13-02-2026, 01:38 AM
(Última modificación: 13-02-2026, 01:40 AM por Nyra Kuroshiro.)
Rey y reina conquistan esa zona de baile con pasos a modo de ejército y miradas atrevidas que viajan como flechas.
Sin embargo, el verdadero objetivo es quien se lleva su auténtica atención.
El castaño de de pelo rizado era el monarca de su propio territorio y contaba con su propia pequeña corte a su alrededor. ¿Concubina y guardián? Independientemente del caso, los visitantes pedían audiencia con regalos de oro y alcohol a cambio de pequeños obsequios al ganarse su favor.
Cara a cara, rostro a rostro, todos ellos desfilaban por mi memoria aun si no llegaba a escuchar nada de lo que pudieran hablar.
Una vez más, el moreno toma la iniciativa y sonrío para confirmar que me ha leído la mente una vez más.
―Ya pensaba que no lo dirías nunca, mi rey ―ronroneo casi apoyando mi rostro sobre su torso, dejándome abrazar por la cintura. Cuando tras la caricia en la mejilla noté el ademán de darme un beso en ella, giré el rostro para que mis labios quedaran en la misma dirección que los de él. Sin embargo, un dedo se posó sobre los suyos mientras los míos dibujaban una sonrisa taimada―. No, no, nada de premios hasta que consiga mi regalito ―río divertida, separándome de él para volver a tomarlo del brazo y, esta vez sí, dirigirnos hacia la barra―. Si me consigues lo que quiero, esta noche lo tendrás tooodo de mí~.
«¿Un beso en la mejilla? ¡¿En serio?!» exclamaba para mis adentros en un pensamiento que, mirando mi rostro, nadie podría adivinar. «Si a estas alturas no nos morreamos hasta ahogarnos con la lengua del otro, ¡nadie se lo iba a tragar!». Y, por supuesto, no es algo que esté dispuesta a hacer esta noche si puedo evitarlo.
Una vez en la barra, ordeno las mismas bebidas que había notado que solía servirles la chica que siempre estaba con el castaño. Las más caras de ellas. Yo pedí dos piñas coladas sin alcohol: una para mí y otra para la otra chica acompañante. Como ella no había bebido nada en toda la noche, supuse que tendría sed y que tampoco le gustaría el alcohol o no tendría permitido beberlo. Esperé a que Kael pidiera lo que a él le apeteciese y dejé que llevara esas tres bebidas hasta la mesa objetivo: una para él, otra para el castaño y otra para el compañero de este último.
Apenas tardamos unos minutos en estar listos e ir hasta allí.
―¡Hola! ―saludo alegremente dejando mis dos bebidas en la mesa en cuestión al tiempo que ocupo uno de los asientos―. Me llamo Daphnel, y este es mi novio, Reyson. ¿Podemos invitaros a un trago? ―inquiero mientras paso una de las piñas coladas a la mujer. Quizás no le dejaran tomársela, pero cualquiera de los resultados nos daría más información sobre la relación entre ella y los otros sujetos, por lo que estaba muy atenta a todos los allí presentes, pero especialmente a esos tres―. Mi amor tiene un regalito extra, por supuesto~.
Mis ojos se dirigieron de inmediato a mi compañero, observándolo con expectante admiración al tiempo que mi cola se mecía en curiosidad.
La Marina nos había dejado un buen dinero para poder realizar de manera satisfactoria la misión. Después de todo, si descubríamos el pastel, terminarían ganando muchísimo más.
