La danza del acero [AV. T1- Presente Absoluto]
#5
El olor a alcohol barato que empapaba la ropa de Alek se mezcló instantáneamente con la tensión del momento. Sus palabras, cargadas de una ironía mordaz sobre el fuego y la madera, flotaron en el aire húmedo apenas un segundo antes de que la violencia estallara. La advertencia sobre la estupidez de mezclar elementos inflamables en una estructura precaria fue el último acto de civilidad de la noche.

El desenvaine fue un relámpago blanco en la oscuridad del río.

Los cinco estibadores, envalentonados por el alcohol y la superioridad numérica, apenas tuvieron tiempo de procesar el cambio en la postura del Lunarian. Habían esperado una pelea de bar, empujones y puñetazos torpes; lo que recibieron fue la precisión de un verdugo.

El arco trazado por la katana de Alek fue perfecto, una media luna de muerte que barrió el ancho del muelle. El sonido fue horrible: el siseo del acero cortando el aire seguido inmediatamente por el sonido húmedo y contundente de la carne y el hueso cediendo. No hubo resistencia.

El muelle, una estructura que ya de por sí desafiaba las leyes de la física con su equilibrio precario, se convirtió en un escenario dantesco. La sangre de los cinco estibadores comenzó a filtrarse entre las rendijas de los tablones de madera, goteando de forma rítmica sobre las aguas turbias del río, mientras el fuerte olor a hierro se mezclaba con el vaho alcohólico que seguía emanando de la ropa del pirata. El silencio que siguió al tajo circular fue apenas un latido, una pausa necesaria antes de que la verdadera tormenta estallara.

El líder de los trabajadores no retrocedió. A diferencia de sus subordinados, cuyos cuerpos ahora entorpecían el paso y convertían el suelo en una trampa resbaladiza, este hombre parecía alimentarse de la carnicería. Sus ojos, nublados por una mezcla de embriaguez y una furia ciega, se clavaron en la figura del peliblanco. No hubo palabras de duelo, solo un rugido gutural que pareció silenciar momentáneamente los tambores que retumbaban en la lejanía de las hogueras.

Con un movimiento fluido y cargado de una potencia bruta cultivada tras años de cargar sacos de azúcar de cien kilos, el gigante echó mano a la empuñadura de su espadón. La mole de hierro, tosca, mellada y con restos de óxido, abandonó su espalda con un sonido metálico raspado que erizó la piel. El hombre plantó sus pesadas botas sobre la madera ensangrentada, ignorando el riesgo de resbalar, y elevó el arma por encima de su cabeza.

—¡VAS A SER LA COMIDA DE LOS CAIMANES, ESCORIA! —bramó, con las venas del cuello a punto de estallar. —¡Voy a enseñarte lo que es duro, fenómeno! ¡Nadie derrama sangre de Samba en mi turno!

El ataque no tuvo sutileza, pero sí una fuerza gravitacional aterradora. El líder descargó un tajo vertical descendente, un hachazo masivo destinado a partir no solo al visitante, sino el muelle entero bajo sus pies. El espadón cortó el aire con un silbido agudo, desplazando una ráfaga de viento que avivó por un instante la llama que ardía en la espalda del pirata antes de que el hierro impactara.

La estructura de madera bajo el atacante crujió violentamente. Los tablones, podridos por la humedad constante del río Samba, comenzaron a ceder incluso antes de que el filo tocara su objetivo debido a la enorme presión ejercida por el peso del gigante y su arma. Si el golpe conectaba, no habría escudo ni guardia capaz de contener tal inercia sin que los pies del defensor atravesaran el suelo, quedando atrapado en la estructura rota mientras el espadón terminaba el trabajo.

El reflejo del fuego de las hogueras danzó sobre el metal sucio de la hoja que descendía implacable. El tiempo pareció ralentizarse: el olor a sangre, el balanceo del muelle, el estruendo de los tambores de fondo y esa masa de hierro que prometía sepultarlo todo bajo el agua del río.

La caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]


Mensajes en este tema
RE: La danza del acero [AV. T1- Presente Absoluto] - por Kibai - 15-02-2026, 08:34 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)