08-02-2026, 03:51 PM
(Última modificación: 08-02-2026, 06:24 PM por Miyori Hoshino.)
Verano 3, año 16. Puerto de Baquella.
El clima de Baterilla durante el verano me reconfortaba por las noches, se volvía más fresco y grato al tacto, pues la marea traía consigo una brisa costera capaz de aliviar los infernales calores del día. Mi apariencia era la de siempre, vestido blanco de escote sin mangas, unas botas en color café, sin embargo hoy no traía conmigo ni mi violín ni mi sombrero.
Caminaba sobre la madera del muelle que guiaban a la zona mercantil del pueblo. En mis manos sostenía una canasta cerrada que en su interior guardaba únicamente frutas, como bananas, manzanas y piña cortada. Mientras avanzaba tarareaba una leve canción solo para mi, concentrada en el camino y desviando la mirada cada que podía hacia el cielo nocturno, parecía ser una hermosa noche. Pero, me encontraba ajena a mi alrededor, a los gritos de los marineros y de los mercantes, a las risas y conversación de los habitantes, incluso era ajena a los navíos que atracaban en los puertos y sostenían fiestas clandestinas en su interior. Nada de eso importaba cuando lo único que deseaba era escaparme un segundo de mis obligaciones para tocar música, pero, lamentablemente hoy no podría hacerlo.
Me parece que hoy había más personas de lo usual en el mercado, caminaba entre personas que no conocía, y otras personas conforme iba avanzando me saludaban con sonrisas cargadas de amabilidad, y yo devolvía el gesto. Las antorchas iluminaban mi sendero pero sentía que en cualquier momento el viento las apagaría, no parece que fuera a llover pero el oleaje del mar estaba más inquieto que otras noches.
En el camino, un poco más adelante de mi posición, me percaté de un hombre que vomitaba de forma excesiva, parecía tambalearse cada que intentaba ponerse en pie. Detuve mi andar, y aunque las personas a su alrededor evitaban estar cerca de él por temor a ensuciarse o involucrarse, algo me hizo querer ayudarle.
—Oye..—Dije susurrante pero en el momento que iba a dar un paso al frente, fui empujada por un grupo de hombres que no tenían cuidado alguno con las demás personas en su camino, ellos gritaban de felicidad y se jactaban de ser ricos, y como si fuera inevitable, caí de rodilla hacia un lado, sin caer al agua, pero parte de la fruta que traía conmigo si cayó directo al mar. — Vaya, es una lástima…— Dije mientras miraba como la fruta se iba flotando, solo me quedaron unas cuantas bananas y manzanas que dispuse rápido a meter de nuevo en la canasta, no sin antes ver hacia el frente en busca de aquel joven que hace poco estaba vomitando, pero, lo perdí de vista.
Minutos después me reincorporé en mi camino, ya no tarareaba, solamente caminaba en silencio pensando en lo que había ocurrido hace poco. Me encontré con una cara conocida, un señor mercante amigo de mi padre, el señor Fujiwara, caminaba distraído viendo el suelo con una expresión de asustado. —Buenas noches, ¿Se encuentra bien, señor Fujiwara? — Pregunté, en lo que rápidamente el señor levantó su mirada, y como un desahogó, se me acercó ansioso.
— ¡Miyori querida!, ¡ten cuidado, parece que hay vándalos por el mercado!. — Expresó alarmante hacia mi, a lo que yo solo parpadeé.
— ¿Vándalos? — Repliqué con una ceja alzada, y él solo asintió rápido como si intentase asegurarme su respuesta. — Gracias, tendré cuidado, solo voy a dejarle esto a mi hermano Takeshi. — Expresé con una sonrisa, levantando la canasta en señal de prueba.
— Bien querida, nos vemos después, saludos a tu padre.
El puesto de mariscos de mi familia no estaba lejos, pero me quedé con la duda, ¿A que se refería con vándalos?, ¿habían robado en el mercado?, seguramente mi hermano me pondría al tanto de lo sucedido. Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando más adelante vi que aquel hombre que antes había vomitado,aparecía de nuevo en mi camino, lanzando con cólera un encendedor frente al establecimiento de mi familia. No le miraba la cara, solo su espalda. Mi hermano miró al sujeto hacer su rabieta y de forma calmada le dijo. — ¿Necesitas ayuda, amigo?.
— Ah, Miyori, finalmente llegas… me muero de hambre. — Dijo mi hermano en forma de bienvenida, a lo que yo simplemente caminé directo al local, pasando a un lado del hombre de pelo negro.
— En el camino unos sujetos me tiraron, así que parte de la fruta se cayó, lo siento. — Le anticipé sin verle a los ojos, dejando la canasta en la encimera de madera. Intentaba buscar algo rápido.
— ¿En serio?, ¿Sabes quiénes eran?, les partiré la cara.
— Nah, eso no es importante. — Expresé sin verle aún, hasta que encontré el encendedor de mi hermano. — Te lo robo.
— Oe, Oe. — Me expresó en regañó, sabiendo muy bien lo que haría con él, pero fue inevitable detenerme.
Me acerqué al chico, ahora teniendo la oportunidad de finalmente verle a la cara. Era demasiado alto, tanto que tenía que elevar un poco mi cabeza para poder verle a los ojos, y aún asi, él podría fácilmente usar mi cabeza para descansar su mentón. Su pelo negro estaba enmarañado, despeinado y totalmente alborotado, tenia una barba tupida de días, y su aspecto parecia sucio, como si hubiese pasado todo el dia trabajando. Me recordaba a mi padre y a mis hermanos después de un día completo en alta mar, pescando. Extendí mi mano hacía él, con el encendedor que le había robado a mi hermano, el cuál se preocupó más por devorarse la fruta. No entiendo porque las personas lo miraban con desagrado, incluso parecia ser alguien muy atractivo.
— ¿Te encuentras bien?... — Pregunté con una sonrisa gentil, viéndole directamente a sus ojos carmesí. — Te ví hace unos minutos vomitando, ¿necesitas algo?, ¿quieres tomar algo de aire fresco?, te puede sentar bien.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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