16-02-2026, 02:19 AM
Maki no temía estar rondando en la jodida jungla, muchos lugares donde esconderse, mucho árbol para usar de bloqueo en caso de ser sorprendida. Y su mejor truco, convertirse en una jodida iguana. Escapar y perderse en el follaje, solo por diversión, jamás por temor. Esta vez solo necesitaba árboles, madera y marcar un par de ellos era suficiente, después de todo las reparaciones para su amado barco eran pocas. El Last Whisper era muy preciado para ella. No por su valor monetario, sino porque tenía algunos recuerdos hermosos con la tripulación.
Se habían detectado uno al otro desde hace mucho, ella al moverse por el bosque no tenía cuidado, a lo mucho podría identificarse como otra bestia, saltando de rama en rama, de árbol en árbol con gran agilidad. Sus manos como garras le hacían colgarse como un mono de ellas, moviéndolas desde su posición natural, rastros, eso dejaba, apenas visibles para novatos y tontos, luces de aterrizaje para un experto, ella también tenía sus métodos, siempre mirando de reojo y su principal arma. El oído, estaba tan afinado y entrenado que podía detectar le diferencia de una nota de otra en e mismo teclado o en un acorde de guitarra.
En realidad, era descuidada, poco o nada le importaba esconderse de quien fuera pues se consideraba tan feroz y beligerante que pocas criaturas podrían con ella en la isla al menos. Tatareando recordando la canción de su madre y su padre, se detuvo apenas medio segundo para analizar las pisadas de quien el invadía la privacidad.
El muchacho es extraño, porta colores que Maki cree reconocer, semblantes alusivos a problemas y un aire de superioridad que a otros podría causarle un escozor en el páncreas. A ella. nada, no le decía nada y continuaba con sus cosas… al menos en su mente, calculaba que debía hacer al menos quince metros de cuerda de cáñamo. Una parvada de aves de gran tamaño cruzo el aire mientras hablaba y Maki distraída miraba a la lejanía mientras usaba una palma como visera al momento que pasaban… su rostro radiante alegre y lleno de esperanza, era un lugar hermoso. Le encantaban los animales. Los libres y sanos. Su desdén duro poco cuando el le hablo. Poca atención había puesto a sus palabras iniciales.
—A si piratas… te refieres a esos degenerados que solo aman pelear, beber robar y violar… yo… los detesto. Por eso viajo con increíbles amigos… bueno… creo que uno de ellos ya no vendrá mas con nosotros. Creo… creo que se ha enamorado… que alegría por él. Quizás algún día siga sus pasos. Espero.— Soñó Maki mientras se agachaba nuevamente a recoger la poca cuerda que había fabricado para echársela al hombro. Apenas unos metros pero suficiente como para atar el árbol.
—Ella… es… es… EL ATUN!!!— Maki al ver el rostro de la muchacha se movió con un paso cegador. Uno que seguro el pelirrojo no detectaría por mucho que quisiera. Maki tenía pocas aficiones, pocas amistades y ninguna obsesión... pero Merlot… María Merlot era su hermana, aquello que le obligaba en las mañanas a rezar a dioses despiadados para que le cuiden, a amenazar espíritus imaginarios para que se parte de ella… La hoja de papel se desvaneció de las manos del cazador y ella se volteo dándole la espalda como guardando un tesoro… —Ella… sabes donde esta o donde estuvo?... es… espera que?... como que esposo?... per pe pero que… JAJAJAJAJAJAJ… si, puede ser… es una… chica especial y si ha puesto sus ojos en ti… seguro que tu también lo eres…— Se volteo para ponerle una mano sobre el hombro como si le diera una mala noticia.
—Mi nombre es Maki… del clan D de los Zen´in de Marine Fort… y tu eres?... tienes la apariencia de ser una especie de guardabosques… aunque tu melena roja… como una bandera… creo que la he visto antes o es idea mía?... bah!!... mi memoria no es muy buena que digamos… dime… que haces aquí… pero…— El rostro amable de Maki, sus facciones, aunque desfiguradas y retorcidas por el dolor de las quemaduras que inundaban su cuerpo no le dotaban de algo agradable de ver… se torció, oscureció y se volvió. Maligna. Sus ojos redondos y grandes se afilaron y su boca pareció echar fuego con cada palabra.
—Si buscas a mi amiga para hacerle el mal, o siquiera pensar en hacerle daño o apresar… temo que no puedo dejarte salir vivo de esta isla… … … …— Su vista era despiadada, seria y llena de maldad, pero después, sonrió amenamente dándole un par de palmadas… en el hombro. —Ayúdame cariño… puedes pasar por debajo del tronco la cuerda?...— Dijo mientras sea cerco al árbol derribado y con una increíble fuerza lo levanto como si nada… esperando que el hombre tomara l cuerda y lo pasase por debajo para atarlo.
Se habían detectado uno al otro desde hace mucho, ella al moverse por el bosque no tenía cuidado, a lo mucho podría identificarse como otra bestia, saltando de rama en rama, de árbol en árbol con gran agilidad. Sus manos como garras le hacían colgarse como un mono de ellas, moviéndolas desde su posición natural, rastros, eso dejaba, apenas visibles para novatos y tontos, luces de aterrizaje para un experto, ella también tenía sus métodos, siempre mirando de reojo y su principal arma. El oído, estaba tan afinado y entrenado que podía detectar le diferencia de una nota de otra en e mismo teclado o en un acorde de guitarra.
En realidad, era descuidada, poco o nada le importaba esconderse de quien fuera pues se consideraba tan feroz y beligerante que pocas criaturas podrían con ella en la isla al menos. Tatareando recordando la canción de su madre y su padre, se detuvo apenas medio segundo para analizar las pisadas de quien el invadía la privacidad.
El muchacho es extraño, porta colores que Maki cree reconocer, semblantes alusivos a problemas y un aire de superioridad que a otros podría causarle un escozor en el páncreas. A ella. nada, no le decía nada y continuaba con sus cosas… al menos en su mente, calculaba que debía hacer al menos quince metros de cuerda de cáñamo. Una parvada de aves de gran tamaño cruzo el aire mientras hablaba y Maki distraída miraba a la lejanía mientras usaba una palma como visera al momento que pasaban… su rostro radiante alegre y lleno de esperanza, era un lugar hermoso. Le encantaban los animales. Los libres y sanos. Su desdén duro poco cuando el le hablo. Poca atención había puesto a sus palabras iniciales.
—A si piratas… te refieres a esos degenerados que solo aman pelear, beber robar y violar… yo… los detesto. Por eso viajo con increíbles amigos… bueno… creo que uno de ellos ya no vendrá mas con nosotros. Creo… creo que se ha enamorado… que alegría por él. Quizás algún día siga sus pasos. Espero.— Soñó Maki mientras se agachaba nuevamente a recoger la poca cuerda que había fabricado para echársela al hombro. Apenas unos metros pero suficiente como para atar el árbol.
—Ella… es… es… EL ATUN!!!— Maki al ver el rostro de la muchacha se movió con un paso cegador. Uno que seguro el pelirrojo no detectaría por mucho que quisiera. Maki tenía pocas aficiones, pocas amistades y ninguna obsesión... pero Merlot… María Merlot era su hermana, aquello que le obligaba en las mañanas a rezar a dioses despiadados para que le cuiden, a amenazar espíritus imaginarios para que se parte de ella… La hoja de papel se desvaneció de las manos del cazador y ella se volteo dándole la espalda como guardando un tesoro… —Ella… sabes donde esta o donde estuvo?... es… espera que?... como que esposo?... per pe pero que… JAJAJAJAJAJAJ… si, puede ser… es una… chica especial y si ha puesto sus ojos en ti… seguro que tu también lo eres…— Se volteo para ponerle una mano sobre el hombro como si le diera una mala noticia.
—Mi nombre es Maki… del clan D de los Zen´in de Marine Fort… y tu eres?... tienes la apariencia de ser una especie de guardabosques… aunque tu melena roja… como una bandera… creo que la he visto antes o es idea mía?... bah!!... mi memoria no es muy buena que digamos… dime… que haces aquí… pero…— El rostro amable de Maki, sus facciones, aunque desfiguradas y retorcidas por el dolor de las quemaduras que inundaban su cuerpo no le dotaban de algo agradable de ver… se torció, oscureció y se volvió. Maligna. Sus ojos redondos y grandes se afilaron y su boca pareció echar fuego con cada palabra.
—Si buscas a mi amiga para hacerle el mal, o siquiera pensar en hacerle daño o apresar… temo que no puedo dejarte salir vivo de esta isla… … … …— Su vista era despiadada, seria y llena de maldad, pero después, sonrió amenamente dándole un par de palmadas… en el hombro. —Ayúdame cariño… puedes pasar por debajo del tronco la cuerda?...— Dijo mientras sea cerco al árbol derribado y con una increíble fuerza lo levanto como si nada… esperando que el hombre tomara l cuerda y lo pasase por debajo para atarlo.

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