09-02-2026, 02:39 AM
Empecemos entonces. ¡¡¡Prepárate, amigo!!! ¡¡¡Pienso ir con todo!!!
Las palabras de Karl resonaron por la llanura. Mi haki de observación fue reducido a 30 metros pero enfocado a poder seguir los movimientos de mi hermana de armas. Mis brazos se cruzaron frente a mi pecho en una guardia defensiva mientras el haki de armamento explotaba desde mi centro como tinta negra derramándose bajo el agua. El negro metálico cubrió mis antebrazos primero, luego se expandió por todo mi torso, y cabeza preparándome para recibir lo que indudablemente sería el primer ataque de Karl. El resplandor azul que emanó de Karl iluminó toda la llanura, su transformación era un espectáculo que había visto docenas de veces pero que nunca dejaba de impresionarme. En el siguiente instante le perdí por completo de mi vista – aunque el haki de observación que mantenía activo me advirtió primero de lo inevitable – para sentir el pleno de su ataque chocando contra mis brazos cruzados contra mi pecho. La velocidad que alcanzaba Karl al vuelo era brutal, absoluta. El sonido del choque resonó por toda la llanura como un trueno seco haciendo eco en el aire. Pero no me moví. Ni un centímetro hacia atrás. Ni un milímetro cedido. Mis brazos cruzados absorbieron el golpe completo, el haki de armamento haciendo gran parte del trabajo. Después de años enfrentando a Karl, después de incontables entrenamientos donde me había enseñado exactamente este tipo de lección, mi cuerpo sabía cómo resistir.
Karl aterrizó frente a mí aún transformada en ese pájaro azul tan bello como mortífero. Estábamos prácticamente cuerpo a cuerpo, podía ver cada detalle de su transformación, el haki negro aún pulsando en su cabeza y alas. Una sonrisa se dibujaba en su rostro aviario, ese desafío claro y directo que conocía tan bien. Enséñame tu poder, Fuguwu, decían sus ojos naranjas brillantes para luego, esas mismas palabras ser expresadas por la boca (o el pico en realidad) de la vicealmirante. A modo de respuesta mis manos se cerraron con fuerza dentro de los guantes de combate y sin retroceder ni un paso, sin darle ni un segundo de ventaja, lancé ambos puños simultáneamente hacia el pecho de Karl. Ambos brazos se movieron al unísono en un ataque coordinado que había practicado hacia no muchos días atrás contra Viktor durante nuestro entrenamiento. El haki de armamento en mis guantes brilló negro mientras los puños conectaban contra el pecho masivo de Karl quien media tres metros de altura transformada en ese pájaro azul. El impacto fue doble, simultáneo, perfectamente sincronizado. Izquierda y derecha golpeando con toda la fuerza que mi cuerpo de gyojin podía generar, amplificada por el haki, canalizada a través del vapor de agua. El impacto mando a volar a Karl 31 metros hacia atrás de vuelta por donde había venido. Al caer al suelo Karl me dirigí a ella – “Te demostrare mi poder, Karl” –con voz cargada de esa camaradería que años juntos habían forjado. Una pequeña sonrisa tocó mis labios, mostrando mis dientes afilados – “No pienso decepcionar a mi maestra.” – sentencie, y así sería. Mientras se levantaba del suelo salí disparado como flecha hacia Karl, recorriendo 30 de los 31 metros que nos separaban, con el propósito de acortar la distancia y mantener el combate cuerpo a cuerpo quedando frente a ella mientras se ponía de pie listo para seguir con el combate.
Las palabras de Karl resonaron por la llanura. Mi haki de observación fue reducido a 30 metros pero enfocado a poder seguir los movimientos de mi hermana de armas. Mis brazos se cruzaron frente a mi pecho en una guardia defensiva mientras el haki de armamento explotaba desde mi centro como tinta negra derramándose bajo el agua. El negro metálico cubrió mis antebrazos primero, luego se expandió por todo mi torso, y cabeza preparándome para recibir lo que indudablemente sería el primer ataque de Karl. El resplandor azul que emanó de Karl iluminó toda la llanura, su transformación era un espectáculo que había visto docenas de veces pero que nunca dejaba de impresionarme. En el siguiente instante le perdí por completo de mi vista – aunque el haki de observación que mantenía activo me advirtió primero de lo inevitable – para sentir el pleno de su ataque chocando contra mis brazos cruzados contra mi pecho. La velocidad que alcanzaba Karl al vuelo era brutal, absoluta. El sonido del choque resonó por toda la llanura como un trueno seco haciendo eco en el aire. Pero no me moví. Ni un centímetro hacia atrás. Ni un milímetro cedido. Mis brazos cruzados absorbieron el golpe completo, el haki de armamento haciendo gran parte del trabajo. Después de años enfrentando a Karl, después de incontables entrenamientos donde me había enseñado exactamente este tipo de lección, mi cuerpo sabía cómo resistir.
Karl aterrizó frente a mí aún transformada en ese pájaro azul tan bello como mortífero. Estábamos prácticamente cuerpo a cuerpo, podía ver cada detalle de su transformación, el haki negro aún pulsando en su cabeza y alas. Una sonrisa se dibujaba en su rostro aviario, ese desafío claro y directo que conocía tan bien. Enséñame tu poder, Fuguwu, decían sus ojos naranjas brillantes para luego, esas mismas palabras ser expresadas por la boca (o el pico en realidad) de la vicealmirante. A modo de respuesta mis manos se cerraron con fuerza dentro de los guantes de combate y sin retroceder ni un paso, sin darle ni un segundo de ventaja, lancé ambos puños simultáneamente hacia el pecho de Karl. Ambos brazos se movieron al unísono en un ataque coordinado que había practicado hacia no muchos días atrás contra Viktor durante nuestro entrenamiento. El haki de armamento en mis guantes brilló negro mientras los puños conectaban contra el pecho masivo de Karl quien media tres metros de altura transformada en ese pájaro azul. El impacto fue doble, simultáneo, perfectamente sincronizado. Izquierda y derecha golpeando con toda la fuerza que mi cuerpo de gyojin podía generar, amplificada por el haki, canalizada a través del vapor de agua. El impacto mando a volar a Karl 31 metros hacia atrás de vuelta por donde había venido. Al caer al suelo Karl me dirigí a ella – “Te demostrare mi poder, Karl” –con voz cargada de esa camaradería que años juntos habían forjado. Una pequeña sonrisa tocó mis labios, mostrando mis dientes afilados – “No pienso decepcionar a mi maestra.” – sentencie, y así sería. Mientras se levantaba del suelo salí disparado como flecha hacia Karl, recorriendo 30 de los 31 metros que nos separaban, con el propósito de acortar la distancia y mantener el combate cuerpo a cuerpo quedando frente a ella mientras se ponía de pie listo para seguir con el combate.
Resumen
Belico
Gastos

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