10-02-2026, 01:38 AM
(Última modificación: 10-02-2026, 01:39 AM por Sigurd Haakon.)
Los martillos salen disparados del cinturón, tamborileando entre mis dedos y cogiendo una trayectoria perfectamente simétrica en dirección al rostro de mi hermano de armas, ahora adversario. A la velocidad del trueno, estos impactan como una prensa hidráulica, aplastando la cara de Ubbe desde izquierda y derecha. Aún así, con este movimiento que detuvo en seco el avance de un capitán de la Marina, para el Buccaneer sureño no es más un mísero choque. Un golpe que lo pone a tono, pero nada más. Su resistencia es descomunal, desproporcionada. No sé qué cojones comerán en los mares del sur, pero este tío tiene mucha mejor genética que yo. Menos mal que es un orgulloso Bucanero junto a mi, porque si fuera un enemigo real, estaría realmente en problemas. Me da hasta envidia admitir que su físico está a otro nivel, muy superior al mío.
Pero si de algo peca, es de experiencia en batalla. En eso sí que le saco años de ventaja y masacres en alta mar. Su corazón es noble, y aunque le gusta el caos tanto como a mí, le falta esa malicia salvaje para ser un pirata. Uno de verdad, no esos que van de la manita y juegan a ser amigos de todo el mundo. Saqueadores de pueblo, tener la libertad de hacer y tomar lo que quieras por el mero hecho de ser el más fuerte y el más fiero. Lo aprenderá con el tiempo. Eso y a respetar el combate y dejarse de pantomimas en un idioma inventado.
En vez de contraatacar tras resistir mi golpe, ladea lentamente la cabeza con una sonrisa teatral. Me mira con desafío mientras la sangre le baja por la boca. Sangre que escupe tras elogiar mi ataque, en vez de aprovechar el momento. No contento con eso, sigue dale que te pego, ahora parece que agradeciendo no sé el qué. Mi rostro está ensombrecido por completo. Ha perdido su ansía de batalla por una seriedad incómoda. No me interesa lo que me tenga que agradecer y antes de que termine, alzo el brazo derecho tanto como puedo en un movimiento veloz, para descargarlo en descenso como un relámpago enfurecido. Sköll colapsa contra la parte superior de su cráneo y sigue con su trayectoria, obligándole a agachar la cabeza. El golpe no solo va cargado de una fuerza inusual, sino que va acompañado de un grito imperativo:
Aquí lo espero, un par de pasos atrás y recolocado para recibirlo. A ver de qué es capaz cuando lo da todo de sí. Últimamente lo hemos tenido fácil, entre oleadas de enemigos que han muerto aplastados y Marines negligentes sin apenas poder. Pero los enemigos que nos esperan ahí fuera, no van a tener la más mínima duda de arrancarnos la cabeza ni darnos un respiro. Mejor ser yo quien lo ponga en su sitio a qué lo haga alguien con peores humos... Aunque lo de matar... Eso sí que no va en coña. Que lo dé todo o lo dejo en el sitio.
Pero si de algo peca, es de experiencia en batalla. En eso sí que le saco años de ventaja y masacres en alta mar. Su corazón es noble, y aunque le gusta el caos tanto como a mí, le falta esa malicia salvaje para ser un pirata. Uno de verdad, no esos que van de la manita y juegan a ser amigos de todo el mundo. Saqueadores de pueblo, tener la libertad de hacer y tomar lo que quieras por el mero hecho de ser el más fuerte y el más fiero. Lo aprenderá con el tiempo. Eso y a respetar el combate y dejarse de pantomimas en un idioma inventado.
En vez de contraatacar tras resistir mi golpe, ladea lentamente la cabeza con una sonrisa teatral. Me mira con desafío mientras la sangre le baja por la boca. Sangre que escupe tras elogiar mi ataque, en vez de aprovechar el momento. No contento con eso, sigue dale que te pego, ahora parece que agradeciendo no sé el qué. Mi rostro está ensombrecido por completo. Ha perdido su ansía de batalla por una seriedad incómoda. No me interesa lo que me tenga que agradecer y antes de que termine, alzo el brazo derecho tanto como puedo en un movimiento veloz, para descargarlo en descenso como un relámpago enfurecido. Sköll colapsa contra la parte superior de su cráneo y sigue con su trayectoria, obligándole a agachar la cabeza. El golpe no solo va cargado de una fuerza inusual, sino que va acompañado de un grito imperativo:
-¡¡¡CÁLLATE, COÑO!!!-
El ataque no viene solo. Va precedido por un correctivo y una lección que va a aprender por la buenas o por las malas. -¡¿Qué pasa, acaso pretendes insultarme?!- pregunto de forma retórica mientras doy un paso para atrás. Sin dar tiempo a que me conteste, continuo con la reprimenda. -¡¿No soy lo suficiente digno para que me des el 100%?!- ahí va otra. Esto es personal y quiero que se lo tome como tal. Pongo mis martillos por delante, marcando una X, alentando a que venga a por mí. -¡Estas en mitad de una pelea, capullo, da igual que yo sea tu adversario. Deja la charlatanería y el teatro para cuando no te juegues la vida!- le recrimino. Y ahora si, alzando la voz tanto como puedo, culmino la oratoria con una amenaza, como mandan los dioses. -¡¡¡AHORA VEN Y DAME TU MEJOR GOLPE, O JURO QUE TE MATO AQUÍ MISMO, UBBE, HERMANO DE KAL, HIJO DE BUCCANEERS!!!- Aquí lo espero, un par de pasos atrás y recolocado para recibirlo. A ver de qué es capaz cuando lo da todo de sí. Últimamente lo hemos tenido fácil, entre oleadas de enemigos que han muerto aplastados y Marines negligentes sin apenas poder. Pero los enemigos que nos esperan ahí fuera, no van a tener la más mínima duda de arrancarnos la cabeza ni darnos un respiro. Mejor ser yo quien lo ponga en su sitio a qué lo haga alguien con peores humos... Aunque lo de matar... Eso sí que no va en coña. Que lo dé todo o lo dejo en el sitio.
En efecto, cajita feliz
