13-02-2026, 05:30 AM
El muelle de comerciantes de Baquella ardía con ferocidad, devorando cuanto encontraba a su paso los puestos, pasarelas y cargamentos que jamás alcanzarían la cubierta de los barcos. Las voces humanas se mezclaban con el crepitar de la madera, cada quien intentando rescatar algo… o simplemente rescatarse a sí mismo. La preocupación me oprimía el pecho; mi hermano estaba al otro lado de aquel muro incandescente de fuego vivo, y cada avance de las llamas obligaba a mis pasos a retroceder. ¿Debía cruzar el fuego y alcanzar la otra parte del muelle?, pero… ya no quedaba sendero alguno por donde avanzar, solo un límite ardiente que parecía negarse a dejarme elegir.
—-*¿Qué hago?.* —- Pensé, con cierto miedo reflejado en mi cuerpo, puesto que temblaba ante el pánico y ansiedad colectiva. Y yo también, me consumí en la desesperación, y no pensé con claridad ante lo que mis ojos estaban viendo, ni me percataba del terror de las personas.
Volví a la realidad al escuchar su grito. Era él, otra vez atrapado en su propio abismo, el chico de los ojos carmesí, consumido por el pánico y el miedo. Logró sacarme de mis pensamientos y de mis dudas, fue mi anclaje de nuevo a la realidad. Se encontraba en el suelo, arrastrándose con torpeza, intentando huir del cerco de fuego, como si el fuego no solo quemara la madera, sino, también aquello que habitaba dentro de él.
—¿Que suced…? — No terminé de preguntar porque en ese momento lo vi más temeroso que antes conforme la llamas del puerto crecían más y más, extendiéndose a las embarcaciones. Huyó a rastras,con una prisa desesperada que en segundos lo arrancó de mi lado. A la distancia alcanzó la desembocadura de la costa, y sin dudarlo, se dejó caer dentro del manto oscuro del mar, dejándose cubrir por la superficie del banco de arena y el agua.
Mis pies avanzaron hacia él, asombrada de su reacción. ¿Le temía al fuego?, ¿A los gritos?, ¿Se había herido?, ¿Porque tenía sangre?. Apresuré el paso casi sin darme cuenta, la urgencia de encontrarlo me empujaba. Tenía que ayudarle…—- Oye… —- Músite cuando finalmente lo alcancé. Estaba débil, deshecho, como si el mundo hubiese pasado por encima de su realidad. Jadeaba con miedo, temblaba, aferrándose a sí mismo en un intento de alejarse de todo esto. Sentí que, si lo tocaba sin cuidado, podría detonar un sentimiento aún más profundo.
El incendio continuaba creciendo, pero ahora los gritos los escuchaba más lejos, diluidos por la distancia. Pero mi atención y mi mirada le pertenecían a él. Me arrodillé a penas tuve la oportunidad de colocarme a su lado, dejando que la falda de mi vestido se empapará con la fría temperatura del agua. —-¿Estás bien?.
Pregunté pero sabía que no habría respuesta alguna. No pertenecía a su mundo. Traté de consolarle, de llamarlo y tratar de hacer contacto visual, quería calmarlo con hacerle sentir mi presencia. Pero no creo que nada de eso surta efecto. Guarde silencio, y estando ahí, a su lado, no supe qué hacer.
Así que simplemente, como si ese fuera la única manera de darle consuelo, y cura a su alma, intenté abrazarle. Su dolor no era mio, pero me importaba más sacarlo de ahi. De ese mundo hecho ruinas. — Ya pasará, todo lo malo…ya pasará.
—-*¿Qué hago?.* —- Pensé, con cierto miedo reflejado en mi cuerpo, puesto que temblaba ante el pánico y ansiedad colectiva. Y yo también, me consumí en la desesperación, y no pensé con claridad ante lo que mis ojos estaban viendo, ni me percataba del terror de las personas.
Volví a la realidad al escuchar su grito. Era él, otra vez atrapado en su propio abismo, el chico de los ojos carmesí, consumido por el pánico y el miedo. Logró sacarme de mis pensamientos y de mis dudas, fue mi anclaje de nuevo a la realidad. Se encontraba en el suelo, arrastrándose con torpeza, intentando huir del cerco de fuego, como si el fuego no solo quemara la madera, sino, también aquello que habitaba dentro de él.
—¿Que suced…? — No terminé de preguntar porque en ese momento lo vi más temeroso que antes conforme la llamas del puerto crecían más y más, extendiéndose a las embarcaciones. Huyó a rastras,con una prisa desesperada que en segundos lo arrancó de mi lado. A la distancia alcanzó la desembocadura de la costa, y sin dudarlo, se dejó caer dentro del manto oscuro del mar, dejándose cubrir por la superficie del banco de arena y el agua.
Mis pies avanzaron hacia él, asombrada de su reacción. ¿Le temía al fuego?, ¿A los gritos?, ¿Se había herido?, ¿Porque tenía sangre?. Apresuré el paso casi sin darme cuenta, la urgencia de encontrarlo me empujaba. Tenía que ayudarle…—- Oye… —- Músite cuando finalmente lo alcancé. Estaba débil, deshecho, como si el mundo hubiese pasado por encima de su realidad. Jadeaba con miedo, temblaba, aferrándose a sí mismo en un intento de alejarse de todo esto. Sentí que, si lo tocaba sin cuidado, podría detonar un sentimiento aún más profundo.
El incendio continuaba creciendo, pero ahora los gritos los escuchaba más lejos, diluidos por la distancia. Pero mi atención y mi mirada le pertenecían a él. Me arrodillé a penas tuve la oportunidad de colocarme a su lado, dejando que la falda de mi vestido se empapará con la fría temperatura del agua. —-¿Estás bien?.
Pregunté pero sabía que no habría respuesta alguna. No pertenecía a su mundo. Traté de consolarle, de llamarlo y tratar de hacer contacto visual, quería calmarlo con hacerle sentir mi presencia. Pero no creo que nada de eso surta efecto. Guarde silencio, y estando ahí, a su lado, no supe qué hacer.
Así que simplemente, como si ese fuera la única manera de darle consuelo, y cura a su alma, intenté abrazarle. Su dolor no era mio, pero me importaba más sacarlo de ahi. De ese mundo hecho ruinas. — Ya pasará, todo lo malo…ya pasará.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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