09-02-2026, 06:41 PM
Gran error fue el mío al pensarme que por tratarse de un entrenamiento podría bajar la guardia. Mientras las palabras salían de mi boca, Kiyoshi no perdía el ritmo. Levantó su rifle, no hacía mi, sino hacia la zona en la que nuestros compañeros aún continuaban con su enfrentamiento. Cuando quise ser consciente de lo que ocurría, solo pude ver de nuevo un resplandor allí donde antes se alzaba nuestro capitán. No puedo fallarle. Debo demostrarle que yo también puedo ser útil en batalla. Cargué mi rifle. Apunté hacia mis propios compañeros. ¿Qué debía hacer?
Estaba convencido a convertirme en un gran apoyo para mis compañeros y para ello debía fijarme en cómo sacaban provecho los demás en combate. MI estilo y el de Eros no tenían mucho en común, pero sabía que acabaría encontrando la manera de que juntos, nuestras habilidades se viesen potenciadas. A Uker no lo había visto luchar lo suficiente como para poder trazar ninguna estrategia con él ni para saber cómo saca partido a sus puntos fuertes. Kiyoshi sin embargo, era más conocido para mi, y el hecho de que ambos luchásemos combinando nuestras habilidades de akuma no mi con nuestros rifles me hacía creer que, sin duda, era él a quién más debía prestar atención. Pero, ¿cómo podía estar a su altura?
Las veces que había visto a Kiyoshi combatir, siempre parecía tener un plan preparado. Su mente parecía ir a otra velocidad; siempre con un objetivo fijado; derrotar al enemigo. Yo había podido ver cómo mis disparos no estaban causando apenas ningún daño a mis compañeros. ¿Tal vez debería centrarme en Uker? El parecía ya maltrecho, y podría ser fácil dejarlo fuera de combate. Sin embargo, no quería que alguno de mis ataques causara ningún daño de gravedad a mis compañeros. Quizá mi mejor opción era llamar la atención del médico de la tripulación. De este modo, Eros podría derrotar a Uker y así tendríamos un combate en superioridad contra el hueso duro de roer que era Kiyoshi. Estaba decidido.
Dejé fluir de nuevo la electricidad por mi cuerpo. La nieve había conseguido que mis piernas pareciesen aletargadas cuando corría, pero ahora no podía bajar el ritmo. Debía ser el más rápido. Corrí buscando la espalda de Kiyoshi. Apunté tan pronto como estuve situado a unos 6 metros de él, llevando la electricidad producida por mi pelaje hasta mis brazos, por el arma y finalmente hasta la bala. Disparé. Mi objetivo era una de las piernas de Kiyoshi. El pistolero también se habría visto limitado en su movimiento por la nieve. Si conseguía entorpecerlo aún más, quedaría a nuestro merced.
—¡Vamos, Eros! Es hora de vencer
Estaba convencido a convertirme en un gran apoyo para mis compañeros y para ello debía fijarme en cómo sacaban provecho los demás en combate. MI estilo y el de Eros no tenían mucho en común, pero sabía que acabaría encontrando la manera de que juntos, nuestras habilidades se viesen potenciadas. A Uker no lo había visto luchar lo suficiente como para poder trazar ninguna estrategia con él ni para saber cómo saca partido a sus puntos fuertes. Kiyoshi sin embargo, era más conocido para mi, y el hecho de que ambos luchásemos combinando nuestras habilidades de akuma no mi con nuestros rifles me hacía creer que, sin duda, era él a quién más debía prestar atención. Pero, ¿cómo podía estar a su altura?
Las veces que había visto a Kiyoshi combatir, siempre parecía tener un plan preparado. Su mente parecía ir a otra velocidad; siempre con un objetivo fijado; derrotar al enemigo. Yo había podido ver cómo mis disparos no estaban causando apenas ningún daño a mis compañeros. ¿Tal vez debería centrarme en Uker? El parecía ya maltrecho, y podría ser fácil dejarlo fuera de combate. Sin embargo, no quería que alguno de mis ataques causara ningún daño de gravedad a mis compañeros. Quizá mi mejor opción era llamar la atención del médico de la tripulación. De este modo, Eros podría derrotar a Uker y así tendríamos un combate en superioridad contra el hueso duro de roer que era Kiyoshi. Estaba decidido.
Dejé fluir de nuevo la electricidad por mi cuerpo. La nieve había conseguido que mis piernas pareciesen aletargadas cuando corría, pero ahora no podía bajar el ritmo. Debía ser el más rápido. Corrí buscando la espalda de Kiyoshi. Apunté tan pronto como estuve situado a unos 6 metros de él, llevando la electricidad producida por mi pelaje hasta mis brazos, por el arma y finalmente hasta la bala. Disparé. Mi objetivo era una de las piernas de Kiyoshi. El pistolero también se habría visto limitado en su movimiento por la nieve. Si conseguía entorpecerlo aún más, quedaría a nuestro merced.
—¡Vamos, Eros! Es hora de vencer
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