11-02-2026, 05:43 AM
¿Dejar de pensar?
¿Impresionarlo?
¿Algo perdido?
No, nada de esas cosas.
No quería dejar de pensar, quería saber si había dejado alguna pista, pero, por lo visto, ninguna demasiado evidente, de hecho, debía alegrarse de que lo viera como un cliente y nada más, eso significaba que había hecho bien su trabajo, pero, ahora que lo pensaba… ¿Sería necesario de verdad contarle a este hombre lo que hizo? ¿Qué tal si se equivocaba? ¿Qué tal si él no quería dejar ese estilo de vida atrás?
Arriesgarse a soltar información era muy grave. Sacudió la cabeza, no podía darse ese lujo.
Tampoco buscaba impresionarlo, nunca, no quería ni necesitaba impresionar a nadie, después de todo, lo único que quería era ganar algo de confianza, pero las cosas le estaban saliendo al revés, algo que pudo notar al darse cuenta de cómo el interés del lunarian empezaba a disminuir con cada segundo de la conversación.
Eso no es lo que deseaba.
Y, por último, no se le había perdido nada… ¿Por qué pensaría eso? No lo estaba acusando de llevarse ninguna de sus cosas, de hecho, de ser así, es algo que habría preguntado semanas atrás y no tanto tiempo después. ¿Debía aclarárselo? Sí, tal vez era lo mejor.
—¿Y cómo te llaman aquí? Si se puede saber —. Empezó de nuevo a hablar a la vez que su mano jugaba haciendo bailar el vaso de licor, dándole movimientos circulares que hacían que la bebida se moviera peligrosamente cerca del borde, pero sin llegar a derramarse. —Al menos quisiera saber el nombre de la persona que salvó mi vida, si eso no es mucho pedir —dijo con la esperanza de retomar aquel interés que pudo haber o no existido en algún punto de su encuentro.
—Y, por cierto, nunca insinué que me hubieras quitado algo esa noche, aunque si eso entendiste con mis palabras, pido una disculpa —. No sabía porque se disculpaba, pero sintió que era mejor hacerlo si quería seguir manteniendo al hombre sentado a su lado ¡Ah! De verdad era una lástima que un espécimen como él estuviera confinado a un prostíbulo ¿Por qué no podía ser más “libre”? Así al menos se quitarían de en medio las formalidades y las probabilidades de estudiar a los de su especie estarían más elevadas. —Si quieres un gracias, pues, agradezco que me hayas recogido de la calle aquella noche, lo digo en serio. Como dije antes, mi memoria sobre aquel día falla —Siempre falla. —, así que, ahora que lo pienso, ni siquiera sé si te recompensé por las molestias.
Frunció el ceño cuando escuchó entonces las palabras de despedida del más alto. Chasqueó la lengua, las cosas habían salido mal. Aquel hombre había interpretado todo como un falso interés, nada más alejado de la realidad. Estaba interesado y mucho, simplemente, que no en lo que solía trabajar él, si no en aspectos más…científicos.
—Espera…yo no…
El vaso con licor de menta se situó frente a él, lo habría ignorado, pero la hoja bailando en medio del líquido le hicieron tragar saliva antes de que sus ojos viajaran entre el cuerpo que se alejaba de él y el motivo de su adicción. Levantó el vaso y llevó el contenido a su boca, saboreó el licor y, por consiguiente, el fuerte aroma llegó a su nariz, haciendo que el médico cerrara los ojos y aspirara con fuerza para llenar sus pulmones con ese característico olor que tanto le agradaba.
Por un instante, prefirió quedarse en su sitio saboreando aquel vaso que había sido cortesía de la casa, una excelente distracción de parte del moreno, pues cuando no hubo más contenido y el médico regresó a la realidad, el otro hombre había desaparecido de su lado.
Suspiró.
Las cosas no habían ido como quería.
Ahora no podría contarle, al menos no hoy, que sí había hecho algo para agradecerle por su servicio, aunque, por lo visto, matar al hombre de cabellos rojos que atemorizaba a los trabajadores del prostíbulo con las deudas que tenían a nombre de la casa, no había servido de mucho, después de todo, parecía que el lugar seguía como siempre…al menos por ahora, después de todo, tal vez pasarían unos días más antes de que el caos empezara a reinar a falta de un contable torturador.
Quiso acercarse por una última vez al hombre de alas negras y; sin embargo, se detuvo a medio camino ¿Qué estaba haciendo? No tenía que contarle cuál había sido su manera de pagarle por salvarlo, no…eso podía asustarlo…Definitivamente estaba pensando con la mente nublada y eso no era nada conveniente. ¿Era el licor o era impulsado por la curiosidad de ganarse la confianza de un lunarian? Volvió a sacudir su cabeza de lado a lado. No podía contarle su crimen a nadie, no podía delatarse por un simple favor que él mismo decidió hacer. Suspiró y prefirió salir del lugar antes de que soltara todo.
Estaba consciente de que su memoria era pésima, de que quizá, en una semana olvidaría todo y el hombre de cabellos rojos solo sería una cifra más en su libreta, pero, si por algún motivo antes de que todo se borrara de su mente tenía que contarle al lunarian lo que había pasado, lo haría…solo que…no se arriesgaría a hacerlo en un sitio tan concurrido. La próxima vez pensaría con la cabeza más fría.
