Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.]
#25
El acero vibró en el aire cuando ambas alabardas chocaron, el impacto recorrió los brazos de Sigrid como un latigazo que no la hizo ceder, pero sí la obligó a afirmar mejor los pies contra la tierra removida, cuando retrocedió dos pasos no fue por debilidad, sino para medir distancia, ángulo y respiración, plantándose firme con la punta de su arma apuntando directo al pecho de la otra mujer, con la mirada clara, fija y sin titubeos. —Lo que dices no tiene sentido— respondió con voz grave, estable, sin gritar.
 
La acusación quedó suspendida entre ambas como una chispa lista para incendiarlo todo. —Ese hombre mató a toda su división, y ¿ustedes lo defienden? — insistió, dejando que el peso de las palabras se asentara. Sigrid sabía que la mujer frente a ella no alcanzaba su estatura total, pero la diferencia era mínima, sus hombros anchos y la forma en que sostenía el arma delataban fuerza real, no simple postura, y eso la obligaba a ser cuidadosa, porque la fuerza combinada con convicción podía volverse peligrosa, y la fuerza combinada con duda, errática.
 
La vikinga ajustó el agarre, girando apenas el asta para cambiar la línea de ataque, observando cómo la otra movía el peso de un pie al otro, cómo tensaba el antebrazo dominante. No era una improvisada, tampoco parecía temblar. Eso significaba que creía lo que decía, o que estaba dispuesta a sostenerlo hasta las últimas consecuencias. El aire entre ambas se volvió pesado, cargado de la tensión previa al choque, y Sigrid, firme como un roble en medio de la tormenta, se preparó no solo para recibir el siguiente ataque, sino para responder con la contundencia necesaria si la otra daba un paso más.
 
La voz de Sigrid no fue un grito descontrolado, sino una proclamación firme que se impuso por encima del caos del claro, grave y autoritaria como el retumbar lejano de un tambor de guerra; mantuvo la alabarda elevada, la hoja describiendo un arco sutil que abarcaba no solo a la mujer frente a ella, sino también a las otras tres siluetas que acababan de irrumpir entre los árboles, sus botas hundiéndose apenas en la tierra removida por el combate previo, su sombra proyectándose amplia y dominante bajo la luz filtrada del follaje. —En nombre de la justicia, División 107 de la marina, están arrestados por traición, no se atrevan a moverse o usaremos la fuerza.— declaró con una claridad que no dejaba espacio a interpretaciones.
 
No era una amenaza vacía, era un procedimiento, una orden respaldada por uniforme y rango, aunque en el fondo la tensión le recorría la espalda como una corriente helada, porque sabía que aquello ya no era un simple altercado, sino un conflicto abierto entre divisiones, una fractura peligrosa dentro de la propia Marina. Sus ojos claros se desplazaron con lentitud calculada de uno a otro, midiendo posturas, armas, respiraciones, buscando el primero que dudara, el primero que tensara el músculo equivocado, lista para reaccionar antes de que el movimiento se completara.
 
Su postura no era agresiva en exceso, pero tampoco defensiva, era la de alguien que estaba dispuesta a golpear primero si era necesario, sosteniendo el asta con ambas manos, el extremo posterior preparado para un impacto contundente y no letal, si es que todavía existía la posibilidad de evitar una masacre. El silencio que siguió a sus palabras fue denso, expectante, como el instante exacto antes de que estalle una tormenta, y Sigrid no retrocedió ni un centímetro, dejando claro que, si cruzaban esa línea invisible frente a ella, la fuerza no sería una opción, sería una consecuencia.
 
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Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]
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RE: Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.] - por Sigrid Birkisson - 13-02-2026, 02:18 PM

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