11-02-2026, 03:22 AM
Satsuki no era de las personas que esperan a que los problemas llegaran, ella misma se encargaba de crearlos. Aunque, en esta ocasión, la desventaja proporcional de individuos era superior a su aburrimiento. Terminó de limpiar el aura del gruñón y se dedicó a escuchar la conversación, mirando su bebida como si fuese la cosa más interesante del mundo, intentando ordenar sus ideas. Bien, estaba en Samba, ese era un hecho. Había olvidado que ahí es donde se reuniría con su viejo conocido, pero la fortuna —siempre tan pícara— la llevó a cumplir su designio. Sin embargo, no era como lo imaginó de niña. No había caras conocidas las que la rodeaban; simplemente se sentía… frío.
Si la intuición no le fallaba, este encuentro era una especie de reclutamiento, lo que significaba que el hombre que había conocido de niña finalmente consiguió su cometido y ella podía ser parte de su tripulación. El labio inferior le tembló levemente y repitió su mantra en silencio. Henri, Egliette, Harpie, Auggie, Wendell… la lista era larga, pero se negaba a soltar los nombres, como si su vida dependiera de esos fantasmas del pasado. Odiaba el silencio. Ese vacío acústico sólo servía para atraer pensamientos. Los pensamientos atraían culpas, y todo culminaba en manchas oscuras en su brillante aura.
—Bueno… ¿y ahora qué? —musitó con un hilo de voz.
Tampoco es que tuviese otro destino en mente, pero no podían quedarse ahí para siempre, ¿o sí? Aún le parecía surrealista la idea de estar viviendo justo ese momento. Siempre lo soñó de niña, pero la realidad era mucho más extraña de lo que alguna vez imaginó. Gente peculiar, un destino hilarante, una vida menos precaria que la que siempre había llevado; no habría motivos para quejarse, pero… ¿podía prometer que no se arrepentiría de esto más adelante? Esa duda la perseguiría desde ese instante, cambiando su personalidad para con el resto de la susodicha tripulación.
