11-02-2026, 05:05 PM
Cuando Seraphine sujetó su dedo contra su garganta cicatrizada el gigante azulado se quedó inmovil, dando el respeto que se merece a la herida que le mostraba. Las palabras que la joven escribió y entraron en lo mas profundo del ser de Kazan, adueñandose de su mano que se cerraría subitamente para contener su ira. "Otro nombre para la lista. Reino Sorbet."
-Por las profundidades- empezaria a comentar mientras retiraba poco a poco el dedo de la garganta. -El baile debería ser celebración de vida, no trampa que termina en cadenas. Y... esto..- La petición de Seraphine de disfrutar su libertad antes de enfrentar heridas ajenas le arrancó sonrisa que era mezcla de alivio y orgullo genuino, el mismo le habia comentado que era atroz pedirlo eso ahora, a futuro talvez pero ahora no. -Ay .. pequeña tormenta. Eso no era invitación para mañana ni pasado. Era una semilla plantada para cuando tú decidas que está lista para germinar.- Tocó sus cuernos mientras consideraba. -Tómate semanas. Meses. Años si los necesitas. La división existirá cuando estés lista, no al revés. Y cuando la requieras ahi estara, quizas me busques mas temprano que tarde-
Su risa ante la imagen de ella secuestrándolo a él hizo que Kazan soltara su propia carcajada retumbante como de costumbre que sonó por todo el lugar. -Ga-ha-ha-ha-ha! Sí, porque claramente la joven alada angelical de cuatro metros arrastra al wotan de diez contra su voluntad y este no puede hacer nada- Se agachó ante la petición de subir a su hombro, ofreciendo palma abierta como plataforma para que pudiera auparse. -Adelante.- Una vez que Seraphine se acomodó en su hombro, Kazan comenzó el descenso por escalera de caracol con pasos medidos que no sacudieran demasiado a su pasajera ni derribaran la estructura. El metal protestó bajo su peso pero aguantó, igual que siempre e igual que siempre lo hará.
-Entonces el plan es simple y vamos a llevarlo a la perfeccion- declaró Kazan mientras caminaban por las calles donde el olor a tierra y a salitre se mezclaban. -Primero, devolverte a El Ancla Oxidada antes de que la gente organice partida de búsqueda con antorchas. Segundo, conseguir comida decente porque llorar durante horas quema calorías sorprendentes y estoy ambriento. Y tercero...Tercero, enseñarte esta isla como prometí. Mañana, si quieres. o cuando tu prefieras.-
-Por las profundidades, pequeña tormenta- dijo finalmente rompiendo el silencio que emergia tras los pasos que guiaban hacia la taberna. -Hoy me diste algo que no sabía que necesitaba permiso para ser alguien vivo además de arma que apunta a sus enemigos. Y a cambio...- Tocó la pulsera en su muñeca. -A cambio te ofrezco amistad sin fecha de expiración, propósito futuro cuando lo quieras, y promesa de que mientras yo respire, nadie volverá a ponerte cadenas, también necesito que me protejas a mi.-
Extendió su puño cerrado hacia ella -Bienvenida a tu libertad real, Seraphine . La que construyes tú misma, no la que otros te otorgan.-
El humo de su pipa subió lentamente antes de disiparse en la brisa, llevándose consigo el peso de treinta años de culpa que finalmente, gradualmente, comenzaba a aceptar que quizás podía cargar sin que lo destruyera completamente.
-Por las profundidades- empezaria a comentar mientras retiraba poco a poco el dedo de la garganta. -El baile debería ser celebración de vida, no trampa que termina en cadenas. Y... esto..- La petición de Seraphine de disfrutar su libertad antes de enfrentar heridas ajenas le arrancó sonrisa que era mezcla de alivio y orgullo genuino, el mismo le habia comentado que era atroz pedirlo eso ahora, a futuro talvez pero ahora no. -Ay .. pequeña tormenta. Eso no era invitación para mañana ni pasado. Era una semilla plantada para cuando tú decidas que está lista para germinar.- Tocó sus cuernos mientras consideraba. -Tómate semanas. Meses. Años si los necesitas. La división existirá cuando estés lista, no al revés. Y cuando la requieras ahi estara, quizas me busques mas temprano que tarde-
Su risa ante la imagen de ella secuestrándolo a él hizo que Kazan soltara su propia carcajada retumbante como de costumbre que sonó por todo el lugar. -Ga-ha-ha-ha-ha! Sí, porque claramente la joven alada angelical de cuatro metros arrastra al wotan de diez contra su voluntad y este no puede hacer nada- Se agachó ante la petición de subir a su hombro, ofreciendo palma abierta como plataforma para que pudiera auparse. -Adelante.- Una vez que Seraphine se acomodó en su hombro, Kazan comenzó el descenso por escalera de caracol con pasos medidos que no sacudieran demasiado a su pasajera ni derribaran la estructura. El metal protestó bajo su peso pero aguantó, igual que siempre e igual que siempre lo hará.
-Entonces el plan es simple y vamos a llevarlo a la perfeccion- declaró Kazan mientras caminaban por las calles donde el olor a tierra y a salitre se mezclaban. -Primero, devolverte a El Ancla Oxidada antes de que la gente organice partida de búsqueda con antorchas. Segundo, conseguir comida decente porque llorar durante horas quema calorías sorprendentes y estoy ambriento. Y tercero...Tercero, enseñarte esta isla como prometí. Mañana, si quieres. o cuando tu prefieras.-
-Por las profundidades, pequeña tormenta- dijo finalmente rompiendo el silencio que emergia tras los pasos que guiaban hacia la taberna. -Hoy me diste algo que no sabía que necesitaba permiso para ser alguien vivo además de arma que apunta a sus enemigos. Y a cambio...- Tocó la pulsera en su muñeca. -A cambio te ofrezco amistad sin fecha de expiración, propósito futuro cuando lo quieras, y promesa de que mientras yo respire, nadie volverá a ponerte cadenas, también necesito que me protejas a mi.-
Extendió su puño cerrado hacia ella -Bienvenida a tu libertad real, Seraphine . La que construyes tú misma, no la que otros te otorgan.-
El humo de su pipa subió lentamente antes de disiparse en la brisa, llevándose consigo el peso de treinta años de culpa que finalmente, gradualmente, comenzaba a aceptar que quizás podía cargar sin que lo destruyera completamente.
