15-02-2026, 04:15 PM
(Última modificación: 17-02-2026, 01:59 AM por Maki D. Zen'in.)
Sus lentes en el suelo eran prueba viva de que era un tipo duro, pero también que era capaz de resistir cualquier daño que se le aplicara, era grande, era algo, era fuerte y su escudo le tocaba de una solidez envidiable. De hecho, cada uno de los hombres presentes eran o fueron en algún momento piratas traficantes o algún tipo de indeseable que intento atravesar el puerto para hacer sus maldades. Pero… secretamente el capitán Ignis se apropiaba de los negocios que traían los forasteros mal malvivientes y los llevaba a término el mismo. Era un sucio bastardo.
El golpe pareció seco… Vaya un enemigo a la altura. El escudo apenas le movió y reboto como si le hubiera pegado a una montaña con él al fin será que Ignis se habrá encontrado con la horma de su zapato? Es posible, puesto que al verse enfrentados en el centro sus hombres podían ver que eran iguales, pero no en forma, sino en espíritu, en potencia y determinación. Dos colosos tan formidables que los demás pensaban que con cada golpe se reventarían uno al otro. El capitán estaba atento, estaba absorto, pero no estaba descontrolado, no podía dejar que un venido a menos le tumbase, le enfrentase y mucho menos le ganase.
Su movimiento fue rápido, fue mortal, fue certero y gracioso. Pero Ignis era igual de letal. El agarre que intento Heras fue contrarrestado simplemente por el movimiento de su escudo. Solo un giro fue suficiente para que la mano de Heras se estampase en el ancho de él. La altura de ambos era diferente. Pero Logro actuar a tiempo. El escudo como un relámpago se lanzo contra el rostro de Heras con toda su fuerza. Esta vez se movió rápido, tanto como pudo para golpear con el escudo hacia arriba en un gran gancho para intentar derribarlo. El golpe fue amplio e intentaba derribarlo con esa fuerza. —Ey… no te desmayes que aun quiero jugar contigo… jajajajaja… bueno chaval. No creas que por como me veo te dejare que andes de chulo por MI isla.— La confianza del capitán… que en verdad no era ni capitán oficial ni tenia un barco propio, pero por costumbre los hombres le llamaban así.
Al momento del golpe del escudo, la velocidad con la que se movió provoco que la horda de hombres alrededor gritara con emoción y alegría, pero pocos vieron que efectivamente el golpe del gigante alado había sido contundente y desequilibrante. Jamas habían visto a su capitán perder y esperaban que por orgullo propio, tampoco fueran derrotados ellos mismos, pues la mayoría creía que si alguien derrotaba a quien te derroto. Era algún tipo de humillación.
El golpe pareció seco… Vaya un enemigo a la altura. El escudo apenas le movió y reboto como si le hubiera pegado a una montaña con él al fin será que Ignis se habrá encontrado con la horma de su zapato? Es posible, puesto que al verse enfrentados en el centro sus hombres podían ver que eran iguales, pero no en forma, sino en espíritu, en potencia y determinación. Dos colosos tan formidables que los demás pensaban que con cada golpe se reventarían uno al otro. El capitán estaba atento, estaba absorto, pero no estaba descontrolado, no podía dejar que un venido a menos le tumbase, le enfrentase y mucho menos le ganase.
Su movimiento fue rápido, fue mortal, fue certero y gracioso. Pero Ignis era igual de letal. El agarre que intento Heras fue contrarrestado simplemente por el movimiento de su escudo. Solo un giro fue suficiente para que la mano de Heras se estampase en el ancho de él. La altura de ambos era diferente. Pero Logro actuar a tiempo. El escudo como un relámpago se lanzo contra el rostro de Heras con toda su fuerza. Esta vez se movió rápido, tanto como pudo para golpear con el escudo hacia arriba en un gran gancho para intentar derribarlo. El golpe fue amplio e intentaba derribarlo con esa fuerza. —Ey… no te desmayes que aun quiero jugar contigo… jajajajaja… bueno chaval. No creas que por como me veo te dejare que andes de chulo por MI isla.— La confianza del capitán… que en verdad no era ni capitán oficial ni tenia un barco propio, pero por costumbre los hombres le llamaban así.
Al momento del golpe del escudo, la velocidad con la que se movió provoco que la horda de hombres alrededor gritara con emoción y alegría, pero pocos vieron que efectivamente el golpe del gigante alado había sido contundente y desequilibrante. Jamas habían visto a su capitán perder y esperaban que por orgullo propio, tampoco fueran derrotados ellos mismos, pues la mayoría creía que si alguien derrotaba a quien te derroto. Era algún tipo de humillación.
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