11-02-2026, 07:59 AM
Despojos del sabor original del brebaje permanecían aferrados a su boca, recordándole por momentos, entre mordiscos que daba a la masa dulce de la media luna, ese amargor. Una pésima primera experiencia y probablemente la única que tendría con esa alquímica bebida: el mate
Por otro lado, estaba sumamente encantado con las facturas. Entusiasmado, incluso. El azúcar penetraba en su lengua adormecida y le brindaba unos instantes de goce, unas notas de sabor, breves pero demasiado relevantes para una persona a la que la mayoría de las veces todo lo sabía a mierda. El cigarro había atrofiado su sentido del gusto años atrás y desde entonces, los dulces parecían ser la única opción para que su lengua sintiera algo. Además de los ácidos, razón de su predilección por las manzanas verdes.
—¿Ah? ¿Se toma por ahí? —replicó con la mirada puesta en el pequeño sorbete metálico—. ¿Y por qué no lo filtras a un vaso? ¿No es más fácil? Que manera de complicarse la vida.
Era la primera vez que veía una cosa así. Era como… como que alguien se sirviera un vaso de cerveza directo del tonel dónde fermentaban la cebada y le pusiera un sorbete con filtro. Se estaban saltando un paso.
Arrugó la nariz, pero, antes de que pudiera expresar nada más, el gato se le adelantó. Ford, que era todo menos tonto, pareció sonreír con los bigotes mientras se acercaba a la mujer y sus facturas. ¿Un interesado? Por supuesto. Ford hacía lo necesario para llenarse el buche y ahorrar alimento, que, con el régimen de ahorro que tenían últimamente, valía su peso en oro.
—No te fíes de su cara, es un embustero que te compra con esos bigotes —advirtió, aunque ya era demasiado tarde. Ford se acercó a la marine y de un salto se subió a su regazo—. ¿Lo ves? Ahí viene….
Cómo todo gato que se precie, Ford dió una vuelta en círculo sobre el regazo de Choi, después levantó la cabeza, miró a su alrededor y después, y solo después de haber revisado las inmediaciones, se acomodó, escondiendo sus patas en su gordo cuerpo para convertirse en un pan de gato. O, bueno, eso intentó, pues con el pelo pegado al cuerpo era muy difícil ocultar esas patitas. Maulló, se giró y acabó tumbado panza arriba, con la cabeza colgando en el vacío mientras sus patas se movían lento dando pequeñas braseadas hacia atrás. Parecía querer nada en el aire. Y de cabeza.
Enji se acercó y le dió un toque en la nariz usando su dedo índice.
—Que perro que eres, eh. Solo para dar envidia.
Ford lo miró y pareció burlarse al sacar la lengua para lamerse la nariz. Después soltó un bostezó, uno de esos largos y aterradores bostezos felinos que te dejaban ver hasta su estómago de lo amplio que abrían la mandíbula.
Por último, de un zarpazo rápido, se engancha la bolsa de facturas en una garra y la tiró hacia él.
—¡Eh! Desubicado —reprendió Enji al momento de verlo tratando de arrastrarse fuera de las piernas de Choi para poder caer dentro de la bolsa. Literalmente adentro—. Disimula al menos.
Enji le dió otro mordisco a su factura y tomó asiento en la roca.
—Quehijode…
Por otro lado, estaba sumamente encantado con las facturas. Entusiasmado, incluso. El azúcar penetraba en su lengua adormecida y le brindaba unos instantes de goce, unas notas de sabor, breves pero demasiado relevantes para una persona a la que la mayoría de las veces todo lo sabía a mierda. El cigarro había atrofiado su sentido del gusto años atrás y desde entonces, los dulces parecían ser la única opción para que su lengua sintiera algo. Además de los ácidos, razón de su predilección por las manzanas verdes.
—¿Ah? ¿Se toma por ahí? —replicó con la mirada puesta en el pequeño sorbete metálico—. ¿Y por qué no lo filtras a un vaso? ¿No es más fácil? Que manera de complicarse la vida.
Era la primera vez que veía una cosa así. Era como… como que alguien se sirviera un vaso de cerveza directo del tonel dónde fermentaban la cebada y le pusiera un sorbete con filtro. Se estaban saltando un paso.
Arrugó la nariz, pero, antes de que pudiera expresar nada más, el gato se le adelantó. Ford, que era todo menos tonto, pareció sonreír con los bigotes mientras se acercaba a la mujer y sus facturas. ¿Un interesado? Por supuesto. Ford hacía lo necesario para llenarse el buche y ahorrar alimento, que, con el régimen de ahorro que tenían últimamente, valía su peso en oro.
—No te fíes de su cara, es un embustero que te compra con esos bigotes —advirtió, aunque ya era demasiado tarde. Ford se acercó a la marine y de un salto se subió a su regazo—. ¿Lo ves? Ahí viene….
Cómo todo gato que se precie, Ford dió una vuelta en círculo sobre el regazo de Choi, después levantó la cabeza, miró a su alrededor y después, y solo después de haber revisado las inmediaciones, se acomodó, escondiendo sus patas en su gordo cuerpo para convertirse en un pan de gato. O, bueno, eso intentó, pues con el pelo pegado al cuerpo era muy difícil ocultar esas patitas. Maulló, se giró y acabó tumbado panza arriba, con la cabeza colgando en el vacío mientras sus patas se movían lento dando pequeñas braseadas hacia atrás. Parecía querer nada en el aire. Y de cabeza.
Enji se acercó y le dió un toque en la nariz usando su dedo índice.
—Que perro que eres, eh. Solo para dar envidia.
Ford lo miró y pareció burlarse al sacar la lengua para lamerse la nariz. Después soltó un bostezó, uno de esos largos y aterradores bostezos felinos que te dejaban ver hasta su estómago de lo amplio que abrían la mandíbula.
Por último, de un zarpazo rápido, se engancha la bolsa de facturas en una garra y la tiró hacia él.
—¡Eh! Desubicado —reprendió Enji al momento de verlo tratando de arrastrarse fuera de las piernas de Choi para poder caer dentro de la bolsa. Literalmente adentro—. Disimula al menos.
Enji le dió otro mordisco a su factura y tomó asiento en la roca.
—Quehijode…
