Acuerdos de Otoño [ Pasado Social | Kibai | +18 ]
#6
Musiquita


Kibai hizo más amplia su sonrisa cuando la joven Lunarian se sonrojó levemente al escuchar sus palabras. Su suposición inicial había demostrado ser cierta, a nadie que se dedicase al comercio le disgustaba que le regalasen algo que ella misma vendía.

No obstante, el mink se tensó cuando la chica se puso el collar. Al mover la gran cascada de plata que era su melena, una oleada del perfume que llevaba golpeó de nuevo a Kibai, aquel olor suave de azúcar caramelizado, tan delicioso como embriagador. El colgante, una vez asegurado, reposó sobre el elaborado encaje de la blusa de la joven destelleando levemente cada vez que alguna de las piedras atrapaba la luz, lo cual era de agradecer para que no se perdiese en el prolongado surco que formaba su busto. Apretando la mano alrededor de la empuñadura de Raimei, se esforzó por controlarse y no respirar en demasía, mientras los ojos aguamarina de la joven volvían a clavarse en lo suyos.

Por suerte, en aquel momento la plaza pareció cobrar vida, y los puestos de comida arrancaron a funcionar, mientras varios de los trabajadores dejaban las decoraciones para colaborar en preparar grandes mesas cubiertas por manteles blancos y disponían cuencos de madera, cubiertos y grandes cestas de pan recién horneado. El cálido aroma del pan envolvió a Kibai, que lo agradeció enormemente poder distraer sus sentidos del aroma de la Lunarian.

La joven recogió su mercancía, devolviendo las joyas al baúl y colocando la tela cuidadosamente doblada encima.

— Me gustaría saber el nombre de tan buen caballero.

Kibai sonrió hacia su interlocutora.

— Mis disculpas, nó se dónde están mis modales. Te he hecho un regalo y ni siquiera me he presentado... Me llamo Kibai, es un placer conocerte.

Ante la invitación de la chica para que la acompañase a las mesas, el mink se enderezó cuan largo era, notando como el pecho se le hinchaba con orgullo.

— Claro, me encantaría comer contigo. Y te aseguro que me aseguraré de que te merezca la pena.

Girandose levemente, le ofreció el brazo a la joven.

— Vamos pues? Encontremos un buen lugar antes de que todo el mundo se siente.

Ambos se dirigieron hacia las mesas. Kibai ojeó los puestos que quedaban libres, buscando un lugar que tuviese hueco suficiente para poderse sentar con comodidad, teniendo en cuenta la envergadura de las alas de la joven, y a la vez cierta privacidad para permitirles charlar sin que la música que había aumentado su ritmo les apabuyase demasiado. Tras un breve vistazo, el mink localizó un punto en una de las mesas con cuatro sitios vacíos, y se encaminó hacia allí con su acompañante.

En el trayecto, Kibai optó por deterse primero en el puesto de comida, pues no quería tener que vovler a levantarse y arriesgarse a perder el sitio. Fueron recibidos por una amable mujer, de mejillas sonrosadas por el vapor de las ollas y mangas remangadas por encima de los codos.

— Oh, bienvenidos jóvenes, por favor, escoged vosotros mismos lo que queréis y apuntarlo en esta nota. El chico os lo llevará en cuanto esté listo.

Kibai sonrió a la vez que cerraba los ojos e inspiraba profundamente. La inmensa amalgama de olores que invadía sus sentidos se dividió, quedando tan separados para él como los libros en una estantería. Examinándolos uno por uno (y procurando evitar centrarse en el atrayente olor de la joven que se agarraba de su brazo), el mink esbozó una sonrisa al reconocer un particular conjunto de especias muy bien equilibrado. Al abrir los ojos, vio que procedía de una de las ollas que estaba crepitando alegremente al fuego .

— Tomaremos dos cuencos de ese guiso, por favor. —  dijo mientras lo anotaba en uno de los trozos de papel que había sobre el mostrador del puesto, girándose para guiñarle un ojo a la joven Lunarian. — Confía en mí, tengo buen criterio para estas cosas.

El mink le alargó el papel a la mujer, cuando un nuevo estímulo le hizo arrugar levemente la nariz.

— Aquí tiene la nota, y por cierto, el pan de ese horno está a punto de quemarse, debería sacarlo ya. —  dijo bajando la voz para que los comensales que esperaban su turno no le oyesen.

La mujer dio un rápido vistazo hacia el horno e hizo un gesto hacai uno de los ayudantes, que se apresuró a abrir la puerta de la estructura de piedra, antes de recoger el papel y dándose un toque en la nariz.

— Buen olfato, oficial. Chica, no dejes escapar a este!

Kibai agradeció de nuevo enormemente el ser incapaz de ruborizarse. Rascándose la nuca con algo de incomodidad, miró de reojo a su acompañante.

— Que tonteria, no? En fin, nos sentamos? Seguro que no tardan mucho en en servirnos.

Finalmente ambos llegaron al lugar que habían escogido, pero por desgracia los dos asientos más cercanos ya habían sido ocupados por otros asistentes. Kibai miró de reojo las alas de la joven, no quería que tuviese que comer incómoda o preocupada de que alguien las golpease por accidente. COn decisión, llevó a la joven hacia la mesa y apoyó su mano sobre el mantel.

— Saludos caballeros, les importaría moverse para hacernos un poco más de sitio?

El hombre que estaba de espaldas a ellos se giró con la boca abierta en un amago de protesta, pero la combinación del uniforme de Kibai, su mirada de 'mejor que no me incordies' y la visión de la Lunarian parecieron aplacarla. Farfullando por lo bajo, le hizo una seña a su compañero y se movieron a otra zona de la mesa.

Una vez sentados, Kibai desató las trabillas de la vaina de Raimei, apoyando la espada verticalmente contra la mesa.

— Bueno cuéntame, si no eres de esta isla, de dónde vienes? Nunca había visto a...

El mink se mordió la lengua antes de mencionar la palabra "Lunarian". No conocía tanto a aquella joven y no quería decir algo ofensivo.

—  A alguien como tú antes.
[Imagen: gvCFAP2.png]
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RE: Acuerdos de Otoño [ Pasado Social | Kibai ] - por Kibai - 16-02-2026, 03:36 AM

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