08-02-2026, 04:02 PM
(Última modificación: 18-02-2026, 03:45 AM por Sanemi Toge.)
Encontrarse con uno de los 2 bandos era la apuesta de Sanemi para poder desarrollar su labor del día. El aire comenzaba a tener ese giro tan particular que se da cuando las cosas se comienzan a mover o está a punto de suceder algo que puede marcar la pauta de inicio. Es particular como, hasta la misma naturaleza, se presta para este tipo de cosas, aunque eso es más una percepción psicológica a algo que realmente suceda. Esto le agregaba una inherente emoción sea cual sea el motivo que dispare esa impresión.
Sanemi comenzó a mover su nariz de forma inconsciente al percibir en la atmósfera algo que no era humedad o le rocío de las plantas. Trató de distinguir rápidamente de donde provenía ese tufo de sudor y poca higiene. Venía desde su espalda y, conforme pasaban los segundos, se iba haciendo más fuerte y pronunciado hasta el punto de indicar que era un grupo moderadamente grande, sin la posibilidad de poder contabilizar a todos por el simple hedor que despiden.
El peliblanco dibujó una sonrisa y casi de satisfacción al entender que sus acciones tuvieron la consecuencia que esperó, la llegada de una de las bandas hasta su punto. No pasó casi nada para que uno de ellos se refiera a él como un vagabundo mientras que uno de sus compañeros le insultara, no por la palabra viejo sino al referirse a él como un tonto -Oe… “mocosos” de mierda -Inició de forma sarcástica con su voz tosca con esa tonada con algo de locura. Sus ojos se movían de un lado la otro, mientras escuchaba, pero sobre todo olía como trataban de cerrarle el paso en caso decidiera escapar -Me pides que me vaya, pero ¿me bloqueas las posibles salidas? Eso no está bien… -Terminó.
Súbitamente se inclinó ligeramente hacia adelante, cuestión de nada en segundos y su cuerpo salió disparado contra quien lo llamó tonto y estaba rodeado por 5 personas más. Su lógica fue simple, de atacar al primero de ellos el grupo podría pensar siquiera en tratar de defenderse. Acortó la distancia en poco tiempo y, con uno de sus movimientos más usados, pegó un salto hacia adelante, lo que hizo que su cuerpo saliera en diagonal al fortachón y pudiera agarrar con su mano el rostro para luego con la inercia de su propio peso y movimiento llevara su cráneo contra el suelo.
-Muy lentos -Masticó. Las otras 5 personas intentaron atacarlo, pero entre la impresión del momento y su lentitud otorgaron el espacio perfecto para que el peliblanco pudiera propinar golpes a todos en distintos lados: mandíbula, hígado, costillas, cien y mentón. Todos y cada uno de los golpes con intención de simplemente dejarlos moribundo, a excepción de primero, ese fue el ejemplo.
Con el dedo anula de la mano derecha señaló a quien le dijo vagabundo -Tú transmitirás mi mensaje, quiero hablar con tu líder -Tras decir esto los demás salieron del trance de la impresión y comenzaron a arremolinarse con la única intención de atacar a nuestro protagonista, a excepción del primero que estaba pasmado. Y, de esa forma comenzó un intercambio brutal de golpes donde Sanemi estaba siendo claro ganador, no sin antes llevarse algunos cortes superficiales que rasgaron su ropa y dejaban una línea discontinua de sangre. La neblina se iba disipando de todo y mostró el cuadro de una única persona de pie. El joven vicecapitán de Rakshasa.
Sanemi comenzó a mover su nariz de forma inconsciente al percibir en la atmósfera algo que no era humedad o le rocío de las plantas. Trató de distinguir rápidamente de donde provenía ese tufo de sudor y poca higiene. Venía desde su espalda y, conforme pasaban los segundos, se iba haciendo más fuerte y pronunciado hasta el punto de indicar que era un grupo moderadamente grande, sin la posibilidad de poder contabilizar a todos por el simple hedor que despiden.
El peliblanco dibujó una sonrisa y casi de satisfacción al entender que sus acciones tuvieron la consecuencia que esperó, la llegada de una de las bandas hasta su punto. No pasó casi nada para que uno de ellos se refiera a él como un vagabundo mientras que uno de sus compañeros le insultara, no por la palabra viejo sino al referirse a él como un tonto -Oe… “mocosos” de mierda -Inició de forma sarcástica con su voz tosca con esa tonada con algo de locura. Sus ojos se movían de un lado la otro, mientras escuchaba, pero sobre todo olía como trataban de cerrarle el paso en caso decidiera escapar -Me pides que me vaya, pero ¿me bloqueas las posibles salidas? Eso no está bien… -Terminó.
Súbitamente se inclinó ligeramente hacia adelante, cuestión de nada en segundos y su cuerpo salió disparado contra quien lo llamó tonto y estaba rodeado por 5 personas más. Su lógica fue simple, de atacar al primero de ellos el grupo podría pensar siquiera en tratar de defenderse. Acortó la distancia en poco tiempo y, con uno de sus movimientos más usados, pegó un salto hacia adelante, lo que hizo que su cuerpo saliera en diagonal al fortachón y pudiera agarrar con su mano el rostro para luego con la inercia de su propio peso y movimiento llevara su cráneo contra el suelo.
-Muy lentos -Masticó. Las otras 5 personas intentaron atacarlo, pero entre la impresión del momento y su lentitud otorgaron el espacio perfecto para que el peliblanco pudiera propinar golpes a todos en distintos lados: mandíbula, hígado, costillas, cien y mentón. Todos y cada uno de los golpes con intención de simplemente dejarlos moribundo, a excepción de primero, ese fue el ejemplo.
Con el dedo anula de la mano derecha señaló a quien le dijo vagabundo -Tú transmitirás mi mensaje, quiero hablar con tu líder -Tras decir esto los demás salieron del trance de la impresión y comenzaron a arremolinarse con la única intención de atacar a nuestro protagonista, a excepción del primero que estaba pasmado. Y, de esa forma comenzó un intercambio brutal de golpes donde Sanemi estaba siendo claro ganador, no sin antes llevarse algunos cortes superficiales que rasgaron su ropa y dejaban una línea discontinua de sangre. La neblina se iba disipando de todo y mostró el cuadro de una única persona de pie. El joven vicecapitán de Rakshasa.
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