11-02-2026, 08:10 PM
Mi golpe surtió efecto en aquel criminal, pero no lo suficiente como para romperlo completamente —Es duro...— Pero sorprendentemente, haciendo caso a mis exigencias, me facilitó información sobre su líder —El intendente eee...— Susurré pensativo, ahora tenía un nombre, algo que podría presionar para poder buscar información. —Bien, ahora vas a de-— Antes de que terminase de hablar las puertas del bar se abrieron, entrando por ellas una muchedumbre furiosa con ganas de que les partiese la cara por lo que parecía al ver sus caras confiadas y amenazantes. —Cobardes de mierda— Dije sin titubeos mientras miraba a mi alrededor.
Mientras los maleantes que entraban en el local se empezaban a formar a mi alrededor, el tipo con el que me enfrentaba atacó sin miramientos, demostrando su naturaleza ruin y sucia. Tras el impacto inicial de los golpes, me dispuse a devolvérselo una vez más, sabiendo que mi fuerza era superior, pero para mi asombro, el cobarde saltó por la ventana, para dejarme en manos de sus secuaces. Esperaba demasiado de una rata, estaba claro que el orgullo y el sentido del deber con tus camaradas, era algo característico de la Marina, no eran cosas que estos tipos pudieran comprender.
Una vez el tipo escapó me vi completamente rodeado, como una miga de pan en la playa siendo vigilada por decenas de gaviotas —Si me dais el paradero de el intendente os dejaré ir— Comenté con confianza, pero mi propuesta solo fue respondida por murmullos y risas que se escuchaban de fondo por el local, eran muchos y eso les daba confianza, una confianza que seguramente desaparecería a medida que los números bajen. Sin esperar a que me ataquen ellos me lancé rápidamente para evitar recibir golpes desde todas las direcciones lanzando a mis enemigos de un lado a otro mientras avanzaba hacia la barra del bar, la cual usé como resguardo para evitar ser abrumado por los números, forzándolos a venir poco a poco y derrumbándolos con facilidad con golpes de mi pinza intercalados con garrotazos que tiñeron la barra de un brillante rojo oscuro en poco tiempo. Sus números bajaron rápidamente, al mismo tiempo que sus voluntades empezaban a quebrarse, miradas entre ellos, dudas, algunos pasos hacia atrás... Era el momento de terminar con ello, con un golpe decisivo, me introduje en mi caparazón al mismo tiempo que empezaba a rodar, llevándome la barra, las personas, las sillas y todo lo que pillase por delante.
Tras este ataque solo quedó uno en pie que había conseguido salir de la trayectoria del ataque, sin espíritu de pelea ninguno se lanzó a por mi, usando una pata de una silla rota como arma. Sin ningún esfuerzo le agarré del cuello con mi pinza y le exigí respuestas, respuestas que en este punto ni siquiera sabía si tenía o no, pero aquí, llegados a este punto, no negociamos con terroristas. —¡¿Donde... Está... El intendente?!— Mis palabras fueron claras y concisas, tenía dos opciones hablar, o que le partiese el cuello. Una vez más había destrozado un bar... —Quizás para la próxima les invite a salir fuera, así me evito problemas...— Mientras esperaba su respuesta pude escuchar como la puerta del bar, que crujía mientras se abría y cerraba... se rompió, cayendo al suelo, como si el destino odiase las puertas de forma implacable
—Hablo—
—Pienso—
Mientras los maleantes que entraban en el local se empezaban a formar a mi alrededor, el tipo con el que me enfrentaba atacó sin miramientos, demostrando su naturaleza ruin y sucia. Tras el impacto inicial de los golpes, me dispuse a devolvérselo una vez más, sabiendo que mi fuerza era superior, pero para mi asombro, el cobarde saltó por la ventana, para dejarme en manos de sus secuaces. Esperaba demasiado de una rata, estaba claro que el orgullo y el sentido del deber con tus camaradas, era algo característico de la Marina, no eran cosas que estos tipos pudieran comprender.
Una vez el tipo escapó me vi completamente rodeado, como una miga de pan en la playa siendo vigilada por decenas de gaviotas —Si me dais el paradero de el intendente os dejaré ir— Comenté con confianza, pero mi propuesta solo fue respondida por murmullos y risas que se escuchaban de fondo por el local, eran muchos y eso les daba confianza, una confianza que seguramente desaparecería a medida que los números bajen. Sin esperar a que me ataquen ellos me lancé rápidamente para evitar recibir golpes desde todas las direcciones lanzando a mis enemigos de un lado a otro mientras avanzaba hacia la barra del bar, la cual usé como resguardo para evitar ser abrumado por los números, forzándolos a venir poco a poco y derrumbándolos con facilidad con golpes de mi pinza intercalados con garrotazos que tiñeron la barra de un brillante rojo oscuro en poco tiempo. Sus números bajaron rápidamente, al mismo tiempo que sus voluntades empezaban a quebrarse, miradas entre ellos, dudas, algunos pasos hacia atrás... Era el momento de terminar con ello, con un golpe decisivo, me introduje en mi caparazón al mismo tiempo que empezaba a rodar, llevándome la barra, las personas, las sillas y todo lo que pillase por delante.
Tras este ataque solo quedó uno en pie que había conseguido salir de la trayectoria del ataque, sin espíritu de pelea ninguno se lanzó a por mi, usando una pata de una silla rota como arma. Sin ningún esfuerzo le agarré del cuello con mi pinza y le exigí respuestas, respuestas que en este punto ni siquiera sabía si tenía o no, pero aquí, llegados a este punto, no negociamos con terroristas. —¡¿Donde... Está... El intendente?!— Mis palabras fueron claras y concisas, tenía dos opciones hablar, o que le partiese el cuello. Una vez más había destrozado un bar... —Quizás para la próxima les invite a salir fuera, así me evito problemas...— Mientras esperaba su respuesta pude escuchar como la puerta del bar, que crujía mientras se abría y cerraba... se rompió, cayendo al suelo, como si el destino odiase las puertas de forma implacable
—Hablo—
—Pienso—
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