13-02-2026, 08:33 PM
Samba era un lugar en donde la alegría, el baile y el colorido en sus calles eran cosas que hacían resaltar a aquella isla, en donde parecía que la tristeza no existiera o, por lo menos, escondiera aquella miseria entre aquellas vibras festivas que parecían durar todo el año. En este lugar tan particular, había alguien que resaltaba dentro de toda aquella alegría, y es que aquella figura de colores negros y rojizos, adornada con calaveras, que caminaba entre esos ciudadanos llenos de colores destacaba por aquel traje y sombrero de copa que eran por lo menos estrafalarios para la gente de aquel lugar.
Por su parte, caminaba con la mente perdida entre las pistas que había podido recopilar con aquella chica conejo que había conocido hace un tiempo atrás. Desgraciadamente, el rastro que había logrado conseguir de aquel demente que andaba experimentando con gente inocente se había esfumado justo antes de poder acercarse más a comprender las intenciones de aquel hombre.
Hacía ya unos cuantos días que le costaba dormir, pensando en poder encontrar alguna pista que lo llevara en la dirección correcta, algo que por lo menos pudiera darle más espacio para su búsqueda; pero así, tan pronto como se había encontrado en la lejanía con ese hombre, este se había desvanecido junto con cualquier rastro de la droga que estaba produciendo.
En esos momentos se dirigía a un bar en donde normalmente iba a beber whisky y revisar sus apuntes, como si el alcohol pudiera darle alguna iluminación divina que le mostrara un camino entre las páginas del librito de notas negro, donde dibujaba y apuntaba cualquier punto de interés relevante para la investigación.
Una vez llegado ahí, el médico brujo pasó de toda esa alegría y celebración que normalmente había entre los piratas y borrachos de aquel establecimiento, caminando entre la gente hasta llegar a una mesa más o menos alejada del ruido. Le pidió un vaso de whisky al camarero cuando este se acercó, para después seguir la rutina de abrir aquel pequeño cuadernillo lleno de notas, dibujos e información, repasándolo una y otra vez, intentando encontrar algo que hubiera pasado por alto en aquellos momentos.
Golpeaba rítmicamente la parte trasera del lápiz contra su mentón, buscando alguna respuesta inexistente entre aquellas páginas, sin saber que en ese preciso instante su suerte estaba a punto de dar un vuelco inesperado.
Por su parte, caminaba con la mente perdida entre las pistas que había podido recopilar con aquella chica conejo que había conocido hace un tiempo atrás. Desgraciadamente, el rastro que había logrado conseguir de aquel demente que andaba experimentando con gente inocente se había esfumado justo antes de poder acercarse más a comprender las intenciones de aquel hombre.
Hacía ya unos cuantos días que le costaba dormir, pensando en poder encontrar alguna pista que lo llevara en la dirección correcta, algo que por lo menos pudiera darle más espacio para su búsqueda; pero así, tan pronto como se había encontrado en la lejanía con ese hombre, este se había desvanecido junto con cualquier rastro de la droga que estaba produciendo.
En esos momentos se dirigía a un bar en donde normalmente iba a beber whisky y revisar sus apuntes, como si el alcohol pudiera darle alguna iluminación divina que le mostrara un camino entre las páginas del librito de notas negro, donde dibujaba y apuntaba cualquier punto de interés relevante para la investigación.
Una vez llegado ahí, el médico brujo pasó de toda esa alegría y celebración que normalmente había entre los piratas y borrachos de aquel establecimiento, caminando entre la gente hasta llegar a una mesa más o menos alejada del ruido. Le pidió un vaso de whisky al camarero cuando este se acercó, para después seguir la rutina de abrir aquel pequeño cuadernillo lleno de notas, dibujos e información, repasándolo una y otra vez, intentando encontrar algo que hubiera pasado por alto en aquellos momentos.
Golpeaba rítmicamente la parte trasera del lápiz contra su mentón, buscando alguna respuesta inexistente entre aquellas páginas, sin saber que en ese preciso instante su suerte estaba a punto de dar un vuelco inesperado.
