15-02-2026, 07:12 AM
Sus ojos se distrajeron con el ir y venir de las cartas en las manos ajenas. ¿Era supersticioso? No exactamente, eso dependía del día, del momento, de su ánimo…pero era curioso, eso no podía negarlo, por eso no podía despegar sus irises doradas del danzar de las cartas, por eso anotaría en algún rincón de su mente que, por simple curiosidad, podría terminar pidiendo que le leyeran el futuro ¿Por qué no? No es que estuviera perdiendo nada.
La idea lo hizo sonreír y, luego, regresó de golpe a la realidad cuando la voz de su “colega” lo sacó del mágico trance, recordándole el motivo de su visita y, confirmándole, que, efectivamente, como pensó, este hombre si que podía cumplir con las expectativas que tenía en mente o, al menos, eso es lo que le decía su instinto.
—Bueno, medio mar no, llevo un par de años en esta isla y hace poco volví a mi…trabajo —¿Cómo más podría llamar a su estilo de vida? —, pero sí que recorrí media isla y créame, tengo muy mala orientación, tomé el doble de tiempo de lo normal en encontrar este local, digamos que tuve suerte o tal vez los hados quisieron que lo encontrara, porque, normalmente, me habría cansado de buscar —. Al igual que el otro hombre, se inclinó hacia adelante mientras revolvía el contenido de licor en la copa sostenida en una de sus manos. —Ahora me alegra haber seguido buscando.
Dejó de revolver la bebida y tomó apenas un poco, cuidando de que fuera un sorbo mínimo para que su cuerpo lo procesara con calma y sus sentidos no se aletargaran por culpa del alcohol, odiaría emborracharse en medio de una negociación, más cuando el tema principal ya había sido colocado sobre la mesa…aunque, por un momento, cuando vio las cartas desaparecer, creyó que tal vez si estaba emborrachándose rápido. Alejó la copa de sus labios.
—Ejem —. Aclaró su garganta y miró al frente, no parecía mareado ni si quiera un poco desorientado, así que prefirió pensar que aquello fue solo un truco, uno que habría halagado en otro momento, a veces podía ser como un niño sorprendido. —Es como dice, quiero que los cuerpos cooperen y, como usted lo ha dicho, no lo conseguiré con la fuerza bruta y, aunque fuera el caso, no me gusta usarla a menos que sea estrictamente necesario. Prefiero negociar con el organismo, así que mientras pueda lograr esa “persuasión biológica”, estaré más que feliz.
Se recostó mejor contra el respaldar de la silla, poniéndose cómodo y analizando el estudio del otro médico: observó las hierbas en los anaqueles cercanos, los libros a los que podía leerles el título en el lomo y, luego, su mirada fue directo hacia los ojos del moreno. Le prestó toda su atención e incluso se atrevió a sonreír cuando escuchó aquella comparación de sus “pacientes” con los “borrachos” en una fiesta.
—¡Bingo! Un efecto como ese sería el ideal…tal aletargados que no puedan sentir ni recordar nada —. Aunque, en verdad, le traía sin cuidado si ese grupo de pacientes recordaba o no al día siguiente, después de todo, para muchos de ellos no habría un mañana al cual saludar y, por lo tanto, no tendrían un pasado por el cual lamentarse. —Y no se preocupe por el “estado” de mis pacientes, siempre procuro que estén…cómodos o, al menos, lo más que pueda lograr.
Imitando al otro hombre, también dejó la copa a un lado y, aunque lo que había dicho antes sobre sus pacientes era cierto, sabía que en este trabajo tenía que ser mucho más específico, dejar atrás los juegos de palabras y las medias verdades, después de todo, estando frente a quien se encargaría de hacer que sus “consultas” fueran más “cómodas” no podía darse el lujo de titubear, por eso en su rostro se dejó ver un aire de seriedad que desvanecía cualquier signo de broma que pudiera haberse dejado a entrever antes.
—Tranquilidad —dijo con seguridad mientras miraba al otro a la cara. —Puede sonar contradictorio, pero créame que sé como hacer que mis pacientes estén tranquilos cuando llega el momento de…operar. Algunos ni siquiera se dan cuenta de lo que están por vivir, me encargo de que no vean venir la inyección con el sedante, no tienen tiempo de reaccionar antes de que puedan dormirse. Ese es el tipo de efectividad que busco ¿Lo entiende? —Sabía que el otro podía comprenderlo a la perfección, pero debía asegurarse, solo por si acaso —. Sin embargo, a veces no soy yo quien consigue a los…pacientes…en ese caso pueden estar un poco más asustados por no decir MUY asustados…no todos entienden la delicadeza de este trabajo.
Dio un suspiro en el que dejó escapar algo de molestia, no con el otro médico, si no con esos que no trataban bien a sus “pacientes” antes de llevárselos. Aquella leve molestia lo hizo levantarse de su asiento, no sin antes haber dado un corto trago a su bebida, que aun sostuvo en su mano cuando caminó hacia la repisa que había visto cuando recién llegó. Pensó bien en sus palabras, todo mientras se fijaba de nuevo en aquel frasco con esencia de menta que antes había puesto en la mira.
—Así que tenemos dos emociones para trabajar: tranquilidad y miedo. Muy contradictorio ¿No le parece? Aunque podrían ser dos caras de una misma moneda —. Al decir eso se giró para hablar de frente nuevamente. —No tengo problema en pagar de más si hay que hacer sedantes distintos en cada caso y…con respecto a los sedantes locales, ahí mis pacientes suelen estar resignados y cansados. Ya no tienen fuerzas para luchar contra lo que…ataca a su cuerpo —. Dejó entrever una media sonrisa antes de dar otro sorbo al licor. La bebida lo ayudaba a soltarse, eso no era muy bueno.
—Entonces… ¿Es suficiente información? ¿O necesita algo más antes de que cerremos el trato? No me molesta pagar por adelantado si así lo desea, con tal de tener al menos una muestra de esas sustancias que puede preparar...entre antes las pueda probar en un paciente, mejor para mi...aunque antes de firmar cualquier cosa, espero que entienda que quiero confidencialidad y también…quiero saber ¿Están a la venta las esencias de la repisa? Me interesa la de menta…es un aroma que suele relajarme —. Por no decir que era un adicto al olor picoso de aquella planta y a la sensación de cosquilleo que dejaba en su cerebro, como si le intentara recordar algo o a alguien. —Además, así probaría que tan buenos son sus productos…aunque este sea uno completamente distinto a lo que le he pedido.
Dejó la copa sobre el reposabrazos de la silla en la que estaba antes para tener libertad con sus manos de sacar su billetera y ojear la cantidad de berries con la que había salido de su consultorio y, como siempre, eran los suficientes para darse el capricho que quisiera.
