12-02-2026, 03:21 PM
El criminal suplicó por su vida previamente a soltar información, recordándome cómicamente a lo que pasó la vez anterior en "El Bar Sin Pelo" Aquellos se jactaron de su lema "Leales siempre, traidores nunca" Pero solo bastó con romper unos huesos aquí y allá para obedecer tranquilamente. En este caso fue similar, pero en lugar de sentir desprecio, esta vez me dio penilla, no era un grupo fuertemente organizado, se sentía como si fuese un pobretico al que han engañado con la promesa de ganar dinero fácil, un cordero descarriado. —Bien, gracias por su colaboración— Dije, una vez le aflojé el agarre permitiéndole respirar con normalidad. —Pero esperarás aquí a que lleguen los refuerzos de la Marina, no te haré daño, pero debes pagar tus crímenes jajaja— Era lo justo, creía de corazón en la justicia amable, el lugar de los criminales es la cárcel, no el cementerio, aunque a veces no se puede evitar.
Lo que quedaba de la puerta crujió una vez más de forma estridente, un chirrío que chocaba de bruces con el silencio implacable que asolaba el bar en ese momento. Me giré velozmente, preparado para enfrentar a más enemigos, estaba fresco y listo para la acción, pero para mi sorpresa eran los refuerzos, que no se hicieron tardar en llegar, no esperaba menos de los cuerpos de la Marina, siempre preparados, siempre eficientes, listos para auxiliar en nombre del bien y la justicia.
Lo primero que hice al percatarme de que eran cuerpos de la Marina fue mirar al hombre que tenía agarrado del cuello, miré al hombre y miré a mis compañeros, repitiendo dos veces la misma acción. El oficial recriminó mi forma violenta de actuar, estaba claro, aún me faltaba mucho por mejorar... Solté al momento al piltrafilla, dejando que cayese al suelo con suavidad, cancelé mi transformación y me cuadré en una postura de saludo militar, saludando llevándome mi pinza a la frente. —¡Mis disculpas señor! Se me complicaron las cosas... Jeje— Mientras hablaba, mi recta postura cedió a una más relajada y mi pinza que efectuaba el saludo, pasó a rascar mi cabeza justo bajo mi gorra haciendo visible la vergüenza que me daba mi falta de habilidad. Mientras los reclutas aseguraban a los criminales, compartí la información de lo sucedido con el oficial, tanto los detalles del altercado, como la información que uno de ellos me facilitó. Mientras discutíamos los detalles le pedí consejos para salir con vida de la charla con el capitán, el presupuesto de reparaciones no era ninguna broma, y las broncas de los superiores menos.
Una vez todos los detalles amarrados salí del bar y me encaminé al cuartel, donde mi cama me esperaba, lista para recibirme después de un largo y duro día de trabajo. Mi adrenalina bajaba a medida que me ponía cada vez más contento, al ser consciente de que había podido completar con éxito la misión y con el objetivo claro de ir a por el líder de los delincuentes en cuanto me diesen luz verde desde el cuartel.
Lo que quedaba de la puerta crujió una vez más de forma estridente, un chirrío que chocaba de bruces con el silencio implacable que asolaba el bar en ese momento. Me giré velozmente, preparado para enfrentar a más enemigos, estaba fresco y listo para la acción, pero para mi sorpresa eran los refuerzos, que no se hicieron tardar en llegar, no esperaba menos de los cuerpos de la Marina, siempre preparados, siempre eficientes, listos para auxiliar en nombre del bien y la justicia.
Lo primero que hice al percatarme de que eran cuerpos de la Marina fue mirar al hombre que tenía agarrado del cuello, miré al hombre y miré a mis compañeros, repitiendo dos veces la misma acción. El oficial recriminó mi forma violenta de actuar, estaba claro, aún me faltaba mucho por mejorar... Solté al momento al piltrafilla, dejando que cayese al suelo con suavidad, cancelé mi transformación y me cuadré en una postura de saludo militar, saludando llevándome mi pinza a la frente. —¡Mis disculpas señor! Se me complicaron las cosas... Jeje— Mientras hablaba, mi recta postura cedió a una más relajada y mi pinza que efectuaba el saludo, pasó a rascar mi cabeza justo bajo mi gorra haciendo visible la vergüenza que me daba mi falta de habilidad. Mientras los reclutas aseguraban a los criminales, compartí la información de lo sucedido con el oficial, tanto los detalles del altercado, como la información que uno de ellos me facilitó. Mientras discutíamos los detalles le pedí consejos para salir con vida de la charla con el capitán, el presupuesto de reparaciones no era ninguna broma, y las broncas de los superiores menos.
Una vez todos los detalles amarrados salí del bar y me encaminé al cuartel, donde mi cama me esperaba, lista para recibirme después de un largo y duro día de trabajo. Mi adrenalina bajaba a medida que me ponía cada vez más contento, al ser consciente de que había podido completar con éxito la misión y con el objetivo claro de ir a por el líder de los delincuentes en cuanto me diesen luz verde desde el cuartel.
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