—Ay… Uhm…— El gemido se me escapó, los ojos no aguantaron el peso de los párpados, del hipnotismo que creaba su boca cuando descendía y volvía a subir sobre mi cuerpo el cual devoraba sin cesar escuchaba como se deleitaba, lamiendo y chupando, usando sus labios, lengua para rozarlos contra mis tetas, mis pezones. Su peso, su presencia ocupaban demasiado de mi espacio personal como para fingir que no me estaba afectando.
Me dejó respirando hondo, sintiendo un dolor que crecía y me causaba gran frustración. Me descolocaba el como lo hacía, el placer que me daba, aunque pensé que algún castigo me iba a ganar por haberla abofeteado, algún dolor… pero eso nunca llegó, de hecho seguía haciendo cosas ricas y cuando se separó fue para ponerse más loca o igual de loca, preguntándome ¿qué quería de ella? Y me dijo ZORRA DE MIERDA. Abrí los ojos cuando la escuché, pero antes de decirle algo, subió para comerme la boca.
Oh… Vaya… Ah… Así… no… Uhm… Bueno, sí… soy una zorra, puedo ser su zorra… la verdad no suena tan mal. Pensaba mientras estaba sintiendo la intimidad de sus labios que estaban mojados, humedecían los míos. Y aunque me encontraba en la niebla, como pude me di vuelta, enfrentándome nuevamente a la mujer insistente e intensa de un peligroso deseo que en cualquier momento iba a aceptar disfrutar.
La llevé a la cama, subiéndome sobre sus muslos. —¿A-ah? ¿Las mujeres no… ¿solo aman?… Entonces esto lo podemos seguir haciendo…— no alcancé a completar la idea, sentí de nuevo su boca comiendo mis pechos y por cada sensación mis dedos se anclaban contra la sábana, pero estaba aprendiendo algo nuevo que no sabía, aunque no debería creerle a esta mujer vagabunda, suena bonito que una mujer esté hecha para amar… pero eso también significa que podía odiar, sin embargo, no la odiaba, ¿por qué la odiaría si me tiene haciendo sentir tantas cosas a la vez?
Ya era libre y no tenía que ponerme más reglas.
Tras sus últimas palabras quedé completamente loca. Si seguía hablando de amor y del corazón ya me tenía para ella, ya no importaba, ya era suya. Su mano se hizo dueña de mis muslos, para moverme, atraerme hacia ella y con su otra mano me hizo mirar al cielo —Uhmm— en la posición que estaba mientras sus manos pasaban sobre los labios, me quejaba.
Luego fui envuelta en sus brazos, tratada de cierta forma con calidez vi su rostro con una sonrisa que me hizo llenar mucho más que cualquier dedo o lengua que pudiese meter dentro de mi boca o dentro de… lo que la otra mujer busca. Mis nervios seguían allí, intactos, pero los ojos llorosos no formaron lágrimas, brillaban por la libertad y de las ganas que la mujer le estaba provocando
—¡¿Tuya?!— pregunte atontada, con las mejillas rojas. La mujer hablaba suave mientras pedía lo suyo —Oh.. si, soy tuya, ¿no quieres que me vaya? ¿Quieres que tu zorrita se quede? Uhm… ¿matarme? Puedes hacerlo, hazlo, quiero me mates ahora mismo, si si hazme adicta, por favor— murmure como idiota, mientras volvía a ser comida por la boca, mis pechos podían seguir aguantando de sus caricias, pero de repente su otra mano entró en mi, sus dedos se sentían como si ocupaban todo de mí y querían arrancarme el corazón.
Mi cuerpo se apretó por dentro de mi vagina mientras mojaba los dedos ajenos y quien seguía pidiendo más y más —Si, lo que tú digas, lo haré porque… Me haces tan mal…— de repente sonreí con tanto placer que mis palabras salían con naturalidad —Muy mal.—. Mi mano bajó acariciando el brazo de ella hasta sentir su mano y sus dedos… luego la acerque hasta su intimidad, su vagina, sus labios hinchados, mis dedos se encontraron con un charco de fluidos, haciendo que su piel y la entrada fuese tan suave… Que decidí meter uno de mis dedos hasta el fondo y moverlo para acariciar su carne tan apretada como la mía.
Bese sus labios y aunque me tenía a un lado sufriendo de su penetración, saque su mano de mi y vi sus dedos bañados de mi virginidad —Ay… te queda bien, como anillo jisjisjis— sonreí y usé mi cuerpo para ponerme sobre ella, separando sus las suyas, y las entrelacé para que mi vagina quedara pegada sobre la suya, las dos mojadas compartiendo fluidos era algo que estaba deseando. Me erguí un poco, casi sentada sobre ella, mire como estábamos unidas —Encajamos ¿no te parece rico?— le digo mientras muevo suavemente las caderas, pero con mucha timidez mientras mis manos acarician sus costillas y suben hasta sus pechos, agarrándolos con suavidad hasta con tal fuerza que daban ganas de sacárselas. Mis labios descendieron, imitando lo que ella me había hecho antes, dejando besos lentos, exploratorio para comerle los pezones, comía uno y luego otro, los chupaba hasta tirarlos y soltarlos. Después mordía con suavidad alrededor de sus pechos y me encantaba tanto su cuerpo lleno de marcas que la encontraba más hermosa.
Subo el rostro hasta la muchacha de pelo verde, mi cabello rubio cae sobre su rostro y sin filtro alguno suelto lo que la otra estaba esperando. —Te amo— le susurro cerca de su boca esas palabras que no cuestan mucho decir cuando se esta en pleno… extasis… pero no había nadie más a quien se lo habia dicho. La tenía allí pero sin aun besarla, solo me quedaba quieta, observándola y una de mis manos sube para agarrarla de la mandíbula, apretando sus suaves y blandas mejillas, sin tanta fuerza.
Me dejó respirando hondo, sintiendo un dolor que crecía y me causaba gran frustración. Me descolocaba el como lo hacía, el placer que me daba, aunque pensé que algún castigo me iba a ganar por haberla abofeteado, algún dolor… pero eso nunca llegó, de hecho seguía haciendo cosas ricas y cuando se separó fue para ponerse más loca o igual de loca, preguntándome ¿qué quería de ella? Y me dijo ZORRA DE MIERDA. Abrí los ojos cuando la escuché, pero antes de decirle algo, subió para comerme la boca.
Oh… Vaya… Ah… Así… no… Uhm… Bueno, sí… soy una zorra, puedo ser su zorra… la verdad no suena tan mal. Pensaba mientras estaba sintiendo la intimidad de sus labios que estaban mojados, humedecían los míos. Y aunque me encontraba en la niebla, como pude me di vuelta, enfrentándome nuevamente a la mujer insistente e intensa de un peligroso deseo que en cualquier momento iba a aceptar disfrutar.
La llevé a la cama, subiéndome sobre sus muslos. —¿A-ah? ¿Las mujeres no… ¿solo aman?… Entonces esto lo podemos seguir haciendo…— no alcancé a completar la idea, sentí de nuevo su boca comiendo mis pechos y por cada sensación mis dedos se anclaban contra la sábana, pero estaba aprendiendo algo nuevo que no sabía, aunque no debería creerle a esta mujer vagabunda, suena bonito que una mujer esté hecha para amar… pero eso también significa que podía odiar, sin embargo, no la odiaba, ¿por qué la odiaría si me tiene haciendo sentir tantas cosas a la vez?
Ya era libre y no tenía que ponerme más reglas.
Tras sus últimas palabras quedé completamente loca. Si seguía hablando de amor y del corazón ya me tenía para ella, ya no importaba, ya era suya. Su mano se hizo dueña de mis muslos, para moverme, atraerme hacia ella y con su otra mano me hizo mirar al cielo —Uhmm— en la posición que estaba mientras sus manos pasaban sobre los labios, me quejaba.
Luego fui envuelta en sus brazos, tratada de cierta forma con calidez vi su rostro con una sonrisa que me hizo llenar mucho más que cualquier dedo o lengua que pudiese meter dentro de mi boca o dentro de… lo que la otra mujer busca. Mis nervios seguían allí, intactos, pero los ojos llorosos no formaron lágrimas, brillaban por la libertad y de las ganas que la mujer le estaba provocando
—¡¿Tuya?!— pregunte atontada, con las mejillas rojas. La mujer hablaba suave mientras pedía lo suyo —Oh.. si, soy tuya, ¿no quieres que me vaya? ¿Quieres que tu zorrita se quede? Uhm… ¿matarme? Puedes hacerlo, hazlo, quiero me mates ahora mismo, si si hazme adicta, por favor— murmure como idiota, mientras volvía a ser comida por la boca, mis pechos podían seguir aguantando de sus caricias, pero de repente su otra mano entró en mi, sus dedos se sentían como si ocupaban todo de mí y querían arrancarme el corazón.
Mi cuerpo se apretó por dentro de mi vagina mientras mojaba los dedos ajenos y quien seguía pidiendo más y más —Si, lo que tú digas, lo haré porque… Me haces tan mal…— de repente sonreí con tanto placer que mis palabras salían con naturalidad —Muy mal.—. Mi mano bajó acariciando el brazo de ella hasta sentir su mano y sus dedos… luego la acerque hasta su intimidad, su vagina, sus labios hinchados, mis dedos se encontraron con un charco de fluidos, haciendo que su piel y la entrada fuese tan suave… Que decidí meter uno de mis dedos hasta el fondo y moverlo para acariciar su carne tan apretada como la mía.
Bese sus labios y aunque me tenía a un lado sufriendo de su penetración, saque su mano de mi y vi sus dedos bañados de mi virginidad —Ay… te queda bien, como anillo jisjisjis— sonreí y usé mi cuerpo para ponerme sobre ella, separando sus las suyas, y las entrelacé para que mi vagina quedara pegada sobre la suya, las dos mojadas compartiendo fluidos era algo que estaba deseando. Me erguí un poco, casi sentada sobre ella, mire como estábamos unidas —Encajamos ¿no te parece rico?— le digo mientras muevo suavemente las caderas, pero con mucha timidez mientras mis manos acarician sus costillas y suben hasta sus pechos, agarrándolos con suavidad hasta con tal fuerza que daban ganas de sacárselas. Mis labios descendieron, imitando lo que ella me había hecho antes, dejando besos lentos, exploratorio para comerle los pezones, comía uno y luego otro, los chupaba hasta tirarlos y soltarlos. Después mordía con suavidad alrededor de sus pechos y me encantaba tanto su cuerpo lleno de marcas que la encontraba más hermosa.
Subo el rostro hasta la muchacha de pelo verde, mi cabello rubio cae sobre su rostro y sin filtro alguno suelto lo que la otra estaba esperando. —Te amo— le susurro cerca de su boca esas palabras que no cuestan mucho decir cuando se esta en pleno… extasis… pero no había nadie más a quien se lo habia dicho. La tenía allí pero sin aun besarla, solo me quedaba quieta, observándola y una de mis manos sube para agarrarla de la mandíbula, apretando sus suaves y blandas mejillas, sin tanta fuerza.
