14-02-2026, 05:51 AM
(Última modificación: 14-02-2026, 05:53 AM por Tensui Marlin.)
Tamiel vs Enji
—¡YAGAGAGAGA!— La risa de Tamiel no fue humana, fue amplia, brutal y desafiante. Resonó entre los árboles como un disparo de cañón, arrancando ecos del bosque mismo, no había nervios en ella, no había tensión, solo una confianza enfermiza en si mismo. Sus ojos brillaban mientras miraba a Enji como si acabara de escuchar el chiste más mediocre del mundo.
—¿Me Amenazas? —escupió la palabra con desprecio —Conozco perfectamente la maldita carta.— Se llevó un dedo al pecho, golpeándolo con fuerza. —La escribí yo maldito bastardo nudista.— El aire pareció congelarse por un instante y Tamiel comenzó a moverse en círculos, lento y calculador, sus pasos no levantaban hojas, las aplastaban, cada desplazamiento era un intento claro de rodear a Enji, de cerrarle el espacio, de convertirlo en el centro de una trampa invisible.
—¿De verdad creen que llegaron aquí por casualidad? —continuó, su voz grave arrastrándose como una sombra por el suelo —¿Que tenían una misión súper importante que ninguna otra división podría tener? — Sonrió pero no era una sonrisa amplia, era pequeña y cortante. —¿Acaso ninguno de ustedes malditos incultos, conoce esta isla? — Hizo una pausa moviéndose dos metros a la izquierda de Enji en busca de rodearlo.
—Esta estúpida isla no tiene puerto secundario.— La revelación cayó como una losa en medio de una construcción. —No hay rutas ocultas, no hay punto de extracción alterno, no hay nada que ustedes hayan descubierto, si el maestro Douglas no es entregado a la base de la marina en los próximos cuarenta minutos, apuesto a que todos ustedes serán destituidos y ustedes si serán acusados de traición al gobierno mundial — Se inclinó apenas hacia adelante, sin dejar de caminar. —Cada palabra que leyeron, cada coordenada que les entregué, cada instrucción— Su mirada se endureció como quien odia todo lo que ve delante de si. —Fue escrita para traerlos aquí.— El bosque dejó de sentirse como un campo de transición para Douglas, ahora parecía una jaula para la división 93. —No vinieron aquí para transferir al maestro Douglas —su voz bajó un tono, más peligrosa — Vinieron porque nosotros quisimos que vinieran. — La risa volvió, más baja esta vez, más cercana.
—¡¡¡SHAAAASHASHASHASHA!!!— La risa de Douglas volvió a estallar en la selva, idéntica a la de minutos atrás, pero ahora cargada de significado, no era la risa de un hombre acorralado, era la de alguien que ve cómo su plan se despliega exactamente como lo imaginó. Douglas echó la cabeza hacia atrás, las cadenas tintinearon apenas con el movimiento, aunque su postura seguía erguida, orgullosa, casi teatral, mientras sus ojos recorrían el campo de enfrentamientos uno por uno, Tamiel dominando el ritmo, Megumi disfrutando la tensión, Takako resistiendo, Etsuki sosteniendo la línea.
Y entonces sonrió, con razón había estado tan tranquilo durante todo el viaje, con razón no intentó escapar antes, con razón no mostró preocupación alguna al llegar a esta isla, el desgraciado sabía. Sabía que este sería su punto de escape, porque aquí estaban ellos, sus cuatro muchachos. Los que crecieron escuchándolo, los que moldeó palabra por palabra, los que absorbieron su concepto de justicia como si fuera ley divina, cada uno obsesionados con él, leales a él, sispuestos a romper la Marina por él.
—¿Lo ven ahora? —dijo finalmente, su voz ya no era un grito, sino un murmullo que, aun así, todos escucharon —La justicia verdadera no necesita permiso.— Sus cadenas volvieron a sonar cuando dio un paso adelante. —Solo necesita creyentes.— Su mirada se clavó en los miembros de la división 93, no había odio, había superioridad. —Ustedes trajeron a cuatro soldados, mientras que yo traje convicción. — Y en ese instante quedó claro algo aterrador, Douglas nunca estuvo huyendo, estaba regresando a su ejército.
Megumi vs Juan Sebastian
Megumi apenas tuvo tiempo de parpadear. La provocación había salido de su boca con esa sonrisa torcida que tanto le gustaba usar antes de pelear, pero Juan no respondió con palabras. Respondió con instinto, en el instante en que Megumi amenazó con disparar, el gyojin se replegó dentro de su caparazón con una rapidez sorprendente, el sonido seco del encierro resonó como una puerta blindada cerrándose.
Y luego rodó, pero no fue un avance torpe, fue un proyectil, el caparazón giró levantando tierra y hojas, convirtiéndose en una masa imparable que avanzaba directo hacia Megumi. —Tch, maldito bastardo acuático— No había espacio para apuntar con calma, mucho menos había tiempo para retroceder lo suficiente, Megumi reaccionó por reflejo e interpuso la pistola frente a sí como punto de impacto, girando ligeramente el torso para que el golpe no lo tomara completamente de frente. Al mismo tiempo, cruzó el antebrazo libre para cubrirse el torso y bajar el centro de gravedad.
El impacto llegó como el choque contra un muro en movimiento, el metal del arma vibró violentamente bajo la fuerza del caparazón, y la onda del golpe recorrió su brazo hasta el hombro, sus botas se deslizaron varios metros hacia atrás, surcando la tierra húmeda y dolió mucho mas de lo que hubiera querido el tirador, pero no cayó. Sus dientes se apretaron con fuerza, la sonrisa desapareciendo por primera vez desde que había comenzado el enfrentamiento.
—Heh—escupió sangre al costado —Así que sí sabes moverte, Cangrejo con casa rodante— Sus ojos ahora no mostraban burla, mostraban interés genuino, la pelea había dejado de ser una provocación divertida, ahora era real y mucho mas después de que el tirador de la división 107 escuchara las palabras de Sigrid, sabia que eran ellos o los otros, pero solo una división debía salir victoriosa hoy y la otra terminaría en desgracia.
Megumi se desplazó cinco metros hacia la derecha con pasos rápidos y calculados, buscando abrir el ángulo, necesitaba la línea limpia es decir ecesitaba distancia. El arma volvió a elevarse y respiró, pero su mirada se estrechó al observar el estado actual de Juan, completamente replegado dentro del caparazón, compacto, cerrado, blindado como una maldita fortaleza. No es un novato, está consciente de que disparar ahora sería ineficiente, las balas podrían rebotar, podrían perder potencia incluso, podrían no hacer absolutamente nada.
Megumi chasqueó la lengua. —Genial, una maldita fortaleza portátil.— No bajó el arma, pero tampoco disparó de inmediato, su mente, a diferencia de su sonrisa habitual, sí sabía analizar, un tirador no vive mucho tiempo si desperdicia munición contra acero natural, el caparazón giraba aún, reduciendo velocidad tras el impacto anterior. Segun Megumi, Juan estaba esperando, pero, ¿esperando que? Megumi exhaló lentamente, moviendo apenas la muñeca para ajustar la puntería —No todo blindaje es perfecto —murmuró para sí, si no podía perforarlo, podía desestabilizarlo, si no podía herirlo, podía forzarlo a salir, sus ojos comenzaron a buscar algo más que el centro del caparazón, juntas, bordes, puntos de apoyo, terreno irregular, raíces sobresalientes, porque a veces no se trata de romper la defensa, se trata de hacer que el enemigo la abandone.
Takako vs Akira
Takako mantenía la espada firme, la punta alineada con el pecho de Akira. Su postura era impecable, silenciosa, cerrada, ella no era de palabras. Akira, en cambio parecía incapaz de guardarse una sola, sus comentarios, su tono en medio de la tensión, su forma casi despreocupada de hablar en plena confrontación, todo eso comenzó a incomodarla más de lo que el combate mismo lo hacía.Sus dedos se ajustaron levemente sobre la empuñadura. —Siiii, sí que sabemooooossss lo que dice la cartaaaa. — Las palabras salieron forzadas, estiradas más de la cuenta, como si le costara empujarlas fuera de la garganta y apenas terminaron de escapar, el color subió a sus pómulos sin permiso.
Roja, visiblemente roja, la vergüenza de hablar con alguien nuevo y peor aún, alguien que no dejaba de hablar, le apretó el pecho más fuerte que cualquier amenaza física, su mirada titubeó apenas un segundo, pero su espada no bajó, porque si algo era más grande que su incomodidad social, era su convicción. Takako podía ser reservada, podía ser tímida, podía odiar estar en el centro de una conversación, pero no iba a permitir que Maracai Bo cayera, sus ojos volvieron a endurecerse, aunque el rubor seguía allí traicionándola. —N-no importa lo que digas —añadió, esta vez más firme —No lo dejaremos aquí.— Y aunque su voz no era fuerte, la determinación detrás de ella sí lo era.
Takako tragó saliva sin que se notara demasiado, la punta de su espada seguía firme, apenas oscilando con su respiración. Sus ojos estaban clavados en Akira con una intensidad que intentaba compensar el temblor interno que sentía. —H-hablas muy extraño para ser tan pequeño —dijo, forzando el tono firme —¿No te circula la sangre al cerebro?— Apenas terminó la frase quiso retractarse, no era eso lo que quería decir, no era así como solía hablar.
El rubor volvió a treparle por las mejillas, más intenso que antes. Normalmente no tenía este problema, con criminales no había conversación, no había intercambio, solo acero desenvainado y una tarea que cumplir, pero esto era distinto, ellos vestían el mismo uniforme, ellos también eran marines y aun así estaban del lado opuesto. Sus dedos se ajustaron con más fuerza a la empuñadura. —¿Qué es lo que está mal con ustedes? —preguntó al fin, esta vez sin tartamudear. No sonó acusatoria, sonó confundida.
Porque en su mente la justicia era clara. Douglas les había enseñado que el mundo se pudre por la debilidad, que las prisiones son excusas, que los juicios son demoras innecesarias, que el mal debe erradicarse, no administrarse, era simple, entonces ¿por qué ellos no lo veían? Su mirada no se apartó de Akira ni un segundo, no era odio lo que había en ella, era una necesidad genuina de entender cómo alguien que juró lo mismo podía pensar tan diferente y esa duda era mucho más peligrosa que su espada.
Etsuki vs Sigrid
Etsuki sostuvo la alabarda con ambas manos, la hoja apoyada contra el arma de su oponente en una tensión constante de acero contra acero, frente a ella estaba Sigrid, más alta, más ancha de hombros, con esa presencia casi vikinga que imponía incluso sin hablar, pero Etsuki no retrocedió ni un centímetro. —Si acaso el maestro Douglas hizo algo, fue por la justicia-naga.— Su voz no tembló.
—Aquellos traidores deben caer.— Sus dedos se aferraron con más fuerza al asta de la alabarda, empujando apenas para medir la resistencia de Sigrid. —Como ustedes-naga.— Lo dijo sin elevar el tono, sin rabia visible, como si estuviera señalando un hecho objetivo, lo irónico era casi cruel. Ambas vestían el mismo uniforme, ambas eran marines, ambas ocupaban el rango más bajo de la jerarquía, dos Soldados rasos, dos ideales opuestos, dos versiones de la misma palabra: justicia. Etsuki miraba a Sigrid como si fuera un obstáculo más, no como a una compañera y en sus ojos no había odio personal, había doctrina, había años de historias repetidas, había discursos convertidos en verdad absoluta, para ella no estaba enfrentando a una igual, estaba enfrentando a alguien que había sido engañada y eso, en su mente, hacía que el enfrentamiento fuera inevitable.
—Todos los días mueren marines en nombre de la justicia-naga —la voz de Etsuki empezó firme, pero cada palabra iba cargándose de una emoción más densa —Eso fue exactamente lo que pasó con la división del Maestro Douglas.— El metal rechinó cuando apretó con más fuerza su alabarda, empujando el arma de Sigrid hacia atrás centímetro a centímetro, sus brazos temblaban, no por debilidad, sino por la intensidad con la que estaba aplicando cada músculo de su cuerpo. —Ellos murieron haciendo lo correcto.— Su respiración comenzó a agitarse.
—¡Y ustedes lo llaman traidor-naga! — La hoja raspó contra la de su contrincante, saltando pequeñas chispas en el cruce. —Dejen ir al Maestro y esto se acaba aquí. — Ahora sí había ira, no descontrolada, pero viva. —Pueden entregarse ustedes mismos como los tontos que son-naga, desconocedores de la justicia verdadera-naga, subyugados por los piratas-naga.— La acusación cayó pesada, sus ojos ardían, clavados en Sigrid, buscando una grieta, una duda, cualquier señal de que sus palabras penetraran. Etsuki no solo estaba luchando con el arma, estaba luchando con su fe.
Porque si Douglas estaba equivocado, entonces todo lo que ella había aprendido desde niña también lo estaba y esa posibilidad era algo que simplemente no podía permitirse aceptar, por eso empujaba con más fuerza, por eso su voz subía, por eso su mirada se endurecía, no estaba peleando solo por un hombre, estaba peleando por la versión del mundo en la que había crecido.
El cruce de armas se rompió bruscamente. Etsuki dio un paso hacia atrás, sus botas marcaron la tierra húmeda mientras liberaba la presión que había mantenido hasta ese instante. El aire entró con fuerza en sus pulmones. Sus manos reajustaron la empuñadura, la alabarda descendió un centímetro y luego se alineó con la punta directa al centro de Sigrid. Sus ojos ya no buscaban convencer, buscaban atravesar, el mundo alrededor pareció comprimirse en una sola línea recta entre ambas.
Y entonces avanzó, un impulso seco desde la pierna trasera, el torso inclinado hacia adelante, los brazos extendiéndose con potencia controlada, la embestida fue frontal, directa, sin florituras técnicas, no era un movimiento elegante, era un movimiento meramente honesto, el filo de la alabarda cortó el aire con un silbido agudo mientras Etsuki descargaba toda su determinación en ese avance, buscando un impacto limpio, contundente, capaz de romper la defensa de Sigrid.
—¡YAGAGAGAGA!— La risa de Tamiel no fue humana, fue amplia, brutal y desafiante. Resonó entre los árboles como un disparo de cañón, arrancando ecos del bosque mismo, no había nervios en ella, no había tensión, solo una confianza enfermiza en si mismo. Sus ojos brillaban mientras miraba a Enji como si acabara de escuchar el chiste más mediocre del mundo.
—¿Me Amenazas? —escupió la palabra con desprecio —Conozco perfectamente la maldita carta.— Se llevó un dedo al pecho, golpeándolo con fuerza. —La escribí yo maldito bastardo nudista.— El aire pareció congelarse por un instante y Tamiel comenzó a moverse en círculos, lento y calculador, sus pasos no levantaban hojas, las aplastaban, cada desplazamiento era un intento claro de rodear a Enji, de cerrarle el espacio, de convertirlo en el centro de una trampa invisible.
—¿De verdad creen que llegaron aquí por casualidad? —continuó, su voz grave arrastrándose como una sombra por el suelo —¿Que tenían una misión súper importante que ninguna otra división podría tener? — Sonrió pero no era una sonrisa amplia, era pequeña y cortante. —¿Acaso ninguno de ustedes malditos incultos, conoce esta isla? — Hizo una pausa moviéndose dos metros a la izquierda de Enji en busca de rodearlo.
—Esta estúpida isla no tiene puerto secundario.— La revelación cayó como una losa en medio de una construcción. —No hay rutas ocultas, no hay punto de extracción alterno, no hay nada que ustedes hayan descubierto, si el maestro Douglas no es entregado a la base de la marina en los próximos cuarenta minutos, apuesto a que todos ustedes serán destituidos y ustedes si serán acusados de traición al gobierno mundial — Se inclinó apenas hacia adelante, sin dejar de caminar. —Cada palabra que leyeron, cada coordenada que les entregué, cada instrucción— Su mirada se endureció como quien odia todo lo que ve delante de si. —Fue escrita para traerlos aquí.— El bosque dejó de sentirse como un campo de transición para Douglas, ahora parecía una jaula para la división 93. —No vinieron aquí para transferir al maestro Douglas —su voz bajó un tono, más peligrosa — Vinieron porque nosotros quisimos que vinieran. — La risa volvió, más baja esta vez, más cercana.
—¡¡¡SHAAAASHASHASHASHA!!!— La risa de Douglas volvió a estallar en la selva, idéntica a la de minutos atrás, pero ahora cargada de significado, no era la risa de un hombre acorralado, era la de alguien que ve cómo su plan se despliega exactamente como lo imaginó. Douglas echó la cabeza hacia atrás, las cadenas tintinearon apenas con el movimiento, aunque su postura seguía erguida, orgullosa, casi teatral, mientras sus ojos recorrían el campo de enfrentamientos uno por uno, Tamiel dominando el ritmo, Megumi disfrutando la tensión, Takako resistiendo, Etsuki sosteniendo la línea.
Contenido Oculto
Y entonces sonrió, con razón había estado tan tranquilo durante todo el viaje, con razón no intentó escapar antes, con razón no mostró preocupación alguna al llegar a esta isla, el desgraciado sabía. Sabía que este sería su punto de escape, porque aquí estaban ellos, sus cuatro muchachos. Los que crecieron escuchándolo, los que moldeó palabra por palabra, los que absorbieron su concepto de justicia como si fuera ley divina, cada uno obsesionados con él, leales a él, sispuestos a romper la Marina por él.
—¿Lo ven ahora? —dijo finalmente, su voz ya no era un grito, sino un murmullo que, aun así, todos escucharon —La justicia verdadera no necesita permiso.— Sus cadenas volvieron a sonar cuando dio un paso adelante. —Solo necesita creyentes.— Su mirada se clavó en los miembros de la división 93, no había odio, había superioridad. —Ustedes trajeron a cuatro soldados, mientras que yo traje convicción. — Y en ese instante quedó claro algo aterrador, Douglas nunca estuvo huyendo, estaba regresando a su ejército.
Off de Tamiel
Megumi vs Juan Sebastian
Megumi apenas tuvo tiempo de parpadear. La provocación había salido de su boca con esa sonrisa torcida que tanto le gustaba usar antes de pelear, pero Juan no respondió con palabras. Respondió con instinto, en el instante en que Megumi amenazó con disparar, el gyojin se replegó dentro de su caparazón con una rapidez sorprendente, el sonido seco del encierro resonó como una puerta blindada cerrándose.
Y luego rodó, pero no fue un avance torpe, fue un proyectil, el caparazón giró levantando tierra y hojas, convirtiéndose en una masa imparable que avanzaba directo hacia Megumi. —Tch, maldito bastardo acuático— No había espacio para apuntar con calma, mucho menos había tiempo para retroceder lo suficiente, Megumi reaccionó por reflejo e interpuso la pistola frente a sí como punto de impacto, girando ligeramente el torso para que el golpe no lo tomara completamente de frente. Al mismo tiempo, cruzó el antebrazo libre para cubrirse el torso y bajar el centro de gravedad.
El impacto llegó como el choque contra un muro en movimiento, el metal del arma vibró violentamente bajo la fuerza del caparazón, y la onda del golpe recorrió su brazo hasta el hombro, sus botas se deslizaron varios metros hacia atrás, surcando la tierra húmeda y dolió mucho mas de lo que hubiera querido el tirador, pero no cayó. Sus dientes se apretaron con fuerza, la sonrisa desapareciendo por primera vez desde que había comenzado el enfrentamiento.
—Heh—escupió sangre al costado —Así que sí sabes moverte, Cangrejo con casa rodante— Sus ojos ahora no mostraban burla, mostraban interés genuino, la pelea había dejado de ser una provocación divertida, ahora era real y mucho mas después de que el tirador de la división 107 escuchara las palabras de Sigrid, sabia que eran ellos o los otros, pero solo una división debía salir victoriosa hoy y la otra terminaría en desgracia.
Megumi se desplazó cinco metros hacia la derecha con pasos rápidos y calculados, buscando abrir el ángulo, necesitaba la línea limpia es decir ecesitaba distancia. El arma volvió a elevarse y respiró, pero su mirada se estrechó al observar el estado actual de Juan, completamente replegado dentro del caparazón, compacto, cerrado, blindado como una maldita fortaleza. No es un novato, está consciente de que disparar ahora sería ineficiente, las balas podrían rebotar, podrían perder potencia incluso, podrían no hacer absolutamente nada.
Megumi chasqueó la lengua. —Genial, una maldita fortaleza portátil.— No bajó el arma, pero tampoco disparó de inmediato, su mente, a diferencia de su sonrisa habitual, sí sabía analizar, un tirador no vive mucho tiempo si desperdicia munición contra acero natural, el caparazón giraba aún, reduciendo velocidad tras el impacto anterior. Segun Megumi, Juan estaba esperando, pero, ¿esperando que? Megumi exhaló lentamente, moviendo apenas la muñeca para ajustar la puntería —No todo blindaje es perfecto —murmuró para sí, si no podía perforarlo, podía desestabilizarlo, si no podía herirlo, podía forzarlo a salir, sus ojos comenzaron a buscar algo más que el centro del caparazón, juntas, bordes, puntos de apoyo, terreno irregular, raíces sobresalientes, porque a veces no se trata de romper la defensa, se trata de hacer que el enemigo la abandone.
Off de Megumi
Takako vs Akira
Takako mantenía la espada firme, la punta alineada con el pecho de Akira. Su postura era impecable, silenciosa, cerrada, ella no era de palabras. Akira, en cambio parecía incapaz de guardarse una sola, sus comentarios, su tono en medio de la tensión, su forma casi despreocupada de hablar en plena confrontación, todo eso comenzó a incomodarla más de lo que el combate mismo lo hacía.Sus dedos se ajustaron levemente sobre la empuñadura. —Siiii, sí que sabemooooossss lo que dice la cartaaaa. — Las palabras salieron forzadas, estiradas más de la cuenta, como si le costara empujarlas fuera de la garganta y apenas terminaron de escapar, el color subió a sus pómulos sin permiso.
Roja, visiblemente roja, la vergüenza de hablar con alguien nuevo y peor aún, alguien que no dejaba de hablar, le apretó el pecho más fuerte que cualquier amenaza física, su mirada titubeó apenas un segundo, pero su espada no bajó, porque si algo era más grande que su incomodidad social, era su convicción. Takako podía ser reservada, podía ser tímida, podía odiar estar en el centro de una conversación, pero no iba a permitir que Maracai Bo cayera, sus ojos volvieron a endurecerse, aunque el rubor seguía allí traicionándola. —N-no importa lo que digas —añadió, esta vez más firme —No lo dejaremos aquí.— Y aunque su voz no era fuerte, la determinación detrás de ella sí lo era.
Takako tragó saliva sin que se notara demasiado, la punta de su espada seguía firme, apenas oscilando con su respiración. Sus ojos estaban clavados en Akira con una intensidad que intentaba compensar el temblor interno que sentía. —H-hablas muy extraño para ser tan pequeño —dijo, forzando el tono firme —¿No te circula la sangre al cerebro?— Apenas terminó la frase quiso retractarse, no era eso lo que quería decir, no era así como solía hablar.
El rubor volvió a treparle por las mejillas, más intenso que antes. Normalmente no tenía este problema, con criminales no había conversación, no había intercambio, solo acero desenvainado y una tarea que cumplir, pero esto era distinto, ellos vestían el mismo uniforme, ellos también eran marines y aun así estaban del lado opuesto. Sus dedos se ajustaron con más fuerza a la empuñadura. —¿Qué es lo que está mal con ustedes? —preguntó al fin, esta vez sin tartamudear. No sonó acusatoria, sonó confundida.
Porque en su mente la justicia era clara. Douglas les había enseñado que el mundo se pudre por la debilidad, que las prisiones son excusas, que los juicios son demoras innecesarias, que el mal debe erradicarse, no administrarse, era simple, entonces ¿por qué ellos no lo veían? Su mirada no se apartó de Akira ni un segundo, no era odio lo que había en ella, era una necesidad genuina de entender cómo alguien que juró lo mismo podía pensar tan diferente y esa duda era mucho más peligrosa que su espada.
Off de Takako
Etsuki vs Sigrid
Etsuki sostuvo la alabarda con ambas manos, la hoja apoyada contra el arma de su oponente en una tensión constante de acero contra acero, frente a ella estaba Sigrid, más alta, más ancha de hombros, con esa presencia casi vikinga que imponía incluso sin hablar, pero Etsuki no retrocedió ni un centímetro. —Si acaso el maestro Douglas hizo algo, fue por la justicia-naga.— Su voz no tembló.
—Aquellos traidores deben caer.— Sus dedos se aferraron con más fuerza al asta de la alabarda, empujando apenas para medir la resistencia de Sigrid. —Como ustedes-naga.— Lo dijo sin elevar el tono, sin rabia visible, como si estuviera señalando un hecho objetivo, lo irónico era casi cruel. Ambas vestían el mismo uniforme, ambas eran marines, ambas ocupaban el rango más bajo de la jerarquía, dos Soldados rasos, dos ideales opuestos, dos versiones de la misma palabra: justicia. Etsuki miraba a Sigrid como si fuera un obstáculo más, no como a una compañera y en sus ojos no había odio personal, había doctrina, había años de historias repetidas, había discursos convertidos en verdad absoluta, para ella no estaba enfrentando a una igual, estaba enfrentando a alguien que había sido engañada y eso, en su mente, hacía que el enfrentamiento fuera inevitable.
—Todos los días mueren marines en nombre de la justicia-naga —la voz de Etsuki empezó firme, pero cada palabra iba cargándose de una emoción más densa —Eso fue exactamente lo que pasó con la división del Maestro Douglas.— El metal rechinó cuando apretó con más fuerza su alabarda, empujando el arma de Sigrid hacia atrás centímetro a centímetro, sus brazos temblaban, no por debilidad, sino por la intensidad con la que estaba aplicando cada músculo de su cuerpo. —Ellos murieron haciendo lo correcto.— Su respiración comenzó a agitarse.
—¡Y ustedes lo llaman traidor-naga! — La hoja raspó contra la de su contrincante, saltando pequeñas chispas en el cruce. —Dejen ir al Maestro y esto se acaba aquí. — Ahora sí había ira, no descontrolada, pero viva. —Pueden entregarse ustedes mismos como los tontos que son-naga, desconocedores de la justicia verdadera-naga, subyugados por los piratas-naga.— La acusación cayó pesada, sus ojos ardían, clavados en Sigrid, buscando una grieta, una duda, cualquier señal de que sus palabras penetraran. Etsuki no solo estaba luchando con el arma, estaba luchando con su fe.
Porque si Douglas estaba equivocado, entonces todo lo que ella había aprendido desde niña también lo estaba y esa posibilidad era algo que simplemente no podía permitirse aceptar, por eso empujaba con más fuerza, por eso su voz subía, por eso su mirada se endurecía, no estaba peleando solo por un hombre, estaba peleando por la versión del mundo en la que había crecido.
El cruce de armas se rompió bruscamente. Etsuki dio un paso hacia atrás, sus botas marcaron la tierra húmeda mientras liberaba la presión que había mantenido hasta ese instante. El aire entró con fuerza en sus pulmones. Sus manos reajustaron la empuñadura, la alabarda descendió un centímetro y luego se alineó con la punta directa al centro de Sigrid. Sus ojos ya no buscaban convencer, buscaban atravesar, el mundo alrededor pareció comprimirse en una sola línea recta entre ambas.
Y entonces avanzó, un impulso seco desde la pierna trasera, el torso inclinado hacia adelante, los brazos extendiéndose con potencia controlada, la embestida fue frontal, directa, sin florituras técnicas, no era un movimiento elegante, era un movimiento meramente honesto, el filo de la alabarda cortó el aire con un silbido agudo mientras Etsuki descargaba toda su determinación en ese avance, buscando un impacto limpio, contundente, capaz de romper la defensa de Sigrid.
Off de Etsuki
