16-02-2026, 02:02 AM
Narrador / María Merlot
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Una semana antes…
— ¿Dónde queda Sabaody? — pregunto la joven María mientras ayudaba a Juan a limpiar la sala, él barría, ella quitaba el polvo. El pensamiento vino fugazmente a su cabeza, ella no sabia de geografía, ni siquiera sabia dónde se encontraba esa isla, tampoco le importaba por ahora, supuso que en alguien momento iría a la escuela como los otros chicos de su edad, el gyojin no le había comentado nada, pero en su cabeza era el paso siguiente luego de su completa recuperación ¿No? Ser un miembro activo y positivo de la comunidad, su gran sueño — Carlisle me pidió ir allá… — musito mirando el suelo, era la primera vez que hablaba de algo de sus recuerdos, porque no podía catalogarse de pasado… ese “pasado” ni siquiera lo recordaba, su vida antes del barco del Capitán Borracho estaba en blanco — … dijo que buscará a Sasha Ostras, y le pidiera disculpas en su nombre… — su expresión se llenó de confusión, no entendía de que se arrepintió en sus últimos minutos de vida el gyojin gris pero la sensación que le había dejado a la pequeña semi sirena fue la de… un deber que debía cumplir, un deber heredado, una misión en su vida que lograría en cualquier momento — ¿Podríamos ir alguna vez, Pa Levi? ¿Por favor? No ahora, no, tal vez más adelante, seguro es un viaje divertido, veríamos islas y conoceríamos más personas, y seguro aprenderíamos muchísimo, y habría comida deliciosa, pero nada que hubiera estado vivo ¿Okey? — recupero su ánimo y alegría para finalizar contándole que Carlisle había muerto en la jaula que había caído más allá de la suya, ella resulto ser la única sobreviviente de ese naufragio, una persona muy afortunada.
Así termino ese día de limpieza, con una promesa por conocer y explorar juntos el Archipiélago Sabaody, en un futuro lejano.
Así termino ese día de limpieza, con una promesa por conocer y explorar juntos el Archipiélago Sabaody, en un futuro lejano.
Fin…
Ahora…
Dicen que la vida pasa a través de los ojos antes de morir…
Dicen que vez una luz al final de un túnel…
Dicen tantas cosas sobre la muerte…
Se les olvida que el infierno está en la tierra…
Y esa noche… comenzó su espiral hacia la desgracia.
Una espiral que, por mas que lo deseo, nunca la llevo a la muerte.
Tranquila, seguro que es solo un arrecife.
La suave voz de Juan, protectora y confiable alejo sus pensamientos de cualquier aspecto negativo. Lo cierto es que la joven María nunca pensó más allá de una ola o algo así, ella estaba demasiado sumergida en su propia felicidad y la alegría por descubrir a los gusanos bioluminiscentes... que cualquier cosa a su alrededor era un ruido colorido, ajeno a la preocupación en algunos rostros.
¡A ver, hijos de puta! No les haremos mucho daño si nos entregan a esa niña que viaja con ustedes.
El ruido al otro lado de su posición la hizo mirar del Cangrejo al nuevo Gyojin que emergió de las aguas tranquilas, con poco sigilo y mucha presencia. Lo primero que pensó la chica fue en sus colores neones, verdes y anaranjados, eran llamativos, pero luego su cabeza procesó sus palabras “… esa niña” … ella era la única en el barco. Dio un paso más en dirección a Juan, su instinto le dijo que corriera a refugiarse entre sus brazos, que cerca de él no le pasaría nada malo… pero sus pies no se movieron.
El sonido del agua romperse…
El sonido del agua caer sobre la madera…
Una presencia detrás…
Un escalofríos recorrer desde las puntas de sus pies hasta su cabeza…
El sonido del agua caer sobre la madera…
Una presencia detrás…
Un escalofríos recorrer desde las puntas de sus pies hasta su cabeza…
María lo sabía antes de verlo, había algo… o más bien alguien detrás de ella, y su cuerpo reacciono con una mezcla de miedo y ansiedad. Levanto la cabeza por puro instinto, encontrándose con los ojos más fríos, vacíos y llenos de nada, que había visto en su vida. Un par de gotas se deslizaron de su tez morena, y cayeron sobre la cara de la más pequeña, recordándole que no se trataba de una pesadilla, sino que era la pura y llana realidad.
Kassandra
La semi sirena no lo sabía, pero sería la primera vez de muchas veces que escucharía aquel nombre con el que la estaba bautizando y marcando su monstruo personal. La sonrisa que se ensancho en aquellos labios morados, la hicieron temblar, por las promesas oscuras no pronunciadas. Él era malo. Él era peligroso. Tenia que alejarse, tenia que llegar hasta Juan, su papá nunca permitiría que nadie le hiciera daño ¿verdad? Quiso correr, sus piernas no se movían pero sus intenciones serían claras para cualquiera por eso cuando él la sujeto por el brazo, con una fuerza que la hizo soltar un chillido, y arder la piel, sintió su mundo apagarse… las voces intrusivas en su cabeza le gritaban que lo que había visto en el barco que naufragio, no sería nada si ese gyojin se la llevaba…
Tenía que soltarse…
Debía soltarse…
Gritar…
Correr…
Pelear…
SUELT-
Debía soltarse…
Gritar…
Correr…
Pelear…
SUELT-
A lo lejos pudo escucharlo pero su voz fue eclipsada por uno de los marineros, que con un remo intento salvarla… lo conocia, el hermano mayor de Sussy, habían jugado juntas en una oportunidad mientras esperaba a Juan quien estaba haciendo las compras en la tienda de víveres. Era un buen muchacho, uno que termino… atravesado por otro gyojin, este de un hermoso color violáceo azulado. La sangre salpico, y en la garganta se perdió el grito de terror de María. No solo llego a su sombrero, la sangre cayo en su cara, caliente y fresca. La peliazul levanto la mano temblando y toco la gota carmesí en su mejilla. Su estómago se revolvió, arcadas la invadieron, su cuerpo llena de pánico empezó a temblar y sus ojos solo pudieron buscar con desesperación la figura del cangrejo rojo, a quien suplicaba sin decir una sola palabra AUXILIO…
Caos.
Violencia.
Masacre.
Violencia.
Masacre.
Los orbes ámbar llenos de brillos se apagaron, se llenaron de lágrimas que caían sin esfuerzo por sus mejillas, mientras veía a sus amigos, a sus queridos marineros caer uno tras otro a manos de esos monstruos. Su cuerpo no reaccionaba, era una espectadora petrificada esperando su turno para… morir. Vio a Juan intentando salvar a Zheng pero fue en vano, y hasta ella, con su fe inquebrantable por él… se dio cuenta del justo momento donde… se rindió, dónde entendió que no era rival para ninguno de los tres.
No…
Ella no quería morir…
No quería que Juan muriera…
Podían nadar….
Podían huir…
Solo debía soltarse…
Ella no quería morir…
No quería que Juan muriera…
Podían nadar….
Podían huir…
Solo debía soltarse…
— ¡PAPAAAAAAAA! — grito con la desesperación de quien no tiene nada más que perder. Busco zafarse del agarre, pero fue en vano. Ella no podía soltarse, pero él estaba libre… él podría escapar — DEJAME… VETEEEEE — siguió gritando en su desesperación ¿A quien? A Juan, por supuesto. Él tenia oportunidad de vivir, ella no quería que él muriera, él la había salvado, era su turno de salvarlo. Juan le permitió vivir una vida feliz… por su culpa, por querer ir a ver a los gusanos, estaban en esa situación. Si ella los distraía, si ella hacia algo, le daría la oportunidad de irse… en su ingenuidad, pensó que sería así.
— OYE, MONSTRUO, MIRAMEEEE — le grito al moreno saliendo de su shock inicial y dándole una patada en la pantorrilla, una patada que no le hizo ni cosquillas, pero si atrajo su atención. Esos ojos azules, la veían como si se tratara del tesoro que siempre estuvo buscando y que nunca encontró… hasta ahora. Sus ojos, su sonrisa, decían que nunca la soltarían; y si ella veía la expectativa en el monstruo moreno, seguro el cangrejo también. En ese momento, aunque fuera joven, María comprendido dos cosas:
— OYE, MONSTRUO, MIRAMEEEE — le grito al moreno saliendo de su shock inicial y dándole una patada en la pantorrilla, una patada que no le hizo ni cosquillas, pero si atrajo su atención. Esos ojos azules, la veían como si se tratara del tesoro que siempre estuvo buscando y que nunca encontró… hasta ahora. Sus ojos, su sonrisa, decían que nunca la soltarían; y si ella veía la expectativa en el monstruo moreno, seguro el cangrejo también. En ese momento, aunque fuera joven, María comprendido dos cosas:
1. La atención de Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal se traducía como dolor…
2. El Capitán no tenia ni una pizca de paciencia, ni tampoco piedad...
2. El Capitán no tenia ni una pizca de paciencia, ni tampoco piedad...
El agarre en el brazo se hizo más fuerte, alzando a la joven celeste por este sin esfuerzo hasta dejarla a la altura de sus orbes: azul gélido sobre ámbar. María con su temeridad, nacida de la ignorancia y del miedo, lo escupió directo a la cara — … déjanos monstruo… — pronuncio, pero antes de poder continuar un grito salió disparado de su boca empapado de dolor agónico…
CRACK…
Brazo roto… ¿lo escucharía Levi? Era lo de menos, porque sería lo primero de su tragedia a manos del Capitán de los Piratas del Abismo… nadie podía salvarla, cuando se acababa de convertir en el juguete favorito de un... vil e inestable ser.
Karma Fanático: Hyakinthos.
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