11-02-2026, 08:32 PM
(Última modificación: 21-02-2026, 09:55 PM por Dimitri St. George.)
No me apetecía estar allí. Claro que, por lo general, no me apetecía estar en la inmensa mayoría de los encargos que me eran asignados. En especial, cuando la cabeza me mataba. Prefería la tranquilidad del papeleo o tareas de patrullaje sencillas. Aquella era la verdad tras la seriedad de mi semblante, que solía camuflarse bajo el manto de la responsabilidad y el deber. John solía decirme que parecía sorprendentemente profesional en el ámbito laboral. Lo que estaba, en realidad, era profundamente hastiado.
—Por cierto, me alegra tener mi primera misión en la zona contigo. Tenía que decirlo. No me escondo.
La voz de Hae-won rompió el trance en el que me hallaba. Mi atención se centró en ella, de pronto desorientado. Creo que mi mente todavía trataba de encajar su presencia en mi nueva vida, como si continuamente tuviera que recordarme que nada de lo ocurrido hace diez noches había sido solo un sueño; que ella era la única pieza restante de una vida pasada.
—Sí… —murmuré, más débil de lo que habría deseado, aunque pronto sentí sobre las comisuras el atisbo de una sonrisa real—, yo también.
Paseé la vista sobre el terreno árido, aún más apagado por las sombras que proyectaban las nubes y el aura que me llenaba el campo periférico. Contuve las ganas de chascar la lengua. Por inercia, cerré los ojos y me puncé el puente de la nariz. Agradecía que aquel territorio nos ofreciera la ventaja de evitar cualquier tipo de emboscada, ya que no había prácticamente ningún punto bajo el que alguien pudiera resguardarse. Eso me confería cierta tranquilidad. Algo que no podía garantizar de la zona de palmeras que se encontraba a unos metros.
—Si queda algún pirata guarecido, lo más probable es que se encuentre en esa zona de allí. —Señalé hacia el palmeral. Lo cierto es que rezaba para que no quedara un alma en pie—. Lo mismo si nos hubieran visto y decidieran tendernos una emboscada. Dado que tanto tú como yo somos más diestros en la distancia, deberíamos buscar un modo de asegurar la zona antes de adentrarnos allí.
No dije, por supuesto, que no estaba en mi mejor día para disparar.
La única razón por la que había aceptado esta misión sin solicitar el descanso médico, era Hae-won, pero esto también me lo guardé para mí.
Cada pocos metros le hacía un gesto a mi compañera para que hiciéramos una parada técnica en busca de pistas. En alguna ocasión, me agaché con la intención de encontrar alguna irregularidad en la zona: manchas de sangre, rastro de pólvoras, muescas de armas sobre la tierra o incluso alguna marca de botas.
—Permanece atenta por si hubiera algún rastro anómalo que pudiera indicar la presencia de una Akuma.
Tomé entre mis dedos restos de la gravilla del lugar, en un proceso que repetiría en varias zonas durante nuestro avance. Después, otee el horizonte para garantizar que no hubiera riesgo aéreo y localicé un pequeño montículo más elevado que los demás. Lo señalé con la cabeza.
—Podría subir hasta allí para hacer un barrido algo más rápido y general de la zona, en busca de cuerpos. —Me sobrevino un nuevo mareo y me vi obligado a apretar los párpados con fuerza—. O... hacerlo tú. Si te parece bien, claro.
Estaba deseando acabar. Para mi desgracia, apenas empezábamos. Miré a Hae-won mientras me calaba la gorra del uniforme. Los días nublados eran los peores.
—¿Tienes alguna idea o procedimiento que quieras que llevemos a cabo?
—Por cierto, me alegra tener mi primera misión en la zona contigo. Tenía que decirlo. No me escondo.
La voz de Hae-won rompió el trance en el que me hallaba. Mi atención se centró en ella, de pronto desorientado. Creo que mi mente todavía trataba de encajar su presencia en mi nueva vida, como si continuamente tuviera que recordarme que nada de lo ocurrido hace diez noches había sido solo un sueño; que ella era la única pieza restante de una vida pasada.
—Sí… —murmuré, más débil de lo que habría deseado, aunque pronto sentí sobre las comisuras el atisbo de una sonrisa real—, yo también.
Paseé la vista sobre el terreno árido, aún más apagado por las sombras que proyectaban las nubes y el aura que me llenaba el campo periférico. Contuve las ganas de chascar la lengua. Por inercia, cerré los ojos y me puncé el puente de la nariz. Agradecía que aquel territorio nos ofreciera la ventaja de evitar cualquier tipo de emboscada, ya que no había prácticamente ningún punto bajo el que alguien pudiera resguardarse. Eso me confería cierta tranquilidad. Algo que no podía garantizar de la zona de palmeras que se encontraba a unos metros.
—Si queda algún pirata guarecido, lo más probable es que se encuentre en esa zona de allí. —Señalé hacia el palmeral. Lo cierto es que rezaba para que no quedara un alma en pie—. Lo mismo si nos hubieran visto y decidieran tendernos una emboscada. Dado que tanto tú como yo somos más diestros en la distancia, deberíamos buscar un modo de asegurar la zona antes de adentrarnos allí.
No dije, por supuesto, que no estaba en mi mejor día para disparar.
La única razón por la que había aceptado esta misión sin solicitar el descanso médico, era Hae-won, pero esto también me lo guardé para mí.
Cada pocos metros le hacía un gesto a mi compañera para que hiciéramos una parada técnica en busca de pistas. En alguna ocasión, me agaché con la intención de encontrar alguna irregularidad en la zona: manchas de sangre, rastro de pólvoras, muescas de armas sobre la tierra o incluso alguna marca de botas.
—Permanece atenta por si hubiera algún rastro anómalo que pudiera indicar la presencia de una Akuma.
Tomé entre mis dedos restos de la gravilla del lugar, en un proceso que repetiría en varias zonas durante nuestro avance. Después, otee el horizonte para garantizar que no hubiera riesgo aéreo y localicé un pequeño montículo más elevado que los demás. Lo señalé con la cabeza.
—Podría subir hasta allí para hacer un barrido algo más rápido y general de la zona, en busca de cuerpos. —Me sobrevino un nuevo mareo y me vi obligado a apretar los párpados con fuerza—. O... hacerlo tú. Si te parece bien, claro.
Estaba deseando acabar. Para mi desgracia, apenas empezábamos. Miré a Hae-won mientras me calaba la gorra del uniforme. Los días nublados eran los peores.
—¿Tienes alguna idea o procedimiento que quieras que llevemos a cabo?
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