11-02-2026, 02:30 AM
En cuestión de segundos todo se salió de control de una manera absurda y caótica. Sigrid se quedó quieta, apenas respirando, tratando de procesar la escena que se desplegaba frente a ella como si alguien hubiera volcado una mesa llena de piezas que ya no encajaban. El mono chillaba y se movía con una agilidad imposible, Enji estaba primero en el suelo vociferando y al instante siguiente lanzándose con furia desmedida, Akira aparecía y desaparecía entre movimientos erráticos, casi antinaturales, y de pronto Juan golpeaba al animal sin titubear, como si eso no fuera suficiente, Akira también atacaba al prisionero, ignorando por completo la orden directa que habían recibido de no herirlo.
La vikinga apretó los dientes. Sus manos se cerraron con fuerza alrededor del arma, la madera crujió levemente bajo la presión de sus dedos, aquello ya no era una escolta, era un desastre. —¿Pero qué demonios están haciendo?— murmuró entre dientes, más para sí misma que para los demás. No gritó, no intervino aún, pero su postura cambió, los pies firmes sobre el suelo, el cuerpo inclinado hacia adelante, lista para actuar si aquello escalaba un poco más, por primera vez desde que habían recibido la misión, Sigrid sintió que algo iba terriblemente mal y que, si nadie ponía orden pronto, serían ellos mismos quienes arruinarían todo.
Sigrid entendió en ese instante que ya no había mucho que pudiera hacer sin empeorar la situación. Todo había estallado en cuestión de segundos y sus propios compañeros seguían atacando como si la misión ya no importara, como si el prisionero fuera un simple saco de golpes y no la razón por la que estaban allí, tambien habia visto como el prisionero parecia perder la cordura gritando cosas que realmente le daban igual, pero que preocuparian a mas de uno en la ciudad. La vikinga dio un paso atrás, no por miedo, sino por pura estrategia. Su mente trabajaba rápido: si lo herían, aún podría intervenir después, cerrar heridas, mantenerlo con vida, pero si lo mataban, no habría fuerza en el mundo que pudiera arreglarlo.
Un nudo pesado se le formó en el pecho al pensar en las consecuencias. No solo perderían la misión, perderían su estatus, su nombre, su futuro, ser destituidos sería lo más suave, lo otro, bueno, lo otro era acabar como Douglas. Esa palabra no necesitaba explicación, bastaba con recordarla para que un escalofrío le recorriera la espalda. Sigrid apretó la mandíbula, los ojos clavados en el prisionero mientras el caos seguía girando a su alrededor. —Por favor Nika, que no lo maten— pensó, porque sabía que, en el momento en que la vida de ese hombre se extinguiera, también se apagaría algo para todos ellos.
El corazón de Sigrid latía con fuerza mientras tomaba la decisión. Ya no bastaba con observar ni con confiar en que el caos se disipara solo. Sus dedos se cerraron con más firmeza alrededor de la alabarda y giró el arma con cuidado, alineando la parte trasera del asta. No iba a cortar, no iba a derramar sangre; eso no. Aquello sería un golpe seco, contundente, lo justo para frenar a quien estuviera a punto de cruzar la línea. Respiró hondo, tensando los músculos de brazos y espalda. En su mente repasó el objetivo una última vez —Una contusión, un aturdimiento, nada que deje marcas evidentes— Era una apuesta, y lo sabía, pero era mejor que quedarse de brazos cruzados esperando lo peor.
Con un movimiento rápido y controlado, Sigrid se lanzó hacia adelante, descargando el golpe con la parte trasera de la alabarda. No había rabia en ese ataque, sino urgencia y responsabilidad, el impacto resonó seco, brutal, lo suficientemente fuerte como para cortar la escalada de violencia sin convertirla en algo irreversible. La vikinga se mantuvo firme tras el golpe, lista para reaccionar de inmediato, con la esperanza de que ese instante ganado fuera suficiente para que todos recordaran por qué estaban allí y lo cerca que habían estado de perderlo todo. —Para que te cayes el hocico. — Terminó diciendo cuando dirigió el golpe hacia la cabeza del prisionero.
La vikinga apretó los dientes. Sus manos se cerraron con fuerza alrededor del arma, la madera crujió levemente bajo la presión de sus dedos, aquello ya no era una escolta, era un desastre. —¿Pero qué demonios están haciendo?— murmuró entre dientes, más para sí misma que para los demás. No gritó, no intervino aún, pero su postura cambió, los pies firmes sobre el suelo, el cuerpo inclinado hacia adelante, lista para actuar si aquello escalaba un poco más, por primera vez desde que habían recibido la misión, Sigrid sintió que algo iba terriblemente mal y que, si nadie ponía orden pronto, serían ellos mismos quienes arruinarían todo.
Sigrid entendió en ese instante que ya no había mucho que pudiera hacer sin empeorar la situación. Todo había estallado en cuestión de segundos y sus propios compañeros seguían atacando como si la misión ya no importara, como si el prisionero fuera un simple saco de golpes y no la razón por la que estaban allí, tambien habia visto como el prisionero parecia perder la cordura gritando cosas que realmente le daban igual, pero que preocuparian a mas de uno en la ciudad. La vikinga dio un paso atrás, no por miedo, sino por pura estrategia. Su mente trabajaba rápido: si lo herían, aún podría intervenir después, cerrar heridas, mantenerlo con vida, pero si lo mataban, no habría fuerza en el mundo que pudiera arreglarlo.
Un nudo pesado se le formó en el pecho al pensar en las consecuencias. No solo perderían la misión, perderían su estatus, su nombre, su futuro, ser destituidos sería lo más suave, lo otro, bueno, lo otro era acabar como Douglas. Esa palabra no necesitaba explicación, bastaba con recordarla para que un escalofrío le recorriera la espalda. Sigrid apretó la mandíbula, los ojos clavados en el prisionero mientras el caos seguía girando a su alrededor. —Por favor Nika, que no lo maten— pensó, porque sabía que, en el momento en que la vida de ese hombre se extinguiera, también se apagaría algo para todos ellos.
El corazón de Sigrid latía con fuerza mientras tomaba la decisión. Ya no bastaba con observar ni con confiar en que el caos se disipara solo. Sus dedos se cerraron con más firmeza alrededor de la alabarda y giró el arma con cuidado, alineando la parte trasera del asta. No iba a cortar, no iba a derramar sangre; eso no. Aquello sería un golpe seco, contundente, lo justo para frenar a quien estuviera a punto de cruzar la línea. Respiró hondo, tensando los músculos de brazos y espalda. En su mente repasó el objetivo una última vez —Una contusión, un aturdimiento, nada que deje marcas evidentes— Era una apuesta, y lo sabía, pero era mejor que quedarse de brazos cruzados esperando lo peor.
Con un movimiento rápido y controlado, Sigrid se lanzó hacia adelante, descargando el golpe con la parte trasera de la alabarda. No había rabia en ese ataque, sino urgencia y responsabilidad, el impacto resonó seco, brutal, lo suficientemente fuerte como para cortar la escalada de violencia sin convertirla en algo irreversible. La vikinga se mantuvo firme tras el golpe, lista para reaccionar de inmediato, con la esperanza de que ese instante ganado fuera suficiente para que todos recordaran por qué estaban allí y lo cerca que habían estado de perderlo todo. —Para que te cayes el hocico. — Terminó diciendo cuando dirigió el golpe hacia la cabeza del prisionero.
Cosas Vikingas
![[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]](https://i.imgur.com/Ndhw6vS.jpeg)
