08-11-2023, 12:53 AM
Tocaba hacer trabajo de campo. Con la información en la mano de que lo que debían buscar se encontraba en el puerto, solo debían instalarse cerca y esperar a que Glatus hiciera algún movimiento en falso, algo que delatara su ubicación final. Entonces, el trío de agentes del CP se abalanzarían sobre él como hienas a la carne fresca. Optaron por hospedarse en un hostal para pasar el tiempo cómodamente. Irina alquiló dos habitaciones, en aquel mismo momento, Daryl arqueó una ceja, ¿cómo que dos? ¿Qué estaba tramando esa pequeña maníaca?
Pues sí, Daryl tuvo sus motivos para sospechar, porque Irina había hecho ese movimiento a propósito para que ambos acabaran en la misma habitación. Lo malo es que la habitación solo constaba de una cama. Lo malo, también, es que Daryl no soportaba en contacto físico, por lo que ninguno de los dos querían dormir juntos. El caso es que al final la cama se la quedó Irina. ¿Y Daryl? Pues él prácticamente ni durmió. La mayor parte de la noche se la pasó en un bar que quedaba al lado, matando las horas a base de jarras bien frías de cerveza. Notó como Alzeid también se pasó por allí, y cómo salió acompañado de otro hombre. Aquello le deprimió un poco, así que continuó bebiendo hasta que a las cinco de la mañana se volvió a la habitación del hostal.
Ahí estaba Irina, durmiendo plácidamente en su ancha cama y con sus suaves mantas. Daryl la miró. Casi parecía un angelito, inofensiva. Su mera visión le calmó un poco por dentro, sintió como si la tranquilidad que ella sentía en ese momento se traspasara a su propio cuerpo solo con observarla. Dejó la espada apoyada contra una de las paredes, se quitó las botas y... se acercó un poco a ella. Se inclinó en el suelo frente a la pelirroja, que dormía de lado, justo hacia el lado externo de la cama, por lo que si por lo que sea, se despertaba y abría los ojos, lo primero que vería sería a él. Pero eso no ocurrió. Daryl se quedó frente a ella unos minutos, antes de extender su mano hacia su rostro dormido. Muy lentamente, como si se moviera a cámara lenta, aproximó sus dedos en dirección a la mejilla sonrojada de la agente... ¿y si la tocara? Pero simplemente ante esa idea, empezó a ponerse tremendamente nervioso. Una gota de sudor recorrió su frente, vio como sus dedos habían empezado a temblar notablemente y su respiración comenzó a agitarse. "Has bebido demasiado", pensó para sus adentros. No, no estaba preparado. Se deshizo de la idea rápidamente, volvió a alejarse de ella, apoyando su espalda contra la pared más cercana a la puerta. Se envolvió en su propia capa para abrigarse, e inclinando su cabeza contra la esquina de la habitación, pudo dormir unas pocas horas.
Se despertó y estaba solo en la habitación. El sol le daba en la cara, así que no pudo obviarlo mucho tiempo más, obligándole a ponerse en pie. Por un momento pensó en echarse él en la cama, aprovechando que estaba vacía, pero ahí había estado Irina... no se encontraba lo suficientemente cómodo como para echarse encima. Recogió sus cosas, se dio una ducha y bajó las escaleras del hostal hasta la zona común, donde habían quedado anteriormente para desayunar.
Sus ojos localizaron rápidamente a Irina y Alzeid, eran tan llamativos que era imposible no diferenciarlos al primer vistazo. Recorrió el resto del local con la mirada, por mera curiosidad. Era todo muy normal, aunque la presencia de otra pelirroja llamó su atención. Era muy guapa, mucho más guapa de lo que era común encontrarse en aquella isla, y que estuviera completamente sola era también algo extraño. Miró a Irina, luego a la pelirroja solitaria, luego a Irina de nuevo... se parecían un poco. Que tontería, seguro que aquella mujer era normal, no una psicópata como su compañera. Le pidió un café solo a la camarera y fue a sentarse con su grupo, haciéndose con la única silla que quedaba vacía. — ¿Qué tal? — Mencionó al sentarse, como un saludo. El café no tardó en llegarle, la verdad es que le hacía falta, porque había dormido como la mierda. Y se sintió terriblemente corriente al ver cómo vestían sus dos compañeras. Irina completamente de blanco, y Alzeid de negro; la primera, con unos pantalones cortos como nunca le había visto ponerse antes y una llamativa pamela, y el segundo con un vestido muy femenino y favorecedor. — ¿Hay un desfile de moda o algo hoy, qué hacéis vistiendo así? — Sonrió un poco, le hacía algo de gracia ver que se habían arreglado tanto, mientras él vestía de negro, como siempre, con su capa negra de siempre. Le dio un sorbo al café caliente, era reconfortante.
Pues sí, Daryl tuvo sus motivos para sospechar, porque Irina había hecho ese movimiento a propósito para que ambos acabaran en la misma habitación. Lo malo es que la habitación solo constaba de una cama. Lo malo, también, es que Daryl no soportaba en contacto físico, por lo que ninguno de los dos querían dormir juntos. El caso es que al final la cama se la quedó Irina. ¿Y Daryl? Pues él prácticamente ni durmió. La mayor parte de la noche se la pasó en un bar que quedaba al lado, matando las horas a base de jarras bien frías de cerveza. Notó como Alzeid también se pasó por allí, y cómo salió acompañado de otro hombre. Aquello le deprimió un poco, así que continuó bebiendo hasta que a las cinco de la mañana se volvió a la habitación del hostal.
Ahí estaba Irina, durmiendo plácidamente en su ancha cama y con sus suaves mantas. Daryl la miró. Casi parecía un angelito, inofensiva. Su mera visión le calmó un poco por dentro, sintió como si la tranquilidad que ella sentía en ese momento se traspasara a su propio cuerpo solo con observarla. Dejó la espada apoyada contra una de las paredes, se quitó las botas y... se acercó un poco a ella. Se inclinó en el suelo frente a la pelirroja, que dormía de lado, justo hacia el lado externo de la cama, por lo que si por lo que sea, se despertaba y abría los ojos, lo primero que vería sería a él. Pero eso no ocurrió. Daryl se quedó frente a ella unos minutos, antes de extender su mano hacia su rostro dormido. Muy lentamente, como si se moviera a cámara lenta, aproximó sus dedos en dirección a la mejilla sonrojada de la agente... ¿y si la tocara? Pero simplemente ante esa idea, empezó a ponerse tremendamente nervioso. Una gota de sudor recorrió su frente, vio como sus dedos habían empezado a temblar notablemente y su respiración comenzó a agitarse. "Has bebido demasiado", pensó para sus adentros. No, no estaba preparado. Se deshizo de la idea rápidamente, volvió a alejarse de ella, apoyando su espalda contra la pared más cercana a la puerta. Se envolvió en su propia capa para abrigarse, e inclinando su cabeza contra la esquina de la habitación, pudo dormir unas pocas horas.
A la mañana siguiente...
Se despertó y estaba solo en la habitación. El sol le daba en la cara, así que no pudo obviarlo mucho tiempo más, obligándole a ponerse en pie. Por un momento pensó en echarse él en la cama, aprovechando que estaba vacía, pero ahí había estado Irina... no se encontraba lo suficientemente cómodo como para echarse encima. Recogió sus cosas, se dio una ducha y bajó las escaleras del hostal hasta la zona común, donde habían quedado anteriormente para desayunar.
Sus ojos localizaron rápidamente a Irina y Alzeid, eran tan llamativos que era imposible no diferenciarlos al primer vistazo. Recorrió el resto del local con la mirada, por mera curiosidad. Era todo muy normal, aunque la presencia de otra pelirroja llamó su atención. Era muy guapa, mucho más guapa de lo que era común encontrarse en aquella isla, y que estuviera completamente sola era también algo extraño. Miró a Irina, luego a la pelirroja solitaria, luego a Irina de nuevo... se parecían un poco. Que tontería, seguro que aquella mujer era normal, no una psicópata como su compañera. Le pidió un café solo a la camarera y fue a sentarse con su grupo, haciéndose con la única silla que quedaba vacía. — ¿Qué tal? — Mencionó al sentarse, como un saludo. El café no tardó en llegarle, la verdad es que le hacía falta, porque había dormido como la mierda. Y se sintió terriblemente corriente al ver cómo vestían sus dos compañeras. Irina completamente de blanco, y Alzeid de negro; la primera, con unos pantalones cortos como nunca le había visto ponerse antes y una llamativa pamela, y el segundo con un vestido muy femenino y favorecedor. — ¿Hay un desfile de moda o algo hoy, qué hacéis vistiendo así? — Sonrió un poco, le hacía algo de gracia ver que se habían arreglado tanto, mientras él vestía de negro, como siempre, con su capa negra de siempre. Le dio un sorbo al café caliente, era reconfortante.
