14-02-2026, 11:13 PM
Moja la observó mientras ella escribía con aquella urgencia casi torpe, como si cada palabra fuera una cuerda lanzada demasiado lejos y tuviera que apresurarse a recogerla antes de que se rompiera. No había juicio en su mirada, ni incomodidad; solo una comprensión silenciosa que no necesitaba interrumpirla. Cuando leyó que su intención no era incomodarlo, sino animarlo, algo en su expresión se suavizó con una claridad que rara vez mostraba en público.
-No me ofendiste- dijo con calma, apoyando una mano sobre la mesa, sin invadir, pero anclando el momento. -Solo… no sé reaccionar rápido cuando alguien es amable conmigo.-
No lo dijo como disculpa, sino como una constatación tranquila, casi práctica. Cuando leyó aquella frase breve y honesta, "Prefiero volar", sus ojos se detuvieron más tiempo del habitual sobre el papel. Percibió el cambio en su rostro antes incluso de que ella intentara disimularlo con esa energía renovada que volvía como un interruptor. No preguntó qué quería decir con aquello. No era su estilo presionar heridas abiertas. Pero la frase se le quedó clavada en algún lugar interno, como una nota que resonaba bajo la superficie.
-A veces- murmuró después de unos segundos, -sostener demasiado tiempo cansa más que caer.-
No sabía si eso la ayudaría, pero era lo único honesto que podía ofrecer sin invadir. Cuando ella regresó con la comida y él se levantó para despejarle el paso, lo hizo sin teatralidad, solo con esa firmeza tranquila que desplazaba obstáculos sin ruido. Al verla morderse la mejilla en ese pequeño gesto de frustración, sintió una punzada breve que no supo nombrar, una mezcla de respeto y una necesidad leve de proteger algo que no le pertenecía.
Se sentó nuevamente cuando todo estuvo sobre la mesa. El pescado aún humeaba suavemente, desprendiendo un aroma limpio y salado que le recordó al muelle de aquella misma mañana, y el arroz estaba servido con una sencillez reconfortante. Antes de tocar la comida, volvió a mirarla.
-No quiero distraerte más- dijo con voz baja. -Dime dónde y a qué hora nos encontramos para el festival.-
Su tono no era apresurado ni exigente; era práctico, pero había en él un matiz diferente, una intención clara de no interrumpir su trabajo ni exponerla a miradas incómodas.
-Cuando termines tu turno- añadió. -Donde tú prefieras. Yo llegaré.-
No dejó espacio para duda. Era una afirmación. Luego, tras una pausa breve, añadió con un leve gesto de la cabeza:
-Gracias por traer la comida. Y… por quedarte un rato.-
No era una frase grande, pero sí sincera. Cuando ella se retiró, Moja tomó finalmente los cubiertos. Durante unos segundos observó el plato como si fuera más que comida; como si fuera el símbolo de algo sencillo que no siempre se permitía disfrutar. Dio el primer bocado despacio, dejando que el sabor del pescado fresco se asentara en su paladar, el calor del arroz equilibrando la sal del mar, y por primera vez desde que había llegado a Baterilla, no estaba evaluando rutas, ni pensando en el próximo puerto, ni repasando mentalmente su destino en la Isla del Karate.
Estaba simplemente comiendo. Cada bocado lo anclaba un poco más al presente, a ese restaurante pequeño de paredes blancas, al murmullo de los marines celebrando, al recuerdo de unas alas que temblaban cuando las tocaba. Masticó con calma. Respiró. Y mientras el sol del mediodía entraba por la ventana e iluminaba los mechones que Seraphine había dejado levantados sin querer, Moja se permitió disfrutar de algo tan simple como una buena comida… y la anticipación tranquila de la noche que vendría.
-No me ofendiste- dijo con calma, apoyando una mano sobre la mesa, sin invadir, pero anclando el momento. -Solo… no sé reaccionar rápido cuando alguien es amable conmigo.-
No lo dijo como disculpa, sino como una constatación tranquila, casi práctica. Cuando leyó aquella frase breve y honesta, "Prefiero volar", sus ojos se detuvieron más tiempo del habitual sobre el papel. Percibió el cambio en su rostro antes incluso de que ella intentara disimularlo con esa energía renovada que volvía como un interruptor. No preguntó qué quería decir con aquello. No era su estilo presionar heridas abiertas. Pero la frase se le quedó clavada en algún lugar interno, como una nota que resonaba bajo la superficie.
-A veces- murmuró después de unos segundos, -sostener demasiado tiempo cansa más que caer.-
No sabía si eso la ayudaría, pero era lo único honesto que podía ofrecer sin invadir. Cuando ella regresó con la comida y él se levantó para despejarle el paso, lo hizo sin teatralidad, solo con esa firmeza tranquila que desplazaba obstáculos sin ruido. Al verla morderse la mejilla en ese pequeño gesto de frustración, sintió una punzada breve que no supo nombrar, una mezcla de respeto y una necesidad leve de proteger algo que no le pertenecía.
Se sentó nuevamente cuando todo estuvo sobre la mesa. El pescado aún humeaba suavemente, desprendiendo un aroma limpio y salado que le recordó al muelle de aquella misma mañana, y el arroz estaba servido con una sencillez reconfortante. Antes de tocar la comida, volvió a mirarla.
-No quiero distraerte más- dijo con voz baja. -Dime dónde y a qué hora nos encontramos para el festival.-
Su tono no era apresurado ni exigente; era práctico, pero había en él un matiz diferente, una intención clara de no interrumpir su trabajo ni exponerla a miradas incómodas.
-Cuando termines tu turno- añadió. -Donde tú prefieras. Yo llegaré.-
No dejó espacio para duda. Era una afirmación. Luego, tras una pausa breve, añadió con un leve gesto de la cabeza:
-Gracias por traer la comida. Y… por quedarte un rato.-
No era una frase grande, pero sí sincera. Cuando ella se retiró, Moja tomó finalmente los cubiertos. Durante unos segundos observó el plato como si fuera más que comida; como si fuera el símbolo de algo sencillo que no siempre se permitía disfrutar. Dio el primer bocado despacio, dejando que el sabor del pescado fresco se asentara en su paladar, el calor del arroz equilibrando la sal del mar, y por primera vez desde que había llegado a Baterilla, no estaba evaluando rutas, ni pensando en el próximo puerto, ni repasando mentalmente su destino en la Isla del Karate.
Estaba simplemente comiendo. Cada bocado lo anclaba un poco más al presente, a ese restaurante pequeño de paredes blancas, al murmullo de los marines celebrando, al recuerdo de unas alas que temblaban cuando las tocaba. Masticó con calma. Respiró. Y mientras el sol del mediodía entraba por la ventana e iluminaba los mechones que Seraphine había dejado levantados sin querer, Moja se permitió disfrutar de algo tan simple como una buena comida… y la anticipación tranquila de la noche que vendría.
*Pienso* -Hablo- Narro
![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
