16-02-2026, 03:29 AM
Yuuki se acomodó al lado del sujeto y, mirando por encima y coqueteando de manera sutil con los otros jugadores, conseguía hacer que dieran suficientes pistas durante el juego como para que ella le dijera al sujeto que la usaba de amuleto cuando era bueno aumentar la apuesta, continuar o simplemente desistir. Y le estaba funcionando bastante bien. De paso estaba embriagando al sujeto para luego dejarlo dormido en algún lado y sin una sola moneda.
Mientras tanto, la mesa vecina iniciaba una pelea y aunque a nadie más le importó, Yuuki logró observar quién es el que la había empezado. Se sonrió de oreja a oreja cuando vio que el mismo que iniciaba la pelea del otro lado se escabullía y ahora se acercaba la mesa de cartas. Y no solo eso, ahora retaba a los jugadores para que le permitieran apostar en aquella mesa también.
Si fuera la pelirrosa quien estuviera jugando, habría enviado a aquél problemático fuera de inmediato. Tenía ya a un pichón gordo y si se armaba una bronca allí, iba a tener problemas para reclamar la recompensa de las fichas. Para rematar, el sujeto a quien estaba "aportando suerte" aún no estaba lo suficientemente borracho.
—Adelante, idiota. Siéntate si te sientes con ganas de quedarte sin nada. Mi amuleto va a darme toda la suerte que necesite. ¿Verdad, cariñito? —Y dicho aquello, el gordo abrazó a Yuuki de la cintura y la apretujó, tocando donde no debía tocar. Y causando que la birkaniana quisiera de inmediato romperle la mandíbula.
Pero ella sonrió. Sonrió de la mejor manera que pudo. Siempre amable. Hasta dio la impresión de ser una princesita bien educada al acariciar los hombros del desagradable hombre.
—Ciertamente... —Expresó mientras sonreía aún y miraba a los demás. Sentía que la estaban desafiando a romper el personaje.
—Pero que sepas, galán, que si veo que pierdes... te quedarás con las ganas. Porque yo solo me quedo con un ganador. —"Y si vas ganando es por mí, idiota oloroso". Pensó después de dejar clara su advertencia.
Dicho aquello, Yuuki misma puso la silla para el tipo del cigarrillo y hasta le sirvió los tragos. No era un trato especial. Todo el rato, mientras engordaba de victorias al asqueroso que la había manoseado recién, estuvo atendiendo a todos en la mesa y obteniendo información de sus juegos. Con el nuevo no era diferente. Pero luego de servirle el trago, lo puso en su mano y hasta apretó los dedos del hombre alrededor de este. Parecía coquetería de toda la vida, pero la mirada de Yuuki con aquél nuevo fue fría, como si tuviera filo.
—Los ojos arriba, galán... —Le guiñó un ojo mientras hacía el típico comentario de la que quiere que la atención sea en su cara y no en lo que le cuelga del pecho... que por cierto, iba bastante escotado. Con el guiño del ojo, se tocó el cuello con el dedo índice y medio dos veces. Era una seña secreta. Si el nuevo la captaba, bien por él. Si no, lo desplumaría igual que al gordo aquél.
Volvió al lado de aquél que la había llamado y se vio forzada a tomar una copa de licor. No le caía mucho en gracia, pues no era la mejor bebiendo.
Se sentó y cruzó las piernas y se reclinó sobre el hombro del gordo, mirando todo su juego y luego mirando a los demás. Arrojaba diferentes miradas a cada uno, todas de simple coquetería y juego, pero así le era fácil saber cuando les había tocado una buena mano o no. Además del recién llegado y del puerco al que estaba asistiendo, habían otros tres jugadores. Por el lado derecho del recién llegado habían dos. Y el restante por el lado izquierdo. Alrededor de ellos, había varios otros observando y esperando a animarse a entrar o a que alguno de los presentes se fuera. Quedaba aún un puesto libre.
Por las reacciones que había obtenido, los otros tres tenían manos regulares. El gordo tenía una pésima. Y cuando lo notó, volvió a tocarse el cuello con el dedo índice y medio en el cuello. De manera sutil y como quien estuviera tan solo revisando que el maquillaje estuviera en su lugar, pues hacía también algo de calor allí dentro y no solo era el recién llegado quien estaba fumando.
Mientras tanto, la mesa vecina iniciaba una pelea y aunque a nadie más le importó, Yuuki logró observar quién es el que la había empezado. Se sonrió de oreja a oreja cuando vio que el mismo que iniciaba la pelea del otro lado se escabullía y ahora se acercaba la mesa de cartas. Y no solo eso, ahora retaba a los jugadores para que le permitieran apostar en aquella mesa también.
Si fuera la pelirrosa quien estuviera jugando, habría enviado a aquél problemático fuera de inmediato. Tenía ya a un pichón gordo y si se armaba una bronca allí, iba a tener problemas para reclamar la recompensa de las fichas. Para rematar, el sujeto a quien estaba "aportando suerte" aún no estaba lo suficientemente borracho.
—Adelante, idiota. Siéntate si te sientes con ganas de quedarte sin nada. Mi amuleto va a darme toda la suerte que necesite. ¿Verdad, cariñito? —Y dicho aquello, el gordo abrazó a Yuuki de la cintura y la apretujó, tocando donde no debía tocar. Y causando que la birkaniana quisiera de inmediato romperle la mandíbula.
Pero ella sonrió. Sonrió de la mejor manera que pudo. Siempre amable. Hasta dio la impresión de ser una princesita bien educada al acariciar los hombros del desagradable hombre.
—Ciertamente... —Expresó mientras sonreía aún y miraba a los demás. Sentía que la estaban desafiando a romper el personaje.
—Pero que sepas, galán, que si veo que pierdes... te quedarás con las ganas. Porque yo solo me quedo con un ganador. —"Y si vas ganando es por mí, idiota oloroso". Pensó después de dejar clara su advertencia.
Dicho aquello, Yuuki misma puso la silla para el tipo del cigarrillo y hasta le sirvió los tragos. No era un trato especial. Todo el rato, mientras engordaba de victorias al asqueroso que la había manoseado recién, estuvo atendiendo a todos en la mesa y obteniendo información de sus juegos. Con el nuevo no era diferente. Pero luego de servirle el trago, lo puso en su mano y hasta apretó los dedos del hombre alrededor de este. Parecía coquetería de toda la vida, pero la mirada de Yuuki con aquél nuevo fue fría, como si tuviera filo.
—Los ojos arriba, galán... —Le guiñó un ojo mientras hacía el típico comentario de la que quiere que la atención sea en su cara y no en lo que le cuelga del pecho... que por cierto, iba bastante escotado. Con el guiño del ojo, se tocó el cuello con el dedo índice y medio dos veces. Era una seña secreta. Si el nuevo la captaba, bien por él. Si no, lo desplumaría igual que al gordo aquél.
Volvió al lado de aquél que la había llamado y se vio forzada a tomar una copa de licor. No le caía mucho en gracia, pues no era la mejor bebiendo.
Se sentó y cruzó las piernas y se reclinó sobre el hombro del gordo, mirando todo su juego y luego mirando a los demás. Arrojaba diferentes miradas a cada uno, todas de simple coquetería y juego, pero así le era fácil saber cuando les había tocado una buena mano o no. Además del recién llegado y del puerco al que estaba asistiendo, habían otros tres jugadores. Por el lado derecho del recién llegado habían dos. Y el restante por el lado izquierdo. Alrededor de ellos, había varios otros observando y esperando a animarse a entrar o a que alguno de los presentes se fuera. Quedaba aún un puesto libre.
Por las reacciones que había obtenido, los otros tres tenían manos regulares. El gordo tenía una pésima. Y cuando lo notó, volvió a tocarse el cuello con el dedo índice y medio en el cuello. De manera sutil y como quien estuviera tan solo revisando que el maquillaje estuviera en su lugar, pues hacía también algo de calor allí dentro y no solo era el recién llegado quien estaba fumando.

![[Imagen: o32YH2T.png]](https://i.imgur.com/o32YH2T.png)