16-02-2026, 08:24 AM
Los brazos del sueño eran tan cómodos.
El cansancio me hizo dormir profundamente, mucho más de lo usual, apoyándome en el pecho ajeno mientras me movía lo mínimo: caso contrario a cuando dormía solo, donde solía patear y rodar si la cama era muy incómoda, sabía que incluso sentiría un guisante debajo de mil colchones , no podía evitar ser quisquilloso con ello. Pasaron las horas y yo continuaba profundamente dormido, ni siquiera había escuchado el despertador o el movimiento del hombre a mi lado, cambiando su calor por una almohada y abrazándola perezosamenre sin levantarme, escondiendo mi rostro en la almohada cuando sentí que comenzaban a moverme.
A la primera no me levanté, gruñendo sin abrir los ojos dándole aún más la espalda, incluso su voz sonaba lejana y yo quería seguir durmiendo. Me sentía cansado y ni siquiera había podido hacer mi rutina antes de dormir, pero las palabras distantes tenían razón. Había que levantarse. El motivo de mi más reciente trabajo ni siquiera me llamaba, decía que lord August era un hombre difícil ¡pero este demonio no se le podía comparar! Era muy apuesto, sin duda, pero todo eso se iba al carajo cuando hablaba. Si mi lengua era una serpiente la suya era… el veneno puro, el hombre era tan malo que me costaba con que compararlo. El regresar mis pensamientos al rubio y a lo que nos esperaba más tarde me senté en la cama, dándole un manotazo al mayor por inercia: odiaba que me despertaran. — Estoy despierto ¿estamos esperaba simulacro de terremoto o por qué me agitas así? ¿Me entiendes?— me quejé, había sido suave, por supuesto, pero me sentía de mal humor.
Me levanté de la cama, todavía desnudo, mirando alrededor con los ojos entrecerrados del sueño, notando el clóset del mayor y abriéndolo, mirando su ropa con atención y una leve mueva de disgusto. —No, no… Tampoco, ah, mierda, tu ropa me quedará grande.— mascullé, tomando una camisa negra y mis pantalones de ayer, no quería usar los mismos pero no tenía otra cosa y ponerme los pantalones del mayor no era opción; Al menos la camisa la podría disimular, los pantalones era mucho más difícil. Me puse su camisa, abriendo casi todos los botones para dejar un escote largo, fajando la camisa al interior y encogiendo las mangas para darle un estilo informal, procurando que reluciera el gran medallón al centro.
Entonces, sin importarme si el mayor se estuviera bañando; entré para buscar un peine y abrir todos los cajones en busca de un cepillo de dientes. — Te robaré un cepillo de dientes ¿dónde está? Olvídalo…— Dije al encontrar uno nuevo, cepillándome los dientes para apoyarme contra la fría pared, comenzando a desenredarme el cabello, un tanto incómodo: ¿Qué haría ahora? Sería un reto importante, por supuesto, tendría que buscar en cómo encantar a la bestia y dejarle claro que soy su aliado, no su puto esclavo.
Suspiré, terminando de peinarme para regresar nuevamente a la cama, acostándome una vez más y comenzando a sentir como me quedaba dormido poco a poco… Ni siquiera estaba del todo lis…to.
El cansancio me hizo dormir profundamente, mucho más de lo usual, apoyándome en el pecho ajeno mientras me movía lo mínimo: caso contrario a cuando dormía solo, donde solía patear y rodar si la cama era muy incómoda, sabía que incluso sentiría un guisante debajo de mil colchones , no podía evitar ser quisquilloso con ello. Pasaron las horas y yo continuaba profundamente dormido, ni siquiera había escuchado el despertador o el movimiento del hombre a mi lado, cambiando su calor por una almohada y abrazándola perezosamenre sin levantarme, escondiendo mi rostro en la almohada cuando sentí que comenzaban a moverme.
A la primera no me levanté, gruñendo sin abrir los ojos dándole aún más la espalda, incluso su voz sonaba lejana y yo quería seguir durmiendo. Me sentía cansado y ni siquiera había podido hacer mi rutina antes de dormir, pero las palabras distantes tenían razón. Había que levantarse. El motivo de mi más reciente trabajo ni siquiera me llamaba, decía que lord August era un hombre difícil ¡pero este demonio no se le podía comparar! Era muy apuesto, sin duda, pero todo eso se iba al carajo cuando hablaba. Si mi lengua era una serpiente la suya era… el veneno puro, el hombre era tan malo que me costaba con que compararlo. El regresar mis pensamientos al rubio y a lo que nos esperaba más tarde me senté en la cama, dándole un manotazo al mayor por inercia: odiaba que me despertaran. — Estoy despierto ¿estamos esperaba simulacro de terremoto o por qué me agitas así? ¿Me entiendes?— me quejé, había sido suave, por supuesto, pero me sentía de mal humor.
Me levanté de la cama, todavía desnudo, mirando alrededor con los ojos entrecerrados del sueño, notando el clóset del mayor y abriéndolo, mirando su ropa con atención y una leve mueva de disgusto. —No, no… Tampoco, ah, mierda, tu ropa me quedará grande.— mascullé, tomando una camisa negra y mis pantalones de ayer, no quería usar los mismos pero no tenía otra cosa y ponerme los pantalones del mayor no era opción; Al menos la camisa la podría disimular, los pantalones era mucho más difícil. Me puse su camisa, abriendo casi todos los botones para dejar un escote largo, fajando la camisa al interior y encogiendo las mangas para darle un estilo informal, procurando que reluciera el gran medallón al centro.
Entonces, sin importarme si el mayor se estuviera bañando; entré para buscar un peine y abrir todos los cajones en busca de un cepillo de dientes. — Te robaré un cepillo de dientes ¿dónde está? Olvídalo…— Dije al encontrar uno nuevo, cepillándome los dientes para apoyarme contra la fría pared, comenzando a desenredarme el cabello, un tanto incómodo: ¿Qué haría ahora? Sería un reto importante, por supuesto, tendría que buscar en cómo encantar a la bestia y dejarle claro que soy su aliado, no su puto esclavo.
Suspiré, terminando de peinarme para regresar nuevamente a la cama, acostándome una vez más y comenzando a sentir como me quedaba dormido poco a poco… Ni siquiera estaba del todo lis…to.

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