La danza del acero [AV. T1- Presente Absoluto]
#4
El crepitar del fuego, ahora mucho más. Sus palabras habían dejado una estela de silencio sepulcral a su paso. Tampoco había dicho nada realmente importante, solo una apreciación, como en un susurro, como si se lo dijese a sí mismo. Un pensamiento en voz alta que le iba a costar caro. Sus brazos cruzados se relajaban, el tamborileo era constante, pero algo tenía aquella hoguera, aquel fuego, que le traía paz. Su padre tendría la culpa seguramente.

Sus brazos se descruzaron al escuchar, después de aquel silencio dramático, el resentir de las maderas. Varias personas ahora se erguían sobre el muelle. Los miró, con una calma impasible, sabiendo lo que podía significar aquello. Quizás tendría suerte y no sería aquello. - Que no sea aquello... - Recorrió su mente, como una plegaria. Esperaba no tener que hacer nada, no manchar su acero de sangre en su estadía en la isla, pero ya no podía dar un paso atrás. Se giró y pudo observar un grupo de hombres que bloquearon el muelle, no tenían pinta de querer dejarlo ir, pese a que el lunarian tenía unas poderosas alas con las que huir si quería.


Pero no quería. Ya no.


Ese fuego interno, a diferencia del de la espalda, que le recorría ahora las venas como pura adrenalina ya no lo iba a dejar escapar voluntariamente de aquella situación. Los otros, aquellos hombres, los que guardaban la última gota de esperanza en el fondo de una botella, ahora la desperdiciaban. Algunos rompían sus botellas para convertirlas en malas armas improvisadas, otros portaban cosas más útiles que un trozo de cristal. Uno de ellos habló y el moreno solo pudo reír en lo más profundo de su mente para, tras unos instantes, cambiar la expresión de su rostro. Su sonrisa se alargó, sibilina, hacia los alcohólicos. - A mi me huele a falta de cerebro. Borrachos, alcohol, madera y fuego. ¿Os doy una pista o tengo que dibujároslo? - En su tono no se podía advertir atrevimiento alguno, pero sin duda con aquel comentario se reía de sus nuevos amigos. Giró su rostro nuevamente, hacia otro de aquellos que hablaba, ya tenía su espada en el hombro. Una jarra voló y se estrelló en un poste cera del peliblanco. Cerró los ojos y suspiró, enfadado por estar empapado en alcohol. - ¿Eso es en lo que quieres que te convierta? ¿En un pollo? Gallina - Insultó al más grande de aquel grupo. - Pero primero, déjame encargarme de tus pollitos - Recitaba mientras desenvainaba la larga hoja de su katana. Su filo blanco reflejaba el fuego de la hoguera y de las pocas luces presentes en el muelle, pero pronto no podría reflejar nada más.

Su altura prominente y el largo de la hoja de su arma era más que suficiente como para acercarse sin ayuda adicional. Sus pies pivotaron hacia delante, avanzando dos metros hacia el final del muelle cargando con su diestra el arma, donde lo esperarían probablemente pensando que con ello recularía, pero nada más lejos. Ahora los tenía a un escaso metro, la hoja de su katana haría el resto. Empuñando aquel filo blanco con una de sus manos, y aunando toda la fuerza en su diestra, trazó un arco circular sobre la totalidad de aquellos cinco hombres. El silencio y el olor a alcohol se convertirían en un concierto de gritos de dolor y olor a sangre. La hoja atravesó la carne de aquellos cinco hombres. Brazos, pechos, estómagos se abrían para dejar ver su interior. Su arma ahora estaba manchada de sangre, se paró un momento a pensar, pero aquella sangre beligerante no se lo permitía.

Podría salir corriendo, mezclarse a duras penas entre la gente de la zona, incluso con el fuego.

Alek se giró, sus manos ya estaban manchadas de sangre. No le haría daño un poco más. - ¿Suficientemente blandito? - Era difícil ser sarcástico cuando su voz parecía tan seria. Sus ojos dejarían fluir su socarronería.

Cositas


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RE: La danza del acero [AV. T1- Presente Absoluto] - por Alek - 15-02-2026, 12:33 AM

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