14-02-2026, 10:36 PM
El murmullo del agua contra los pilares de madera podrida suele ser el único consuelo para los habituales del Bar en el Río, pero esa paz etílica se rompió en el instante en que el primer tablón crujió bajo un peso que no pertenecía a este lugar. El ambiente lúgubre, cargado de un vaho espeso de sudor y alcohol de caña barato, pareció congelarse.
Las palabras, aunque pronunciadas con la intención de ser un susurro, cortaron el aire con la precisión de un filo. En un sitio donde el honor se mide por la resistencia al licor y al trabajo físico, llamar "panda de borrachos" a la clientela es como arrojar una antorcha a un campo de caña seca.
El silencio que siguió fue denso, solo interrumpido por el rítmico retumbar de los tambores de las hogueras, que ahora se sentía como una cuenta atrás. Varias figuras encorvadas sobre la barra de la barcaza se tensaron. Los ojos de los estibadores, inyectados en sangre y enturbiados por la bebida, se desviaron de sus jarras para fijarse en la fuente de esa luz anaranjada que ahora bailaba sobre la superficie del río.
Un grupo de cinco hombres, con los torsos desnudos y brillantes por la humedad, se puso en pie con una lentitud amenazante. Sus sombras, alargadas por la llama de la espalda del recién llegado, se proyectaban sobre el agua turbia como espectros hambrientos. No eran guerreros entrenados, pero eran hombres que movían toneladas de azúcar al día; sus manos eran tenazas y sus machetes y herramientas, armas naturales.
![[Imagen: AQRQ70c.jpeg]](https://i.imgur.com/AQRQ70c.jpeg)
—¿Apesta, dices? —gruñó uno de ellos, un tipo con los antebrazos del grosor de un tronco de palmera, mientras agarraba un pesado garrote de madera—. A nosotros nos huele a alguien que se ha perdido en el barrio equivocado.
Sin previo aviso, el grupo se desplegó por el estrecho muelle, bloqueando la única salida hacia tierra firme.
Tres de ellos avanzaron frontalmente, blandiendo pesadas botellas rotas como puñales improvisados.
Otros dos se movieron por los flancos, sujetándose de las cuerdas de las barcazas para intentar flanquear la posición, buscando un empujón que mandara al "insultador" directamente a las aguas infestadas de pirañas del río.
El líder de este pequeño grupo, sacando de detrás de la barra un pesado espadón, arrojó la vaina de cuero húmero al suelo, apoyando la hoja en su hombro y dando un paso hacia delante mientras echaba un último trago a su bebida.
![[Imagen: xmp3p3d.jpeg]](https://i.imgur.com/xmp3p3d.jpeg)
— Dejádmelo blandito, cocinaré a ese pollo en su propio jugo.
El muelle se balanceó violentamente con el peso de los atacantes. El olor a alcohol fermentado se intensificó cuando una de las jarras salió volando en dirección al rostro del pirata, estrellándose junto al poste cercano a dónde estaba apoyado, empapándolo con el maloliente mejunje que contenía.
Las palabras, aunque pronunciadas con la intención de ser un susurro, cortaron el aire con la precisión de un filo. En un sitio donde el honor se mide por la resistencia al licor y al trabajo físico, llamar "panda de borrachos" a la clientela es como arrojar una antorcha a un campo de caña seca.
El silencio que siguió fue denso, solo interrumpido por el rítmico retumbar de los tambores de las hogueras, que ahora se sentía como una cuenta atrás. Varias figuras encorvadas sobre la barra de la barcaza se tensaron. Los ojos de los estibadores, inyectados en sangre y enturbiados por la bebida, se desviaron de sus jarras para fijarse en la fuente de esa luz anaranjada que ahora bailaba sobre la superficie del río.
Un grupo de cinco hombres, con los torsos desnudos y brillantes por la humedad, se puso en pie con una lentitud amenazante. Sus sombras, alargadas por la llama de la espalda del recién llegado, se proyectaban sobre el agua turbia como espectros hambrientos. No eran guerreros entrenados, pero eran hombres que movían toneladas de azúcar al día; sus manos eran tenazas y sus machetes y herramientas, armas naturales.
![[Imagen: AQRQ70c.jpeg]](https://i.imgur.com/AQRQ70c.jpeg)
—¿Apesta, dices? —gruñó uno de ellos, un tipo con los antebrazos del grosor de un tronco de palmera, mientras agarraba un pesado garrote de madera—. A nosotros nos huele a alguien que se ha perdido en el barrio equivocado.
Sin previo aviso, el grupo se desplegó por el estrecho muelle, bloqueando la única salida hacia tierra firme.
Tres de ellos avanzaron frontalmente, blandiendo pesadas botellas rotas como puñales improvisados.
Otros dos se movieron por los flancos, sujetándose de las cuerdas de las barcazas para intentar flanquear la posición, buscando un empujón que mandara al "insultador" directamente a las aguas infestadas de pirañas del río.
El líder de este pequeño grupo, sacando de detrás de la barra un pesado espadón, arrojó la vaina de cuero húmero al suelo, apoyando la hoja en su hombro y dando un paso hacia delante mientras echaba un último trago a su bebida.
![[Imagen: xmp3p3d.jpeg]](https://i.imgur.com/xmp3p3d.jpeg)
— Dejádmelo blandito, cocinaré a ese pollo en su propio jugo.
El muelle se balanceó violentamente con el peso de los atacantes. El olor a alcohol fermentado se intensificó cuando una de las jarras salió volando en dirección al rostro del pirata, estrellándose junto al poste cercano a dónde estaba apoyado, empapándolo con el maloliente mejunje que contenía.
La caja de Pandora
