08-02-2026, 07:01 PM
Nunca antes había permitido que nadie tocara su cicatriz hasta que él apareció pero, desde luego, no esperó nunca ser él quien buscara el tacto en aquella marca que tenía y a la que se había acostumbrado. No es que le doliera, pero la forma en que lo estaba tocando era mágico, tan único como lo especial que estaba siendo ese momento. Los dedos ascendían en la velocidad, podía ver que lo disfrutaba, incluso si lo hacía distinto a lo usual. Y esa mirada...
Las palabras que lo acompañaban, la cercanía. ¿Era siquiera posible unirse más de lo que ya estaban? Ahora solo deseaba ser uno con Tezca, no podía verlo de otra forma. Ese tenía que ser un momento especial, ahora que todo estaba cambiando, lo sabía, quizás incluso el contrario lo sabía también. Elevó la mirada hacia sus palabras, buscando de nuevo su mirada. No podía dejar de besarlo, estaba volviéndose adicto, solo quería devorarlo como nunca lo había hecho hasta entonces.
Sentía que todo era nuevo, sentía que se llenaba de solo él, incluso todo el estrés, el temor, todo lo que le había afectado hasta entonces se iba desvaneciendo solo con la mera presencia del contrario, su tacto. Sus ojos se apretaron al sentir los labios sobre su cuello. El sonido de los gemidos del contrario no hacía más que alimentar más su deseo, los mordiscos, las marcas que tanto adoraba cuando solo venían de él. Desde luego, ahora esa relación había cambiado. No sabía si para bien o para mal, pero no permitiría que nadie le pusiera un solo dedo encima a ese hombre. Sus muslos temblaban, su miembro posiblemente estaba al borde de estallar, tan duro que casi alcanzaba su propia pelvis.
Esta vez haría algo distinto, algo que rara vez hacía. De hecho ni siquiera recordaba habérselo hecho a nadie más. Con su gran ego, nunca había decidido alcanzar esa zona, siempre había sido la parte receptora. Sus labios fueron descendiendo, marcando un camino de besos desde sus labios hasta su cuello, desde su cuello hasta su pecho y, desde su pecho, hasta su pelvis. Con su mano libre, tomó uno de los muslos del rubio, abriendo sus piernas un poco más, observando la erección del contrario, buscando la expresión del contrario con su mirada. ¿Siquiera sospecharía lo que se venía? No importaba, hoy le importaba hacerle sentir mejor que nunca, solo por ser Tezca, solo porque él era especial y único.
Abrió sus labios, dejando salir su lengua. Sus ojos se enfocaron nuevamente en la erección y, por supuesto, sus dedos seguían el movimiento insistente en su entrada. Trataba de buscarlo, aquel punto que sabía que existía. La lengua paseó por toda la extensión de la erección, sin perder detalle de la expresión que pudiera tomar el contrario. El foco era claro, la felación. Lo haría eyacular primero antes de siquiera entrar, lo haría disfrutar una segunda vez en la penetración... Lo haría las veces que fueran necesarias solo para satisfacerlo como nunca lo había satisfecho nadie antes. Abrió sus labios, preguntándose si siquiera sería capaz de tragárselo al completo. ¿Cómo siquiera podían hacerlo con el suyo propio? Dio el máximo esfuerzo, sin perder detalle en la mirada del contrario. A su vez, introducía un tercer dedo, buscando aquel... Debería estar por esa zona, por... allí. Sí, pudo dar con él y, en el momento de hacerlo, sus ojos se enfocaron más a él, cargado de concentración, elevando sus dedos, simulando un gancho. Mierda, lo excitaba tanto verlo, le dolía el pene solo con pensar en penetrarlo.
Esa maldita mirada... Esa hermosa sonrisa...
Las palabras que lo acompañaban, la cercanía. ¿Era siquiera posible unirse más de lo que ya estaban? Ahora solo deseaba ser uno con Tezca, no podía verlo de otra forma. Ese tenía que ser un momento especial, ahora que todo estaba cambiando, lo sabía, quizás incluso el contrario lo sabía también. Elevó la mirada hacia sus palabras, buscando de nuevo su mirada. No podía dejar de besarlo, estaba volviéndose adicto, solo quería devorarlo como nunca lo había hecho hasta entonces.
—No importa... hoy quiero que sea especial.
Sentía que todo era nuevo, sentía que se llenaba de solo él, incluso todo el estrés, el temor, todo lo que le había afectado hasta entonces se iba desvaneciendo solo con la mera presencia del contrario, su tacto. Sus ojos se apretaron al sentir los labios sobre su cuello. El sonido de los gemidos del contrario no hacía más que alimentar más su deseo, los mordiscos, las marcas que tanto adoraba cuando solo venían de él. Desde luego, ahora esa relación había cambiado. No sabía si para bien o para mal, pero no permitiría que nadie le pusiera un solo dedo encima a ese hombre. Sus muslos temblaban, su miembro posiblemente estaba al borde de estallar, tan duro que casi alcanzaba su propia pelvis.
Esta vez haría algo distinto, algo que rara vez hacía. De hecho ni siquiera recordaba habérselo hecho a nadie más. Con su gran ego, nunca había decidido alcanzar esa zona, siempre había sido la parte receptora. Sus labios fueron descendiendo, marcando un camino de besos desde sus labios hasta su cuello, desde su cuello hasta su pecho y, desde su pecho, hasta su pelvis. Con su mano libre, tomó uno de los muslos del rubio, abriendo sus piernas un poco más, observando la erección del contrario, buscando la expresión del contrario con su mirada. ¿Siquiera sospecharía lo que se venía? No importaba, hoy le importaba hacerle sentir mejor que nunca, solo por ser Tezca, solo porque él era especial y único.
Abrió sus labios, dejando salir su lengua. Sus ojos se enfocaron nuevamente en la erección y, por supuesto, sus dedos seguían el movimiento insistente en su entrada. Trataba de buscarlo, aquel punto que sabía que existía. La lengua paseó por toda la extensión de la erección, sin perder detalle de la expresión que pudiera tomar el contrario. El foco era claro, la felación. Lo haría eyacular primero antes de siquiera entrar, lo haría disfrutar una segunda vez en la penetración... Lo haría las veces que fueran necesarias solo para satisfacerlo como nunca lo había satisfecho nadie antes. Abrió sus labios, preguntándose si siquiera sería capaz de tragárselo al completo. ¿Cómo siquiera podían hacerlo con el suyo propio? Dio el máximo esfuerzo, sin perder detalle en la mirada del contrario. A su vez, introducía un tercer dedo, buscando aquel... Debería estar por esa zona, por... allí. Sí, pudo dar con él y, en el momento de hacerlo, sus ojos se enfocaron más a él, cargado de concentración, elevando sus dedos, simulando un gancho. Mierda, lo excitaba tanto verlo, le dolía el pene solo con pensar en penetrarlo.

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