16-02-2026, 05:32 AM
Los días fríos de en Baquella me pareció refrescante después de la temporada insufrible del verano. Los puertos eran menos visitados en la temporada de invierno debido a la escasez de peces que siguen sus rutas migratorias cuando la naturaleza lo exige, sin embargo, siempre había más de un navío dispuesto a pasar más de 16 horas en el mar en busca de suerte. Mi familia pasaban largas horas en alta mar tratando de traer el sustento del negocio.
Afortunadamente puedo decir que hoy era libre de vigilar el puesto pesquero de la familia Hoshino, mi hermano mayor, Kenta, se haría cargo el día junto con su esposa. Entonces podría caminar libremente sin preocupaciones por todo el pueblo de Baquella, y hoy tenía muchas ganas de tocar algo de música.
El día de hoy vestía con una camisa blanca de manga corta, por encima una chaqueta en color café crema, una bufanda de tonalidad marrón oscuro, en la parte inferior de mi cuerpo portaba una falda floral en detalles grises, y mi calzado eran simples botas que hacían juego con la paleta de colores otoñales. Sobre mi hombro descansaba el estuche de mi violín que llevaba conmigo a todas partes.
Caminando cerca de la plaza del pueblo me di cuenta de un grupo de personas reunidas en un punto en específico. Gritaban cuál festejo esmerado, y también me llamó la atención que había un sollozo suplicante. Tal sonido logró que me saliera de mi ruta, ya no hacía la costa desolada de Baquella, ahora hacia el espectáculo que había en la plaza.
Entre empujones y jaleos, me desplacé entre la multitud en busca del motivo de tal diversión, y entonces lo encontré. Una hermosa doncella de pelo rosa, increíblemente alta, cuerpazo despampanante, y con una vestimenta capaz de realzar su cuerpo femenino, en especial por el uso del corset que lograba acentuar su cintura y la carne de sus piernas. Una diosa, pero, me llamó más la atención aquellas alas tan blancas como la nieve, hacían contraste con lo libidinoso de su juego.
Tenía a todos comiendo de la palma de su mano con el juego de cartas que ahora desarrollaba, me llamaba la atención que un señor le suplicaba de regreso su dinero, ¿Acaso era un juego de apostar?, sentí pena por el señor, no lo conocía, pero tampoco podía ser indiferente a su situación. Me acerqué con suma confianza, aunque lo único que traía en el bolsillo eran nada más que mil berries.
— Me encantaría participar. — Dije con una sonrisa gentil, tratando de poder persuadir el ambiente penoso de aquel señor. — Si gano, ¿podría devolver el dinero al buen señor?.... — Sugerí casi suplicante.
Afortunadamente puedo decir que hoy era libre de vigilar el puesto pesquero de la familia Hoshino, mi hermano mayor, Kenta, se haría cargo el día junto con su esposa. Entonces podría caminar libremente sin preocupaciones por todo el pueblo de Baquella, y hoy tenía muchas ganas de tocar algo de música.
El día de hoy vestía con una camisa blanca de manga corta, por encima una chaqueta en color café crema, una bufanda de tonalidad marrón oscuro, en la parte inferior de mi cuerpo portaba una falda floral en detalles grises, y mi calzado eran simples botas que hacían juego con la paleta de colores otoñales. Sobre mi hombro descansaba el estuche de mi violín que llevaba conmigo a todas partes.
Caminando cerca de la plaza del pueblo me di cuenta de un grupo de personas reunidas en un punto en específico. Gritaban cuál festejo esmerado, y también me llamó la atención que había un sollozo suplicante. Tal sonido logró que me saliera de mi ruta, ya no hacía la costa desolada de Baquella, ahora hacia el espectáculo que había en la plaza.
Entre empujones y jaleos, me desplacé entre la multitud en busca del motivo de tal diversión, y entonces lo encontré. Una hermosa doncella de pelo rosa, increíblemente alta, cuerpazo despampanante, y con una vestimenta capaz de realzar su cuerpo femenino, en especial por el uso del corset que lograba acentuar su cintura y la carne de sus piernas. Una diosa, pero, me llamó más la atención aquellas alas tan blancas como la nieve, hacían contraste con lo libidinoso de su juego.
Tenía a todos comiendo de la palma de su mano con el juego de cartas que ahora desarrollaba, me llamaba la atención que un señor le suplicaba de regreso su dinero, ¿Acaso era un juego de apostar?, sentí pena por el señor, no lo conocía, pero tampoco podía ser indiferente a su situación. Me acerqué con suma confianza, aunque lo único que traía en el bolsillo eran nada más que mil berries.
— Me encantaría participar. — Dije con una sonrisa gentil, tratando de poder persuadir el ambiente penoso de aquel señor. — Si gano, ¿podría devolver el dinero al buen señor?.... — Sugerí casi suplicante.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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