08-02-2026, 02:43 PM
(Última modificación: 08-02-2026, 06:18 PM por Bai Mudan.
Razón: Edición por un problema con los hides
)
El campamento seguía oliendo a sudor y testosterona barata —una fragancia que no figuraba en ningún catálogo de perfumes, pero que parecía ser el uniforme oficial de la banda– cuando Enji, tras mucho batallar, consiguió por fin encender su cigarrillo. Y con ello, permitiendo que, todo lo que había pasado, se perdiera en el aire junto a la primera bocanada de humo.
Era un triunfo pequeño, insignificante para el universo, pero única y exclusivamente suyo.
Así que cargando con esa diminuta victoria —y con muy poca ropa, para ser sinceros—, Enji avanzó hacia la Zona de Transición.
Una vez ahí, mientras se acercaba al centro, descubrió que el volcán había decidido responder a la pelea de los gigantes con una vibración tan suave como un suspiro imaginario; una exhalación inaudible que provocó que la roca bajo los pies, apenas perceptible, latiera con la fuerza del corazón de un animal herido.
En respuesta, la polvoreda que había en el suelo también vibró.
Era como si el volcán estuviera escuchando, procesando la estupidez de los intrusos en su superficie y preparándose para una expulsión inmediata.
Era eso o que alguien estaba jugando con maquinaria pesada. Y por «jugar», entiéndase ese optimismo suicida consistente en intentar operar un mecanismo que no has diseñado, que no comprendes y para lo cual tu única cualificación profesional es la de saber pulsar botones al azar con la esperanza de que nada explote de inmediato.
La duda quedaría flotando en el aire junto al humo de su cigarrillo. Al menos hasta que recordara que el volcán dormía o, en su defecto, aceptara que justo ese día, en este rincón del mundo y a esa hora, la improvabilidad de discernir entre entre un fenómeno tectónico y una excavación no autorizada era prácticamente imposible.
Por fortuna, aquel tablón se erguía allí como un monumento a la distracción que Enji necesitaba, ofreciéndole la oportunidad de centrar su mente en asuntos triviales en lugar de intentar comprender qué clase de desastre —mecánico o geológico— estaba ocurriendo bajo sus pies.
Era un triunfo pequeño, insignificante para el universo, pero única y exclusivamente suyo.
Así que cargando con esa diminuta victoria —y con muy poca ropa, para ser sinceros—, Enji avanzó hacia la Zona de Transición.
Una vez ahí, mientras se acercaba al centro, descubrió que el volcán había decidido responder a la pelea de los gigantes con una vibración tan suave como un suspiro imaginario; una exhalación inaudible que provocó que la roca bajo los pies, apenas perceptible, latiera con la fuerza del corazón de un animal herido.
En respuesta, la polvoreda que había en el suelo también vibró.
Era como si el volcán estuviera escuchando, procesando la estupidez de los intrusos en su superficie y preparándose para una expulsión inmediata.
Era eso o que alguien estaba jugando con maquinaria pesada. Y por «jugar», entiéndase ese optimismo suicida consistente en intentar operar un mecanismo que no has diseñado, que no comprendes y para lo cual tu única cualificación profesional es la de saber pulsar botones al azar con la esperanza de que nada explote de inmediato.
La duda quedaría flotando en el aire junto al humo de su cigarrillo. Al menos hasta que recordara que el volcán dormía o, en su defecto, aceptara que justo ese día, en este rincón del mundo y a esa hora, la improvabilidad de discernir entre entre un fenómeno tectónico y una excavación no autorizada era prácticamente imposible.
Por fortuna, aquel tablón se erguía allí como un monumento a la distracción que Enji necesitaba, ofreciéndole la oportunidad de centrar su mente en asuntos triviales en lugar de intentar comprender qué clase de desastre —mecánico o geológico— estaba ocurriendo bajo sus pies.
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Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
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Nv.23 — Silogista
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