07-11-2023, 06:39 PM
Día setenta y nueve. Nueve de la mañana. Hace un sol intenso.
Han pasado dos días desde que Irina y Daryl se juntaran con Alzeid. Una vez llegados al puerto, terminaron por alquilar un par de habitaciones que Irina pagó de su propio bolsillo, era su misión, bueno y la de Daryl también, aunque la del hombretón siempre era la que tenía Irina, inseparables. Por otro lado estaba el nuevo agente, qué menos que pagarle una habitación. Para que el querido lector no se vuelva loco, Daryl durmió en el suelo, mientras que Irina lo hizo en la cama con la mayoría de lujos a su alcance, que iba de una manta calentita y poco más. Por la conversación que tuvieron la noche anterior, Irina propuso que se vieran en el local de debajo del hostal, donde había un bar que abría a una temprana hora.
Allí estaba Irina, vestida con una holgada camisa blanquecina, pantalón muy corto, también blanco, sandalias azules y una pamela increíblemente excéntrica, pero que podría encajar con la de cualquier turista. Tenían que pasar desapercibidos. Estaba tomándose un té con aroma a nueces. En la mesa dos platos con tostadas recién sacadas de la plancha, aguacate, aceite de oliva y un toque de sangre fresca. Sí, sangre. ¿Que de donde la sacaba? era una gran pregunta. La Volkov solía llevar pequeños frascos con diversos tipos de sangre para aderezar sus comidas. Juntaba el líquido carmesí con diversas especias para poder tragar la sangre en público sin llamar la atención de algún curioso.
Mordisco. — La de adolescentes es la mejor. — Susurró para sí misma.
Han pasado dos días desde que Irina y Daryl se juntaran con Alzeid. Una vez llegados al puerto, terminaron por alquilar un par de habitaciones que Irina pagó de su propio bolsillo, era su misión, bueno y la de Daryl también, aunque la del hombretón siempre era la que tenía Irina, inseparables. Por otro lado estaba el nuevo agente, qué menos que pagarle una habitación. Para que el querido lector no se vuelva loco, Daryl durmió en el suelo, mientras que Irina lo hizo en la cama con la mayoría de lujos a su alcance, que iba de una manta calentita y poco más. Por la conversación que tuvieron la noche anterior, Irina propuso que se vieran en el local de debajo del hostal, donde había un bar que abría a una temprana hora.
Allí estaba Irina, vestida con una holgada camisa blanquecina, pantalón muy corto, también blanco, sandalias azules y una pamela increíblemente excéntrica, pero que podría encajar con la de cualquier turista. Tenían que pasar desapercibidos. Estaba tomándose un té con aroma a nueces. En la mesa dos platos con tostadas recién sacadas de la plancha, aguacate, aceite de oliva y un toque de sangre fresca. Sí, sangre. ¿Que de donde la sacaba? era una gran pregunta. La Volkov solía llevar pequeños frascos con diversos tipos de sangre para aderezar sus comidas. Juntaba el líquido carmesí con diversas especias para poder tragar la sangre en público sin llamar la atención de algún curioso.
Mordisco. — La de adolescentes es la mejor. — Susurró para sí misma.
