¿Quién Extorsionó a mi Memoria? [Aventura |T1| Pres. Rel]
#9
Atrás queda la jungla húmeda donde los bandidos han levantado su campamento, un reducto salvaje perdido entre la espesura que te ha ofrecido sus historias sabiendo que tú serás el último en conocer lo que realmente ocurrió ahí. Quizás, por el magnetismo intrínseco al misterio, o quizás por el simple hecho de que no te importa en absoluto, es que ignoras por completo cuánto tiempo ha transcurrido desde que escapaste de aquel hediondo lugar. Y, ahora, lo único que eres capaz de notar es que el sol — inclinado hacia el horizonte— parece haber descendido lo suficiente como para que el aire se alce y baile con un murmullo cálido y atrevido.

Así, en el aire encontrarás una mezcla inquietante de fragancias envolviéndote: el olor a ceniza prehistórica, antigua como el volcán mismo, se entrelaza con la esencia vibrante y terrosa de la selva de Baterilla, formando un perfume denso que parece adherirse a la piel, cabello e incluso al mismísimo pensamiento.

Es la respiración de un moribundo que se niega a morir.

Tus botas —si es que aún permanecen en tus pies— se han ido empapando lentamente del arenoso néctar que es la tierra. Y, sin que te dieras cuenta, hasta se han convertido en una masa marronosa que absorbe cada paso con un viscoso quejido. Si intentas recordar el instante exacto en el que el sendero dejó de ser firme para transformarse en un lodazal traicionero, tu memoria solo sería capaz de aferrarse al momento en que un zumbido creciente anunció la llegada de enjambres diminutos de insectos, temblando en el aire como motas vivientes buscando el calor de tu desnuda piel.

¡Y suerte de ellos! Porque, de no haberse aferrado a tu piel con la devoción de un amante tímido —y con el mismo sentido de la oportunidad— jamás habrías descubierto el rastro de papeles que Don Átivo y esos cobardes que huyeron han ido dejando a su paso. Una especie de «camino de migas», salvo que, en vez de migas, son documentos que desean ser archivados… y en lugar de ser dejados con intención, lo más probable es que se les cayeran por puro pánico o, peor aún, por pura torpeza.

Y es que, por lo que has podido ver, si algo caracteriza a Don Átivo y su troupe de fugitivos, además de su dudoso sentido del honor, es su absoluta incapacidad para mantener papeles dentro de los bolsillos.

Así que sí: benditos insectos. Molestos, ruidosos, pegajosos… pero gracias a ellos has avanzado un trecho más en esta absurda persecución selvática que, como casi todo en la vida, parece estar escrita por un autor con un sentido del humor particularmente retorcido.

Doc. Nº17

Doc. Nº20

Doc. Nº5



En el subcielo verde habitan dinosaurios, serpientes arbóreas titánicas y muertos vivientes que rondan templos devorados por la vegetación.

Una jungla húmeda que se alza sobre colinas volcánicas activas, donde la ceniza se mezcla con el aire tropical. El terreno es traicionero: puentes naturales de raíces cuelgan sobre precipicios y fumarolas ocultas liberan gases tóxicos. 

Estando ahora a quince metros del volcán, a la izquierda, observas un pequeño túnel natural. A la derecha, una fisura en la estructura rojiza.

Si te aproximas al túnel, descubrirás que se trata de un complejo sistema de ventilación natural, formado por una sucesión de cámaras irregulares esculpidas por lo que, en tiempos remotos, fue un turbulento flujo de magma. Desde su boca oscura —una abertura que parece engalanada con dientes pétreos— emanan ráfagas periódicas de aire ardiente que ascienden con un bramido profundo, impregnando el ambiente de un sofoco casi palpable y de ecos distorsionados que evocan los lamentos del averno.

La roca que recubre las paredes es de un negro quebradizo, surcado por vetas rojizas que palpitan como brasas extinguidas.

Por el lado opuesto, la fisura irregular que se abre en la pared es angosta y profundamente claustrofóbica, aunque conserva el tamaño justo para permitir que una persona se deslice de costado. Es posible que debas contener la respiración, o al menos dominar el impulso natural de inspirar demasiado, para poder atravesarla sin sentir que la roca te oprime.
Si solo te asomas y acercas el ojo, distinguirás un tenue resquicio de luz: un halo suave, casi imperceptible, que emana desde algún punto del interior y que invita —o advierte— a continuar.

Para cualquiera de las dos opciones que escojas, comprobarás que, antes de alcanzar la negrura absoluta o la luz —que más que un destello parece un reflejo esquivo—, aún te separan varios metros de incertidumbre.

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Bai Mudan
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RE: ¿Quién Extorsionó a mi Memoria? [Aventura |T1| Pres. Rel] - por Bai Mudan - 10-02-2026, 03:35 PM

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