Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.]
#19
La patada que intentó darle al mono, un mono, recordemos, rápido y fugaz, capaz de moverse entre ellos y entre las sombras sin apenas ser visto, evidente terminó siendo una patada al aire. Aquello pilló por sorpresa a Akira, quien estaba intentando comunicarse con el simio, que acabó respondiendo con lenguaje de señas—. Mierda, de esto algo entiendo… Pero solo los “aplausos” —¿le servía? Por supuesto.

La patada del sargento pervertido provocó una humareda espesa de polvo y hojas de un color marrón oscuro casi negro, característico del terreno húmedo en el que se encontraban, cortando la vista del grupo durante un instante. Pero no había impactado, no se logró diferenciar el sonido del golpe en la carne del mono. Es más, la coordinación del mono hizo que consiguiera desplazarse por Douglas como si se tratara de un árbol, devolviéndole a su compañero el golpe en menos de un segundo.

Akira miraba la escena bastante sorprendido, ¿por qué estaban haciendo esto? Nadie había atacado a nadie, bueno sí, Enji… Pero después de que lanzaran la piedra. ¿Se había asustado tanto como para querer pegarle al mono? Al final aquel animal conocía al prisionero y podía ser una amenaza, pero claramente esa supuesta piedra que Akira no vio, no golpeó a nadie, sino conociéndolos se hubieran quejado a voces. El joven marine levanto sus dos manos y empezó a moverlas sobre si mismas hacia un lado y hacia otro, rotándolas sobre su eje, esto en lenguaje de señas significaba, lo que sabemos, “aplausos”. ¿Estaba buscando la aprobación del chimpancé? ¿Tanto le gustaban estos animales? Su amigo acababa de ser golpeado.

—Espera, ¿qué? ¿Acabamos de empezar un conflicto? ¿No se supone que este no puede recibir ni un solo rasguño? ¿Vamos a pelearnos con el mono? —y el discurso de aquel que parecía pertenecer a las SS comenzó: LA VERDADERA JUSTICIA. Sonaba bien, pero en la práctica… No del todo.

—Si me permite señor Douglas, yo también pienso que, en según qué casos, no debemos tener piedad alguna… Pero hay delitos y delitos… Más que acabar con sus vidas… ¿Un ojo por ojo? No sé… Yo que tú le daría una vuelta… Eres bastante… Umh… Radical. Sí, radical es la palabra —aquella mirada de maníaco era obvia que era imposible de apaciguar. Alguien que capaz de matar buscando justicia, en cierto sentido, se convierte en aquello que busca destruir… Maldito lado oscuro…

Y la estruendosa risa del prisionero encadenado estalló, más fuerte, más rota, haciendo que varios pájaros, entre ellos un tucán bastante familiar que les había estado escuchando desde una rama, alzara el vuelo sin mirar atrás. Este hombre estaba loco. Y a esa locura respondieron sus compañeros.

Por un lado, el sargento pervertido dio inicio a la pelea con una técnica bastante llamativa a los ojos del navegante del grupo. Convirtió su brazo en una punta de veneno y apuntó a la cara de Douglas, quien claramente tenía que llegar sin un solo rasguño. ¿Estaban a punto de ser cesados como marines? En cualquier caso, ahora eran una división, y todos iban a responder por igual. O al menos, así era como Akira entendía la amistad.

Por otro, su buen crustáceo y amigo Pinza Roja tomó la iniciativa por el flanco de la derecha para atacar al mono con su pinza, que en este momento le estaba dando la espalda. Y muy a su pesar, Akira se mantuvo callado y esperó a que el mono recibiera el golpe. Por un momento se le cruzó por la cabeza gritar, “no, al mono no”, o algo así como “simio no mata simio”, pero es que Juan era un cangrejo.

Akira estaba viéndolo todo como si se tratase de una película, tenía en frente toda la escena, como en el cine, le faltaban las palomitas. Y atrás de los cuatro mareones, Sigrid—. Nada… Que no me queda otra… —suspiró—. Yo al mono me lo quiero quedar de mascota… —y dicho esto, acompaño al sargento pervertido en su ataque al prisionero. No podía pegarle al mono y esperaba que con aquella frase Juan tuviera algo de piedad con el pobre animal, realmente quería quedárselo y que se le subiera a la espalda como una mochila.

Frente a frente con Douglas, más todavía después de que diera ese paso al frente con la vena hinchada y predicando su idea de justicia, Akira estaba perfectamente posicionado para soltarle una buena patada al estómago. Su compañero le estaba atacando al rostro, así que, si por un casual decidiera esquivarlo agachándose, se comería la patada de Akira. Y si por otro no recibía ninguno de los golpes, Akira se cubría las espaldas al ser una técnica en la que podía recoger la pierna fácilmente y así evitar ser alcanzado por el veneno de su compañero. Dio un ligero salto vertical y—. ¡PATADA PISTÓN! —recordad chicos: sin marcas visibles de abuso ni daños colaterales que puedan comprometer la transferencia. Nada de esto comprometía a la transferencia. Seguimos jugando.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
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RE: Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.] - por Akira Raito - 10-02-2026, 01:23 AM

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