08-11-2023, 06:23 AM
(Última modificación: 08-11-2023, 06:25 AM por Irina Volkov.)
A Irina no le importaba que alguno de sus rituales fueran vistos a plena luz. La tinta de los tatuajes se dejaba ver en sus manos y brazos, pero le daba igual, no desentonaba en absoluto con el lore de una extravagante turista a la mayor biblioteca del mundo. Daría un primer bocado a la tostada, sintiendo el potente sabor de aquella sangre que manchó su lengua. Siempre que ingería sangre humana, carne o algún derivado crudo, sentía que sus dioses la abrazaban, formando una comunión casi total con ellos. Venía de estar casi cinco horas en su habitación rezando, de cara a la pared, completamente a oscuras y haberse flagelado un buen rato por no haber completado la misión a tiempo. No era su culpa que el pirata al que esperaban no apareciera, pero sí lo era no haberse percatado que quizás este no era el lugar en el que buscar, llegar hasta Ohara y esperar a la aparición del susodicho era un plan pasivo. Y no. A ella se le tendría que haber ocurrido uno mejor, uno que implicara un asalto más directo, conocer una ruta, seguirla, llegar hasta su mismísimo hogar y estar esperando en su sofá al calor de su mujer e hijos. Pero no fue así.
Era un bar de puerto, allí la gente confluía con bastante asiduidad. No quedaba un rostro sin inspeccionar para ella. Sin duda alguna no pasó desapercibida una atractiva mujer de cabello rojizo que no se sentó muy lejos de allí. Sus ojos, como siempre usados cuál faro, la señalaron. Sin embargo la estrambótica presencia de Alzeid le quitó un objetivo que analizar. Venía vestido con un traje de fémina, pero el era varón. — Eres puntual. Me alegro agente Alzeid. Es un rasgo reconfortante. — Tomó un sorbo de su té. — Es bonito. — Miró a su vestimenta. — No te queda del todo horrible. — Sonrió. No sabía hacerlo de forma que no pareciera una muñeca diabólica, no le salía de otra forma. De nuevo haría mención a algo que no debería saber. ¿Almas? ¿Sabía que era sangre? el pulso de Irina se aceleró ligeramente, la idea de comer en público con sus pequeños “aderezos” es que nadie pudiera olerlos como tal, que no pudieran identificar lo que era. Pero aquel maníaco lo hizo de primeras. No le gustó en absoluto. Rápidamente, se comió la tostada de varios bocados. Se limpió como toda una señorita los labios e intentaría pasar de ese tema.
Pregunto por Daryl. Irina arqueó una ceja. Al fin el hombre llegó, se le notaba no solo en la voz, sino también en el olor que durmió poco y bebió mucho. — Estamos trabajando, Daryl. — Miró a Alzeid, casi se arrepintió de decir eso. Ella iba conjuntada a la perfección, el otro parecía un Jack el Destripador de mercadillo. Con quién demonios se estaba juntando. — Hueles a alcohol, otra vez. — La fémina le miró a los ojos, con intensidad. — Por cierto, te agradecería que no intentaras tocarme por la noche mientras duermo, si vuelve a suceder, no volverás a levantarte la mañana siguiente. — Fue cortante. Para ella nada pasaba desapercibido. La triste realidad es que de las ocho horas que le tocaba dormir y dormía siempre, aquella noche tan solo fueron tres.
El cuervo de Irina estaba en un poste cercano de madera. Ojeando lo que sucedía. Siempre estaba con ella, daba igual la situación.
Era un bar de puerto, allí la gente confluía con bastante asiduidad. No quedaba un rostro sin inspeccionar para ella. Sin duda alguna no pasó desapercibida una atractiva mujer de cabello rojizo que no se sentó muy lejos de allí. Sus ojos, como siempre usados cuál faro, la señalaron. Sin embargo la estrambótica presencia de Alzeid le quitó un objetivo que analizar. Venía vestido con un traje de fémina, pero el era varón. — Eres puntual. Me alegro agente Alzeid. Es un rasgo reconfortante. — Tomó un sorbo de su té. — Es bonito. — Miró a su vestimenta. — No te queda del todo horrible. — Sonrió. No sabía hacerlo de forma que no pareciera una muñeca diabólica, no le salía de otra forma. De nuevo haría mención a algo que no debería saber. ¿Almas? ¿Sabía que era sangre? el pulso de Irina se aceleró ligeramente, la idea de comer en público con sus pequeños “aderezos” es que nadie pudiera olerlos como tal, que no pudieran identificar lo que era. Pero aquel maníaco lo hizo de primeras. No le gustó en absoluto. Rápidamente, se comió la tostada de varios bocados. Se limpió como toda una señorita los labios e intentaría pasar de ese tema.
Pregunto por Daryl. Irina arqueó una ceja. Al fin el hombre llegó, se le notaba no solo en la voz, sino también en el olor que durmió poco y bebió mucho. — Estamos trabajando, Daryl. — Miró a Alzeid, casi se arrepintió de decir eso. Ella iba conjuntada a la perfección, el otro parecía un Jack el Destripador de mercadillo. Con quién demonios se estaba juntando. — Hueles a alcohol, otra vez. — La fémina le miró a los ojos, con intensidad. — Por cierto, te agradecería que no intentaras tocarme por la noche mientras duermo, si vuelve a suceder, no volverás a levantarte la mañana siguiente. — Fue cortante. Para ella nada pasaba desapercibido. La triste realidad es que de las ocho horas que le tocaba dormir y dormía siempre, aquella noche tan solo fueron tres.
El cuervo de Irina estaba en un poste cercano de madera. Ojeando lo que sucedía. Siempre estaba con ella, daba igual la situación.
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