[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado
#48
El filo de mi espada estaba dispuesto en la posición perfecta para descender sobre el cuello de aquel pirata, Ashura, como una aguja atraviesa el cuero para zurcirlo. El ambiente enmudeció sólo siendo interrumpido por el tintineo de las esquirlas de metal que flotaban en el aire, chocando entre si. Un campanilleo suave, casi gentil, que hasta ahora no se había apreciado debido a los escándalos y ruidos del combate. Gritos, tanto aquí como en el resto de la isla, y el rechinar del estallido de armas chocando entres si. Pero ahora sólo el silencio y la calma, unos segundos gloriosos. Los relámpagos púrpura de mi habilidad azotaban y agitaban aquella cúpula de partículas de hierro flotantes y daba la sensación de que estuviésemos dentro de una nube negra de tormenta. Una catástrofe.

Los tres acompañantes del pequeño oni frente a mi yacían en el suelo derrotados y se sumaban a los dos que habían comenzado "ausentes" en este encuentro. Cinco a uno, comparándolos con Ugama. Era un buen resultado igualmente, y pronto serían seis a uno. Lamentaba profundamente no haber podido reemplazar a Ugama por nadie decente de entre ellos, con un espíritu que doblegar, pero acabaría encontrando a alguien capaz más pronto que tarde. Lo importante era redefinir y afianzar de nuevo mi posición, pues esta victoria generaría una noticia que sin duda nos llevaría a un paso más allá en la fama y el temor colectivo. Al final todo eran ventajas.

Frente a mi, aquel derrotado guerrero respirando con dificultad asumía la derrota en su postura, y respondía a mi comentario diciéndome que sus sueños siempre habían sido pesadillas. Sonreí sólo con la parte derecha del labio, levantando la ceja y abriendo mi único ojo. Mi pupila temblaba inquieta pasando por todo su cuerpo, valorando su era un truco o no. Pero no lo era, había sucedido lo que tenía que suceder: Yo había ganado. Era el resultado esperado, aunque con un par de inconvenientes más de lo esperado.

— Al final, Ashura... has resultado no ser nadie — dije haciendo algo de burla a su nombre, como últimas palabras antes de ensartarlo, y entonces un grito a mi espalda resonó causando que por un instante me distrajese. Fue sólo un instante. Un segundo en el que creí que alguno de sus subordinados me había tendido una trampa. Los revisé a todos derrotados en el suelo. ¿Sería el tontatta?.
No pude saberlo, no llegué a reaccionar, pues cuando intenté girar sobre mi mismo sentí como mi cuerpo entero quedaba bloqueado... no, ralentizado al máximo. El mundo a mi alrededor se movía pero ¿por qué yo no era capaz de reaccionar?
Sentí un golpe leve en la espalda, y después vi como un oso polar enorme y ensangrentado pasaba por encima de mi cabeza volando. ¿Qué era eso? No, mejor ¿quién era ese? ¿Desde cuando tenía que preocuparme por otro enemigos más? Y sobre todo ¿qué me había hecho?
Mi experiencia era suficiente como para decirme que era el poder de una akuma no mi, pero no sabía ni cual ni qué hacía, ni cómo contrarrestarla. ¿Era una parálisis temporal? Tenía que tener un truco. Tenía que pensar rápido para conseguir averiguarlo y librarme de aquello. ¿Y si no era temporal? Podía ser una fruta de esas con condiciones extrañas, pero todas esas tienen truco... ¡Raida! ¡Podía llamar a Raida y que me sacase de aquí! Pero... no podía hablar... era imposible mover cualquier parte del cuerpo para mi aunque, notase que se desplazaban muy, muy lentamente.
¿Acaso estos pusilánimes habían tenido que recibir la ayuda de este externo milagrosamente en el último momento para que no los matase a todos ellos?

El oso aterrizó en el suelo golpeándose y gritó, enalteció a Ashura confirmándome que se conocían, y Ashura respondió gritando uno de sus extraños y raros comandos para nombrar sus golpes más fuertes, golpeándome con ese movimiento doble cruzando sus filos en mi pecho.
Y no sentí nada. Sus filos había pasado por mi cuerpo, pero no me habían dañado en absoluto. ¿Había fallado? Ashura tiró una espada al suelo y me agarró para clavar el filo de la otra que portaba y aunque vi la espada hundirse y desaparecer en mi pecho, no sentí nada. ¿Por qué no sentía nada? Ni una gota de dolor, ni un escozor, ni un problema por menor que fuera.
Sus palabras y su egomania resonaban en mi cara, su saliva llegó a salpicarme incluso y su único ojo miraba directamente al mío. Era un reflejo mal proporcionado.

Entonces sentí al mismo tiempo presión en la espalda, cortes en el pecho, la punzada de su estocada, el frio helador proveniente del mismo infierno sembrando mi cuerpo y su mano girando bruscamente desde mi nuca. Todo el dolor acudió de golpe, todo el daño se sintió al mismo tiempo y todo aquel impacto de consecución de acciones se esparció por mi sembrando una cantidad de impacto colosal — ¡¡Puaaghghr!! — escupí sangre por la boca al tiempo que estallaban los cortes de mi pecho bañando en mi sangre al oni que había frente a mi. El crack del cuello sonó como una palmada en una bóveda y caí de rodillas mientras las esquirlas de hierro caían todas al suelo al unísono sembrando el campo de un gris negruzco metálico, tapando los cuerpos de los caídos y haciendo que Raida mirase en mi posición. Pudo observarme arrodillado con la espada de mi rival atravesada en mi pecho, del que empezaba a brotar una flor de hielo lentamente.
Un lirio completamente blanco.

No sabía qué había pasado, pero aquel oso había hecho algo que había paralizado el tiempo y mis sentidos anulando todo el daño y las sensaciones por un tiempo y haciendo que todas volvieran a sentirse al mismo tiempo después. Había sido completamente determinante y en el momento más crítico, pues un minuto más tarde Ashura yacería decapitado por mi.
Su grito proclamando que esta isla era su territorio heló mi sangre. Intenté moverme para levantarme y hacer que se tragase sus palabras, pero era imposible. Mi cuerpo no reaccionaba. La sangre brotaba de mi pecho a mi conciencia se apagaba. Las fuerzas me abandonaban. El frío inundaba mi cuerpo a medida que aquella flor de hielo se expandía más. Mis dedos se a

¿Así se sentía la derrota?

¿Cómo era posible que este fuera el final? Yo debía convertirme en Yonko.
Debía ascender entre ellos para ser el más fuerte y acabar reclamando el título de Rey de los Piratas que mi padre no pudo obtener. Debía superarle y volverme la leyenda más grande jamás contada. Debía alcanzar el punto más alto del mundo y gobernarlo con mi voluntad y deseo por encima de todo y de todos. Pero entonces, ¿por qué? ¿Por qué mis fuerzas me abandonaban? ¿Por qué sólo tenía la energía para bramar una última palabra?. Yo, el gran Shinju Kagayaku "La Catástrofe", Capitán de los temidos piratas Mittsuami, miembro del Ouka Shichibukai, dueño de Hachinosu la isla paraíso de los piratas, y heredero del demoníaco linaje de los Kagayaku... derrotado por un pelele sin nombre.

— ¡ ¡  R A I D A  ! ! —

El grito resonó por toda la zona maltrecha del puerto mientras agarraba con fuerza a Kurozansai y al instante que lo hice, mi enorme montura voladora se lanzó en picado a por mi volando a ras de suelo con la precisión de un halcón, dispuesta a placar y destruir a todo el que se pusiera por delante de su trayectoria y, agarrándome con sus zarpas en un último abrazo gentil, graznó con crudeza de forma desgarradora y se lanzó hacia el cielo con tres batidas de alas de forma poderosa, desapareciendo entre las nubes y abriendo un claro entre ellas que arrojó luz al presente.
Escuchaba el zumbido de sus alas mientras mi ojo se cerraba.
Un último vuelo juntos.




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RE: [EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros III - Terror Alado - por Shinju Kagayaku - 16-02-2026, 02:43 PM

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