07-11-2023, 12:08 AM
A veces le daban ganas de replicar cuando Irina hablaba por él. Primero, que si él había sentido una conexión especial con ella o no se qué tontería. Siempre estaba diciendo cosas así. Aunque tenía parte de razón, pues a ella le permitía cosas que no permitía a ninguna otra persona... a veces lo pensaba, no entendía muy bien por qué le ocurría eso. Quizás era porque ya se había acostumbrado a ella, o quizás era por la honestidad de la muchacha. Era en parte un rasgo reconfortante que Irina tenía, a pesar de no estar muy bien de la cabeza, sabías que no era una persona mentirosa ni con intenciones ocultas. Además respetaba sus límites físicos, y eso Daryl era algo que apreciaba mucho. Aunque debía de tratarse de algo mutuo, ¿no? Sino Irina, conociéndola, ya habría rechazado de sobra seguir siendo su compañera. En fin. También aceptó la invitación a la mansión en su nombre. Pero había dicho que lo harían al terminar la misión. La verdad es que eso era lo único que a Daryl le importaba, si después Irina quería ir a degustar los placeres de los ricos, le era indiferente.
Apretaron el paso. Menos mal, porque un paso de Daryl era como cinco pasos de Irina y Alzeid, así que iba bastante más lento que los otros dos, pues abarcaba más espacio. Mientras andaban, Alzeid enfatizaba en sus sentimientos por las almas. Parecía que la indiferencia de ambos había hecho mella en la filosofía del hombre pálido. La verdad es que... quién sabe, igual tenía parte de razón, igual alma y cuerpo actuaban por separado, igual el alma era lo que te impulsaba a seguir tu deseos... ¿el alma era la voluntad? Daryl no solía pensar en cosas tan profundas, simplemente de escuchar aquellas teorias sentía que se le iba a derretir el cerebro. — Completaremos la misión, así todas nuestras almas estarán contentas. — Había cierto tono de sarcasmo en su voz, pero siempre era tan serio que costaba un poco distinguirlo.
Las siguientes palabras de Irina le sorprendieron un poco, lo que hizo que la mirase de reojo, a su derecha. Instaba a Alzeid a reprimir sus ansias más asesinas y crudas con una sutil amenaza, ¿desde cuando a la pelirroja le importaban tanto los civiles? Era cierto que a veces, con aquellas personalidad, la línea de trabajar para el gobierno y volverte un criminal era muy fina y borrosa. Pero no se esperaba que le diese tanta importancia. Entonces sus miradas se cruzaron, aquellos extrañísimos ojos amarillos se le clavaron con dureza, no le había gustado lo que había dicho Daryl... quizás si no hubiese recibido esa mirada ya más de una, dos y tres veces, se incomodaría, pero ya estaba algo acostumbrado. Otra vez salió con el discurso de que los hombres son lo peor, no se qué. — Menos mal que todas las mujeres no son igual de pesadas que tú. — Realmente a Daryl le importaba bien poco la opinión que a Irina le merecieran los hombres. En parte, el moreno coincidía con ella, pues todos sus monstruos siempre habían sido hombres. Pero la verdad es que era un poco pesada, esa Irina. Entonces salió corriendo.
Alzeid empezó a correr también. Según la información de su compañera, aún contaban con diez minutos de tiempo antes de que llegara el barco de mercancía. El pueblo era pequeño, seguro que podían llegar a tiempo sin necesidad de aquella carrera. No le gustaba mucho correr, pero bueno, imitó a sus compañeros y comenzó a seguirles hacia el puerto.
Apretaron el paso. Menos mal, porque un paso de Daryl era como cinco pasos de Irina y Alzeid, así que iba bastante más lento que los otros dos, pues abarcaba más espacio. Mientras andaban, Alzeid enfatizaba en sus sentimientos por las almas. Parecía que la indiferencia de ambos había hecho mella en la filosofía del hombre pálido. La verdad es que... quién sabe, igual tenía parte de razón, igual alma y cuerpo actuaban por separado, igual el alma era lo que te impulsaba a seguir tu deseos... ¿el alma era la voluntad? Daryl no solía pensar en cosas tan profundas, simplemente de escuchar aquellas teorias sentía que se le iba a derretir el cerebro. — Completaremos la misión, así todas nuestras almas estarán contentas. — Había cierto tono de sarcasmo en su voz, pero siempre era tan serio que costaba un poco distinguirlo.
Las siguientes palabras de Irina le sorprendieron un poco, lo que hizo que la mirase de reojo, a su derecha. Instaba a Alzeid a reprimir sus ansias más asesinas y crudas con una sutil amenaza, ¿desde cuando a la pelirroja le importaban tanto los civiles? Era cierto que a veces, con aquellas personalidad, la línea de trabajar para el gobierno y volverte un criminal era muy fina y borrosa. Pero no se esperaba que le diese tanta importancia. Entonces sus miradas se cruzaron, aquellos extrañísimos ojos amarillos se le clavaron con dureza, no le había gustado lo que había dicho Daryl... quizás si no hubiese recibido esa mirada ya más de una, dos y tres veces, se incomodaría, pero ya estaba algo acostumbrado. Otra vez salió con el discurso de que los hombres son lo peor, no se qué. — Menos mal que todas las mujeres no son igual de pesadas que tú. — Realmente a Daryl le importaba bien poco la opinión que a Irina le merecieran los hombres. En parte, el moreno coincidía con ella, pues todos sus monstruos siempre habían sido hombres. Pero la verdad es que era un poco pesada, esa Irina. Entonces salió corriendo.
Alzeid empezó a correr también. Según la información de su compañera, aún contaban con diez minutos de tiempo antes de que llegara el barco de mercancía. El pueblo era pequeño, seguro que podían llegar a tiempo sin necesidad de aquella carrera. No le gustaba mucho correr, pero bueno, imitó a sus compañeros y comenzó a seguirles hacia el puerto.
