahora era ella la que era rodeada por un aura de belleza celestial — ¡Oh, no! Ahora tendré que hacerte pagar por tus actos criminaguas, Señor Malvavisco — dijo con fingida indignación imitándolo para empaparlo también, y comenzar una batalla que claramente, ella ganaría, después de todo, estaban en su elemento.
La joven lo intento, con las manos y los pies, atacarlo, también defenderse cuando él hacia sus arremetidas. La risa de la joven semi sirena, escapaba naturalmente de sus labios, un sonido seductor, por algo su especie era conocida por atraer con su canto a los marineros incrédulos — Alto al agua. Declaro que usted ha ganado, me rindo Señor Malvavisco — dijo luego de un rato, cuando la risa no la dejaba continuar, se estaba entreteniendo mucho y debía admitir, que quizás perdió cuando lo había visto sin camisa, o mucho antes, cuando la uso como escudo apareciendo a los lados para evitar a Maki — Malvavisco… ¿Dónde estuviste toda mi vida? — le pregunto entre risas al tiempo que se sacudía el agua y se quitaba su camisa blanca, dejando al descubierto la parte de arriba de su traje de baño, tal vez ahora, si el hombre no lo había notado antes, podría ver las escamas en sus hombros. María hizo una bola con la camisa y la lanzo hasta la arena — … Y María encesta... haciendo un tiro de 3 puntos, el publico explota de emoción Woooooooooow — comento guiñándole uno de sus orbes a Shin con su característica alegría, que ese día estaba desborda, él estaba sacando lo mejor de ella — … Ven, Malvavisco, deja a tu corazón soñar. Yo te puedo mostrar, cosas maravillosas… — susurro, dejando solo a la orilla como testigo de su invitación mientras extendía su mano derecha hacia él. Esperaba que la sujetara para mostrarle lo que ella denominaba “maravilloso”.
Ese desconocido, Hasegawa Shin, alias Malvavisco, había hecho algo que hizo temblar su corazón: un fragmento de una escena normal, con un tipo normal, haciendo algo normal, pura y llana felicidad. La celeste disfrutaría y atesoraria ese momento mundano, sin etiquetas o recuerdos tristes, por la eternidad, recordaría ese brillo que envolvía al hermoso hombre, que iba más allá de su apariencia, iba al ángel que lo rodeaba y alzaba por encima de los demás.
Saliendo de su encantamiento, le dedico una sonrisa, posiblemente una de las mas hermosas que tenia la joven, porque venia desde su corazón, sin adornos ni tintas; si él antes había brillado, ahora era ella la que era rodeada por un aura de belleza celestial — ¡Oh, no! Ahora tendré que hacerte pagar por tus actos criminaguas, Señor Malvavisco — dijo con fingida indignación imitándolo para empaparlo también, y comenzar una batalla que claramente, ella ganaría, después de todo, estaban en su elemento.
La joven lo intento, con las manos y los pies, atacarlo, también defenderse cuando él hacia sus arremetidas. La risa de la joven semi sirena, escapaba naturalmente de sus labios, un sonido seductor, por algo su especie era conocida por atraer con su canto a los marineros incrédulos — Alto al agua. Declaro que usted ha ganado, me rindo Señor Malvavisco — dijo luego de un rato, cuando la risa no la dejaba continuar, se estaba entreteniendo mucho y debía admitir, que quizás perdió cuando lo había visto sin camisa, o mucho antes, cuando la uso como escudo apareciendo a los lados para evitar a Maki — Malvavisco… ¿Dónde estuviste toda mi vida? — le pregunto entre risas al tiempo que se sacudía el agua y se quitaba su camisa blanca, dejando al descubierto la parte de arriba de su traje de baño, tal vez ahora, si el hombre no lo había notado antes, podría ver las escamas en sus hombros. María hizo una bola con la camisa y la lanzo hasta la arena — … Y María encesta... haciendo un tiro de 3 puntos, el publico explota de emoción Woooooooooow — comento guiñándole uno de sus orbes a Shin con su característica alegría, que ese día estaba desborda, él estaba sacando lo mejor de ella — … Ven, Malvavisco, deja a tu corazón soñar. Yo te puedo mostrar, cosas maravillosas… — susurro, dejando solo a la orilla como testigo de su invitación mientras extendía su mano derecha hacia él. Esperaba que la sujetara para mostrarle lo que ella denominaba “maravilloso”.
Era un salto al vacío.
¿Él lo daría?
Ella antes dudo en hacerlo.
Ahora ella quería saltar.
Las consecuencias vendrían después.
El ahora era maravilloso.
¿Él lo daría?
Ella antes dudo en hacerlo.
Ahora ella quería saltar.
Las consecuencias vendrían después.
El ahora era maravilloso.
Cuando él puso su mano en la de ella, los ojos de María brillaron, y no dudaron. Hizo gala de su fuerza y tiro de él hacia ella, dejándose caer de espaldas sobre el mar, haciendo que él quedara sobre ella, y ambos hundiéndose. Antes que él entrara en pánico, por pensar que la podría estar ahogando, ella le sonrió, y entrelazando los dedos (con la mano que agarro), lo sujeto con fuerza y lo llevo a nadar. Ella era mucho mas ágil en el mar, que, en la tierra, en tres segundos ya estaban muy lejos de la orilla. Maki ni se podía distinguir — … No tengas miedo, Malvavisco, prometo que no te pasara nada, así tenga que darte respiración boca a boca. Ahora toma mucho aire, porque allá abajo lo necesitaras — le advirtió viéndolo directo a sus preciosos ojos azules, mientras los de ella tenían una mezcla de anticipación, entusiasmo y, tal vez, miedo, de que, a él, no le gustaría el pequeño premio.
Cuando él hizo lo propio, ella los hundió, lo trajo al fondo, dónde, por las aguas cristalinas de Karate, se podía tener una buena visión del ecosistema. Peces coloridos, corales llamativos, todo pasando ante los ojos de ese humano y una mestiza. María sabia que no todos podrían resistir bajo el agua, en su mente ella iba contando los segundos, no dejaría que pasaran mas de 30. Y mientras nadaba, mostrándole parte de su mundo, su mano nunca de estar entrelazados. Cuando llegó a 25 segundos, lo saco a la superficie. A diferencia de él, ella no necesitaba respirar en el exterior — … ¡Hermoso! ¿Verdad? Viste el pez de rayas blancas y anaranjadas, y el otro azulado, como tus ojos, y el coral rosado. Cuando nadé hasta aquí lo vi, me encanto. ¡Toda esta área tiene bonita fauna! Y más allá, hay cuevas… quizás las explore luego… — hablo con rapidez, le emocionaba compartir su mundo con alguien, no lo había hecho nunca, ni con sus nakamas. Fantasma siempre estaba planeando cosas, Hyakinthos experimentando cosas, Odeth cocinando cosas, Thrym cartografiando cosas… ninguno nunca había nadado con ella, solo Jensen lo hizo, y eso sello su hermandad, y ahora estaba ahí con ese desconocido que había derribado sus barreras, aunque no era difícil de hacerlo, solo debían ser amables — … regresemos, no quiero que mi Unnie venga a matarte. Respira profundo, Malvavisco — le advirtió, y volvió a hundirlos, esta vez en dirección a la orilla, siempre sin soltar su mano entrelazada. Esta vez su conteo llego a 40 segundos, pero cuando emergieron de nuevo a la superficie ya estaban dónde habían iniciado. Podían pararse perfectamente, y quedar sumergidos hasta las caderas — … Respira Malvavisco… — le dijo soltando al fin su mano y sujetando la cara del hombre con estas — ¿Tengo que darte respiración boca a boca? — tiro de él hacia abajo, después de todo era mas alto, pegando su frente con la suya, con una distancia muy reducida, que hacia que sus respiraciones se mezclasen — ¿O llamo a mi hermana para que lo haga ella? — bromeo alejándose de él, claramente estaba bien.
Era el momento de dejar el agua, y regresar al lado de la peliverde. Cuando María iba saliendo se giró a verlo, con un pensamiento que antes no pudo exteriorizar, cuando él la sermoneo sobre hablar del apareamiento, y ella entendió lo implícito “ten cuidado, hay muchas personas malas, no como yo”. La sonrisa antes se transformo en un estilo Mona Lisa (enigmatica) y sus ojos llenos de brillos quedaron vacíos. La María de hacia segundos había desaparecido — … ¿Qué cosa peor podrían hacerme? — preguntó, quizás él no entendiera el contexto, o que ella estaba respondiendo a su comentario dicho mucho antes. Y era verdad, si ese apuesto hombre supiera, lo que había vivido desde sus 13 años, se daría cuenta que hablar de apareamiento con él, no era nada, en comparación con su retorcido y asqueroso pasado; uno, dónde si un marine como él la hubiera salvado… ella seguro sería una civil más, de un pueblo random como Karate. Y no una pirata.
Sin agregar nada más, se volteo y salió del agua. Recogiendo su camisa en el proceso y dirigiéndose hacia su hermana de otra madre. Sus labios volvieron a tener su encantadora sonrisa, la vio intentando abrir una lata con su daga, estaba a punto de decirle que tuviera cuidado cuando el líquido salió disparado en su dirección empapándola — … Creo que acabas de perder parte de tu bebida, Unnie. Si siguen mojándome, mi sonrisa nunca se borrará de mis labios — a la semi sirena le encantaba el agua, lo líquido, así que le fascino ser recibida así por su hermana — … me tomaré esta — se dejo caer a un lado de su hermana mientras se limpiaba la cerveza de la cara, y luego tomaba una lata. Ella no bebía, pero estaba radiante de felicidad… esa tarde de verano jamás podría olvidarla, entonces ¿por qué no beber?
Cuando él hizo lo propio, ella los hundió, lo trajo al fondo, dónde, por las aguas cristalinas de Karate, se podía tener una buena visión del ecosistema. Peces coloridos, corales llamativos, todo pasando ante los ojos de ese humano y una mestiza. María sabia que no todos podrían resistir bajo el agua, en su mente ella iba contando los segundos, no dejaría que pasaran mas de 30. Y mientras nadaba, mostrándole parte de su mundo, su mano nunca de estar entrelazados. Cuando llegó a 25 segundos, lo saco a la superficie. A diferencia de él, ella no necesitaba respirar en el exterior — … ¡Hermoso! ¿Verdad? Viste el pez de rayas blancas y anaranjadas, y el otro azulado, como tus ojos, y el coral rosado. Cuando nadé hasta aquí lo vi, me encanto. ¡Toda esta área tiene bonita fauna! Y más allá, hay cuevas… quizás las explore luego… — hablo con rapidez, le emocionaba compartir su mundo con alguien, no lo había hecho nunca, ni con sus nakamas. Fantasma siempre estaba planeando cosas, Hyakinthos experimentando cosas, Odeth cocinando cosas, Thrym cartografiando cosas… ninguno nunca había nadado con ella, solo Jensen lo hizo, y eso sello su hermandad, y ahora estaba ahí con ese desconocido que había derribado sus barreras, aunque no era difícil de hacerlo, solo debían ser amables — … regresemos, no quiero que mi Unnie venga a matarte. Respira profundo, Malvavisco — le advirtió, y volvió a hundirlos, esta vez en dirección a la orilla, siempre sin soltar su mano entrelazada. Esta vez su conteo llego a 40 segundos, pero cuando emergieron de nuevo a la superficie ya estaban dónde habían iniciado. Podían pararse perfectamente, y quedar sumergidos hasta las caderas — … Respira Malvavisco… — le dijo soltando al fin su mano y sujetando la cara del hombre con estas — ¿Tengo que darte respiración boca a boca? — tiro de él hacia abajo, después de todo era mas alto, pegando su frente con la suya, con una distancia muy reducida, que hacia que sus respiraciones se mezclasen — ¿O llamo a mi hermana para que lo haga ella? — bromeo alejándose de él, claramente estaba bien.
Era el momento de dejar el agua, y regresar al lado de la peliverde. Cuando María iba saliendo se giró a verlo, con un pensamiento que antes no pudo exteriorizar, cuando él la sermoneo sobre hablar del apareamiento, y ella entendió lo implícito “ten cuidado, hay muchas personas malas, no como yo”. La sonrisa antes se transformo en un estilo Mona Lisa (enigmatica) y sus ojos llenos de brillos quedaron vacíos. La María de hacia segundos había desaparecido — … ¿Qué cosa peor podrían hacerme? — preguntó, quizás él no entendiera el contexto, o que ella estaba respondiendo a su comentario dicho mucho antes. Y era verdad, si ese apuesto hombre supiera, lo que había vivido desde sus 13 años, se daría cuenta que hablar de apareamiento con él, no era nada, en comparación con su retorcido y asqueroso pasado; uno, dónde si un marine como él la hubiera salvado… ella seguro sería una civil más, de un pueblo random como Karate. Y no una pirata.
Sin agregar nada más, se volteo y salió del agua. Recogiendo su camisa en el proceso y dirigiéndose hacia su hermana de otra madre. Sus labios volvieron a tener su encantadora sonrisa, la vio intentando abrir una lata con su daga, estaba a punto de decirle que tuviera cuidado cuando el líquido salió disparado en su dirección empapándola — … Creo que acabas de perder parte de tu bebida, Unnie. Si siguen mojándome, mi sonrisa nunca se borrará de mis labios — a la semi sirena le encantaba el agua, lo líquido, así que le fascino ser recibida así por su hermana — … me tomaré esta — se dejo caer a un lado de su hermana mientras se limpiaba la cerveza de la cara, y luego tomaba una lata. Ella no bebía, pero estaba radiante de felicidad… esa tarde de verano jamás podría olvidarla, entonces ¿por qué no beber?
Karma Fanático: Hyakinthos.
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