11-02-2026, 08:57 PM
Moja no estaba preparado para la intensidad sincera de aquella alegría contenida, y aun así no retrocedió cuando Seraphine dejó la libreta sobre la mesa y, con una delicadeza que contrastaba con su tamaño, colocó la mano bajo su mentón para alzarle apenas el rostro; por un instante sus ojos dorados se abrieron un poco más de lo habitual, no por molestia sino por sorpresa, pero en lugar de apartarse sostuvo su mirada con una calma consciente, asegurándole sin palabras que no se sentía tratado como una curiosidad ni como algo frágil. Permaneció inmóvil mientras los dedos de ella recorrían sus mejillas, sintiendo el contacto suave sobre el pelaje y la presión cuidadosa que evitaba los bigotes, y aunque su primera reacción instintiva fue tensar apenas los hombros, no por rechazo, sino por la costumbre de no permitir cercanía, pronto esa rigidez se disipó como una exhalación lenta.
El roce detrás de sus orejas lo tomó desprevenido. Sus orejas felinas reaccionaron solas, inclinándose ligeramente hacia el contacto, y un estremecimiento muy sutil recorrió su espalda; no era algo que experimentara con frecuencia, y mucho menos en público, pero había en ese gesto una naturalidad tan limpia que resultaba difícil resistirse. Su cola, que hasta entonces había permanecido quieta junto a la pata de la silla, se movió apenas una vez, traicionando un placer mínimo que él mismo tardó un segundo en reconocer. Cuando notó que algunos mechones habían quedado levantados en una especie de cresta improvisada, la miró con una expresión que rozaba lo incrédulo, y si alguien hubiera observado con suficiente atención habría visto el leve temblor en la comisura de su boca, una casi-sonrisa que no terminaba de formarse.
-No soy bueno recibiendo cumplidos- admitió con voz baja, cuando ella escribió aquello. -No es algo que me hayan dicho muchas veces.-
No sonaba quejoso, solo honesto.
Cuando Seraphine se giró y ofreció sus alas con esa mezcla de orgullo y nerviosismo, Moja dudó un segundo, no por desinterés, sino por respeto, y luego alzó la mano con lentitud para no invadir más de lo necesario. Sus dedos, fuertes y curtidos, tocaron la base de una de las alas con una suavidad inesperada, siguiendo la línea de las plumas con cuidado, como si temiera desordenarlas.
-Son ligeras- murmuró. -Más de lo que imaginaba.-
La textura era distinta al pelaje, más estructurada, más delicada, y aun así sólida. Retiró la mano sin apresurarse, como quien termina de leer una página interesante.
Cuando ella infló las mejillas y se cruzó de brazos, acusándolo de sonar obligado, Moja inclinó apenas la cabeza hacia un lado.
-No estoy obligado- respondió. -Solo… no estoy acostumbrado a hablar con otras personas.-
Había en su tono una franqueza tranquila, sin defensas levantadas.
Ante la pregunta sobre cómo prefería que lo llamara, su mirada se suavizó ligeramente.
-Alejandro es mi nombre- dijo. -Pero casi nadie lo usa. Si lo dices tú… no me molestaría.-
No añadió nada más, pero el simple hecho de ofrecer esa opción tenía peso.
Cuando notó la mirada intensa del jefe sobre ellos y vio cómo ella usaba la libreta como escudo improvisado, Moja desvió brevemente los ojos hacia el hombre, sosteniendo la mirada el tiempo suficiente para dejar claro que no había nada indebido en la escena, y luego volvió a centrarse en Seraphine.
Tomó el menú con calma.
-Pediré el pescado del día, Seraphine- dijo, sin levantar la voz. -Y algo dulce, si tienen.-
Se reclinó ligeramente en la silla, manteniendo una postura relajada que no solía adoptar en lugares públicos, y por primera vez desde que había entrado al restaurante, Moja no parecía un viajero de paso ni un marine fuera de servicio; parecía simplemente un hombre sentado frente a alguien que lo hacía sentirse… menos solo.
El roce detrás de sus orejas lo tomó desprevenido. Sus orejas felinas reaccionaron solas, inclinándose ligeramente hacia el contacto, y un estremecimiento muy sutil recorrió su espalda; no era algo que experimentara con frecuencia, y mucho menos en público, pero había en ese gesto una naturalidad tan limpia que resultaba difícil resistirse. Su cola, que hasta entonces había permanecido quieta junto a la pata de la silla, se movió apenas una vez, traicionando un placer mínimo que él mismo tardó un segundo en reconocer. Cuando notó que algunos mechones habían quedado levantados en una especie de cresta improvisada, la miró con una expresión que rozaba lo incrédulo, y si alguien hubiera observado con suficiente atención habría visto el leve temblor en la comisura de su boca, una casi-sonrisa que no terminaba de formarse.
-No soy bueno recibiendo cumplidos- admitió con voz baja, cuando ella escribió aquello. -No es algo que me hayan dicho muchas veces.-
No sonaba quejoso, solo honesto.
Cuando Seraphine se giró y ofreció sus alas con esa mezcla de orgullo y nerviosismo, Moja dudó un segundo, no por desinterés, sino por respeto, y luego alzó la mano con lentitud para no invadir más de lo necesario. Sus dedos, fuertes y curtidos, tocaron la base de una de las alas con una suavidad inesperada, siguiendo la línea de las plumas con cuidado, como si temiera desordenarlas.
-Son ligeras- murmuró. -Más de lo que imaginaba.-
La textura era distinta al pelaje, más estructurada, más delicada, y aun así sólida. Retiró la mano sin apresurarse, como quien termina de leer una página interesante.
Cuando ella infló las mejillas y se cruzó de brazos, acusándolo de sonar obligado, Moja inclinó apenas la cabeza hacia un lado.
-No estoy obligado- respondió. -Solo… no estoy acostumbrado a hablar con otras personas.-
Había en su tono una franqueza tranquila, sin defensas levantadas.
Ante la pregunta sobre cómo prefería que lo llamara, su mirada se suavizó ligeramente.
-Alejandro es mi nombre- dijo. -Pero casi nadie lo usa. Si lo dices tú… no me molestaría.-
No añadió nada más, pero el simple hecho de ofrecer esa opción tenía peso.
Cuando notó la mirada intensa del jefe sobre ellos y vio cómo ella usaba la libreta como escudo improvisado, Moja desvió brevemente los ojos hacia el hombre, sosteniendo la mirada el tiempo suficiente para dejar claro que no había nada indebido en la escena, y luego volvió a centrarse en Seraphine.
Tomó el menú con calma.
-Pediré el pescado del día, Seraphine- dijo, sin levantar la voz. -Y algo dulce, si tienen.-
Se reclinó ligeramente en la silla, manteniendo una postura relajada que no solía adoptar en lugares públicos, y por primera vez desde que había entrado al restaurante, Moja no parecía un viajero de paso ni un marine fuera de servicio; parecía simplemente un hombre sentado frente a alguien que lo hacía sentirse… menos solo.
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
