15-02-2026, 07:55 PM
Día 40 verano || Año 16
Isla de Baterilla
Isla de Baterilla
Hacía cuanto estaba en Baterilla era dificil dictaminarlo, sin embargo, no era algo que Cill disfrutara mucho. Muchos días oscuros que le traían en remembranza cosas que prefería olvidar, nunca dio con buen puerto en ese sitio... Desde el vamos, allí fue donde tocó tierra firme después de haber sido secuestrado en el East Blue, y allí permaneció cautivo buen tiempo con esa banda que le enseñó todo lo que sabe, que le dieron a comer esa fruta maldita solo por diversión, para jugar con ver como se ahogaba, y no obstante ello, allí fue detenido por primera vez, también culpa de ellos que lo usaron como chivo expiatorio. Sin dudas Baterilla no era un lugar que le avocara mucha gracia. Pero allí estaba, pese a todo pronóstico.
El motivo de su regreso se remontaba hacía una semana atrás, aproximadamente, claramente por motivos de trabajo, había sido contratado por un gordo mercader que quería evitar la competencia en el transporte de armas robadas, no a gran escala, algo de poca monta, pero, era dinero al fin, y tampoco era que pensaba cumplir con el trabajo, no estaba muy a favor del tráfico de armas, iba totalmente en contra de sus ideales, así que vio la oportunidad perfecta de tomar su ventaja cobrando por anticipado el trabajo, y luego "perder" la mercadería tanto de la competencia como la de su contratista que se encontraban en el puerto. Una parte ya estaba hecha... Faltaba la otra, deshacerse de la carga de su contratista...
~Será mañana...~
En su mente ya estaba decidido, ese día sería complicado poder realizar tal maniobra, lo mejor sería esperar al día siguiente, donde hubiera más movimiento, y sería más fácil escabullirse, era algo que tenía bastante claro. Luego de reunirse con su contacto, para dar el parte del sabotaje hecho a la otra banda oriunda de Baterilla, y no levantar sospechas, salió de aquella improvisada oficina en el barco de éstos amarrado al puerto mismo. Tan solo tocar cubierta y sentir el aire puro, deslizó su mano al bolsillo para tomar un cigarro, mismo proceso para sacar el mechero y encenderlo. Dió una profunda pitada, para exhalar el humo mientras se iba con una sensación de asco del barco. Odiaba ese tipo de criminales que los veía nada más que como simples cobardes y lucraban con la muerte ajena, lejano a la idea de aventurarse y las emociones vivas que el prefería. No podía respetar a esos que les gustaba jugar con armas pero no estaban dispuestos a pagar el precio del riesgo de lo que estas mismas pueden ocasionarle a otro en uno mismo, no veía la gracia en eso...
Poco a poco sus pasos lo alejaron del sitio mientras se dirigía a la pequeña posada que se encontraba ahí cerca en el puerto, algo de poca relevancia, más que nada ocupada por mismos trabajadores y tripulantes que frecuentaban el puerto o se encontraban allí anclados. En el camino, no dejó pasar el descuido de un comerciante, que distraido hablando con un cliente allí en su puesto, no vió como Cill sobre la marcha en su caminata tomo un pan y una botella de licor, continuando su camino. Una sonrisa acompañó su rostro, de pura satisfacción por saber lo que esperaba al día siguiente. No hizo falta más que una ducha y beber un poco para cerrar el día tranquilamente.
Ya de mañana, el puerto comenzaba a registrar movimiento, gente yendo y viniendo. Un ambiente propicio para desencadenar el caos, y poder darse por terminado, no tenía dudas, solo ansias. Se dirigió nuevamente a aquel barco que le despertaba las sensaciones más repulsivas, pero sus pasos no lo adentraron a la oficina donde aquel tipo trajeado, algo sucio, estaba sentado, entre hojas de registros de sus negocios... No, ésta vez, haciéndose el tonto, fue al cuarto de armas, donde guardaban toda la pólvora, municiones, y demás. Fué sencillo y rápido, amontonó todo lo explosivo ahí en una esquina, y dibujó un camino de polvora hasta la puerta. Se sentó sobre una caja de balas de cañón, y encendió un cigarro. El humo en su garganta bajando, a medida que lo hacía le daba una sensación de placer, que no pudo hacer más que regalarle una sonrisa en su rostro. Pero no iba a quedarse allí a "disfrutar" ese cigarro... Suspiró, volvió a incorporarse, y ajustó su katana en su cintura. Sacudió la cenizay dejó caer su cigarro a brasa viva sobre el comienzo del camino de pólvora. No hace falta pensar mucho más que fué lo que sucedió... El se fue corriendo rapidamente del lugar, procurando no ser visto o reconocido por nadie, y saltó del barco antes que se diera cuenta alguien... Lo siguiente era actuar normal... Solo caminó... Intentó mezclarse entre la multitud, en ese movimiento aglutinado de gente que buscaba precios, oportunidades o simplemente trabajaba allí.
Mientras caminaba, volvió a encender un cigarro que esta vez si pensaba no desperdiciar. Tan solo la primer pitada, una sonrisa se clavó en su rostro, empezando a reír internamente al escuchar explotar ya a buena distancia aquella sala, generando un gran incendio en la nave, y masivas pérdidas a esos tipos. Lo siguiente lo tenía claro, era desaparecer un rato, y el donde no tardo nada en aparecer frente a él, allí en el puerto había una taberna de mala muerte, un lugar de esos que le encantaban, donde la diversión y el peligro para los civiles iban de la mano. ¿Para él? Un caldo de cultivo emocionante de diversión, juego y lo que más necesitaba, desaparecer un tiempo.
Allí dentro, todo le era familiar, no importaba la isla, el ambiente siempre le era familiar. El humo, el ruido, las caras de pocos amigos, los avariciosos que buscaban hacerse con el dinero ajeno, el juego, las apuestas... Apuestas... Solo esa idea le hacía refulgir un brillo en sus ojos, no podía haber ido a parar a mejor sitio. En un principio comenzó a beber algo de licor, mientras se puso a jugar dados con unos tipos que parecían criminales miembros todos de una banda... Se dió cuenta que estos tipos le estaban haciendo trampa, pero no tenía como probarlo, por lo que siguió jugando, apostando, haciendo que su pérdida sea cada vez mayor, hasta que el ambiente comenzó a ponerse hostil, y las caras más amenazantes... Cosa que solo hacía que le resultara todo más divertido, no podía evitar sonreír...
—Será mejor que pagues infeliz, no vas a moverte hasta que lo hagas, ¿O prefieres morir aquí y ahora?— dijo uno de ellos amotinándose contra el pirata sacando una navaja. Cill no pudo contenerse y echó a reír. En el momento que éste se acercó, le pegó con el mango de su katana en la nariz rompiéndola, y aprovechó a voltear la mesa contra los otros. El escándalo se había instalado, pero no quería pelear realmente, solo se agachó mientras se escabullía entre los ojos curiosos a carcajadas por lo sucedido. Vió otra mesa más distante a la que se acercó para ver como un tipo se jactaba de aprovechar de una joven como su amuleto de suerte para ponerse a jugar, el vió a la chica de cicatriz y al tipo y no pudo evitarlo, tenía que... Se les aproximó sonriente para estar frente a éstos, y de espaldas a donde había montado la escena. —Hoy me siento con suerte viejo ¿Qué tal si probamos quien tiene más?— le consultó mientras sonreía rascando su nuca, cigarro en boca. —A ver que tanta suerte te da tu amuleto— le dijo desafiante pero entre risas, pícaramente.
