13-02-2026, 12:56 AM
(Última modificación: 13-02-2026, 01:06 AM por Akira Raito.)
La patada de Enji al exsargento Maracai Bo, más que una agresión directa, se quedó en un intento absurdo de tirar la misión por la borda. Y Akira estaba dispuesto a ayudarle con una de sus controladas patadas, combinando los dos ataques hacia aquel desquiciado y lunático fanático de lo sexual, digo, de una justicia pervertida por unos ideales radicales carentes de empatía. Una justicia que realmente no discriminaba, pues quería a todos muertos.
Al parecer de Akira, y aunque él pudiera defender el ojo por ojo, no era lo mismo matar a un ladrón que a un terrorista. Hay niveles. Y aunque ellos fueran marines: la justicia, tenían unas normas y debían de cumplirlas. Si no, cualquiera bajo su propio criterio podría hacer lo que le diera la gana y ponerse la medallita de “buena gente”. Esta persona realmente era peligrosa, y no por la fuerza que pudiera tener, sino por su poder de convicción.
Y con rapidez y de entre la maleza, aparecieron cuatro figuras de cuatro chavalines armados y dispuestos a defender al prisionero con sus vidas. Prácticamente acababan de salir de huevo, aunque eso no quitaba que llevaran más tiempo en la Marina que el intento de navegante, y tal vez incluso más vocación. Al fin y al cabo, Akira estaba ahí por hacer el bien mientras viaja, y la chapita y el uniforme eran la mejor manera de conseguirlo, o al menos, la que el consideraba más honesta.
Lo disfrutaba, disfrutaba de ser marine, pero estos cuatro eran un caso aparte. ¿De dónde venía tanto fanatismo por este delincuente? ¿Se olvidaban que había matado a quien le parecía bajo su criterio de justicia? Ah no, cierto, esos datos eran “confidenciales”. Para estos chicos, Maracai Bo era simplemente un marine condenado injustamente… Pero si todos sus discursos habían sido de esta manera… Algún tocado tenían que tener.
Akira se encontraba frente a una chica de estatura similar y cuerpo delgado, bastante rápida como había podido ver al saltar de la nada e interponerse entre él y Douglas, teniendo el tiempo suficiente como para, además, desenvainar su espada y apuntarle con ella en posición de guardia firme. No era arrogante como le habían podido parecer el resto de muchachos que se encontraban rodeando a sus compañeros y al prisionero. Al final Akira no podía evitar poner la oreja en conversaciones ajenas, aunque estaban todos en grupo, así que empezó su discurso respondiéndoles uno a uno.
—Sabrás tú lo que dice la misión, ni siquiera se menciona el nombre de este tipo… Listo, que eres muy listo, y para tu información, te cito textualmente: “se autoriza el uso de fuerza proporcional y decisiva”. Tira máquina, sigue intentándolo —defendió a Enji siguiendo su risa para después dejarle expresar al pelirrojo lo que pensaba y contestarle al siguiente, el que llamó cangrezilla a Juan. Realmente era un buen apodo para un cangrejo-tortuga.
—No si yo opino igual… Pobre mono tío, Juan, ya te vale —pero las amenazas siguientes sí que no le hicieron gracia ninguna, aunque esto ya se lo dejaba a su amigo. Y justo después, la que enfrentaba a Sigrid se aventuró a decir que el error no era de Douglas, sino de la propia Marina.
—Mira ya no me puedo callar más, ya está bien… ¿Sois tontos? ¿Os gusta ser tontos? Esta persona ha matado, da igual a quién, también es un asesino. ¿Vuestra justicia divina defiende asesinos? Ahhh claaaro, que si matan a quien me parece bien a mi, entonces no pasa naaaada. ¡¡SOIS SUBNORMALES!! —gritó fuerte para que aquella chica de brazos ortopédicamente largos pudiera escucharlo.
—¡¡¿QUÉ OS DIFERENCIA DE LOS PIRATAS ACTUANDO ASÍ?!! ¡¡VENGA, DECIDMELO!!
—Y tú, espadachina, no te preocupes, la verdad que no tengo intención de atacar a nadie, pero esta movida vuestra de “si no opinas igual que yo eres malo”, no me mola un pelo. Sois más jóvenes que nosotros incluso, y os estáis echando a perder como un yonkie vagabundo en una boca de metro llena de mierda, y todo por vuestro fanatismo enfermizo a este hombre, que ya me diréis lo que habrá hecho por vosotros… Y no me vale que os diera caramelos y os saludara cuando os comíais los mocos. Eso no es ser un héroe, lo hace hasta el pescatero del pueblo.
—Ejem, ejem… Tal vez he sonado algo brusco, es que me he encendido, mis disculpas. Muchachos, Douglas, Georgie —miró a cada uno con un leve gesto de cabeza, sin quitarles ojo. Si realmente eran tan fanáticos de este hombre, las palabras del joven marine seguramente habrían despertado algún tipo de ira contenida, pero a Douglas le gustaba hablar, y a Akira también.
Al parecer de Akira, y aunque él pudiera defender el ojo por ojo, no era lo mismo matar a un ladrón que a un terrorista. Hay niveles. Y aunque ellos fueran marines: la justicia, tenían unas normas y debían de cumplirlas. Si no, cualquiera bajo su propio criterio podría hacer lo que le diera la gana y ponerse la medallita de “buena gente”. Esta persona realmente era peligrosa, y no por la fuerza que pudiera tener, sino por su poder de convicción.
Y con rapidez y de entre la maleza, aparecieron cuatro figuras de cuatro chavalines armados y dispuestos a defender al prisionero con sus vidas. Prácticamente acababan de salir de huevo, aunque eso no quitaba que llevaran más tiempo en la Marina que el intento de navegante, y tal vez incluso más vocación. Al fin y al cabo, Akira estaba ahí por hacer el bien mientras viaja, y la chapita y el uniforme eran la mejor manera de conseguirlo, o al menos, la que el consideraba más honesta.
Lo disfrutaba, disfrutaba de ser marine, pero estos cuatro eran un caso aparte. ¿De dónde venía tanto fanatismo por este delincuente? ¿Se olvidaban que había matado a quien le parecía bajo su criterio de justicia? Ah no, cierto, esos datos eran “confidenciales”. Para estos chicos, Maracai Bo era simplemente un marine condenado injustamente… Pero si todos sus discursos habían sido de esta manera… Algún tocado tenían que tener.
Akira se encontraba frente a una chica de estatura similar y cuerpo delgado, bastante rápida como había podido ver al saltar de la nada e interponerse entre él y Douglas, teniendo el tiempo suficiente como para, además, desenvainar su espada y apuntarle con ella en posición de guardia firme. No era arrogante como le habían podido parecer el resto de muchachos que se encontraban rodeando a sus compañeros y al prisionero. Al final Akira no podía evitar poner la oreja en conversaciones ajenas, aunque estaban todos en grupo, así que empezó su discurso respondiéndoles uno a uno.
—Sabrás tú lo que dice la misión, ni siquiera se menciona el nombre de este tipo… Listo, que eres muy listo, y para tu información, te cito textualmente: “se autoriza el uso de fuerza proporcional y decisiva”. Tira máquina, sigue intentándolo —defendió a Enji siguiendo su risa para después dejarle expresar al pelirrojo lo que pensaba y contestarle al siguiente, el que llamó cangrezilla a Juan. Realmente era un buen apodo para un cangrejo-tortuga.
—No si yo opino igual… Pobre mono tío, Juan, ya te vale —pero las amenazas siguientes sí que no le hicieron gracia ninguna, aunque esto ya se lo dejaba a su amigo. Y justo después, la que enfrentaba a Sigrid se aventuró a decir que el error no era de Douglas, sino de la propia Marina.
—Mira ya no me puedo callar más, ya está bien… ¿Sois tontos? ¿Os gusta ser tontos? Esta persona ha matado, da igual a quién, también es un asesino. ¿Vuestra justicia divina defiende asesinos? Ahhh claaaro, que si matan a quien me parece bien a mi, entonces no pasa naaaada. ¡¡SOIS SUBNORMALES!! —gritó fuerte para que aquella chica de brazos ortopédicamente largos pudiera escucharlo.
—¡¡¿QUÉ OS DIFERENCIA DE LOS PIRATAS ACTUANDO ASÍ?!! ¡¡VENGA, DECIDMELO!!
—Y tú, espadachina, no te preocupes, la verdad que no tengo intención de atacar a nadie, pero esta movida vuestra de “si no opinas igual que yo eres malo”, no me mola un pelo. Sois más jóvenes que nosotros incluso, y os estáis echando a perder como un yonkie vagabundo en una boca de metro llena de mierda, y todo por vuestro fanatismo enfermizo a este hombre, que ya me diréis lo que habrá hecho por vosotros… Y no me vale que os diera caramelos y os saludara cuando os comíais los mocos. Eso no es ser un héroe, lo hace hasta el pescatero del pueblo.
—Ejem, ejem… Tal vez he sonado algo brusco, es que me he encendido, mis disculpas. Muchachos, Douglas, Georgie —miró a cada uno con un leve gesto de cabeza, sin quitarles ojo. Si realmente eran tan fanáticos de este hombre, las palabras del joven marine seguramente habrían despertado algún tipo de ira contenida, pero a Douglas le gustaba hablar, y a Akira también.
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