16-02-2026, 05:07 PM
La mujer alada soltaba otra palabra rara otra vez. Rodeé los ojos, casi por reflejo, me mordí la lengua, porque no le iba a preguntar qué era “sinapellido”. A veces el conocimiento era valioso, sí, pero otras veces había aprendido que bastaba con ser bonita, sonreír bonito o directamente golpear en la carota a otro para dejarlo en el suelo y quedarme con su ropa.
Pero ella había sido lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que yo no era ninguna capitana. Y ahí estaba, acorralándome, lo que resultaba bastante sexy, la verdad. Su cercanía fue cerrándose poco a poco, el espacio entre ambas se encogió con un roce de su mejilla con la mía, su es piel cálida y suave. Su voz, ¿nerviosa? Casi me hace perder la compostura con una presión suave en el estomago, pero ni siquiera retrocedí.
Luego se alejó dándome unas palmaditas en el rostro y me mordí el labio, frustrada, porque no quería que se apartara. Cuando recuperé mi espacio no recuperé del todo el aire. Me inquietaba y me excitaba su propuesta y ahora que se ponía a revisar la habitación, a veces notaba como su mirada se detenía en mí.
Caminé lentamente, por la habitación, tomando y tocando los objetos que veía cerca por donde me paseaba, pero no le quité la mirada a Yuuki, a su espalda, a sus alas, a su culo bonito y redondito.
—Secretos… Tengo muy pocos, pero espero que no te den una impresión equivocada. Y es verdad, no soy la capitana. Felicidades.— Admití, quitándome el traje de arriba y luego los pantalones, mostrándome con la túnica de monja mientras daba unos pasos hacia donde estaba Yuuki. Antes de que se girara por su cuenta, una de mis manos toca su espalda, después con la otra recorrí y acaricié su cintura hasta agarrarla por la cadera, girándola y tirarla contra la pared.
—Miau. Segundo secreto. Me causas cierta debilidad, como para contarte de lo que quieras… Lo que haré es robarle lo que pueda a estos idiotas. Siento que contigo podría ser incluso divertido.— Susurré apostando la confianza. Acerqué mi cuerpo al suyo, mirando perdidamente su rostro esperando cómo sería su reacción. Mis dedos apretaron con firmeza la carne y ese huesito de su cadera. Deslicé una pierna para meterla entre las suyas con el gusto de solo provocar. Luego mis manos comenzaron a subir despacio, acariciando sus costillas hasta que me detuve donde llegaban sus pechos, sintiendo el peso y la suavidad de ellos sobre mis dedos.
—Creo que me debes algo. Te he contado algunos secretos, ¿cuales son los tuyos? Es parte del trato— Pregunté con una sonrisa ladeada, mientras “castigaba” a la mujer con mis manos que inspeccionaban su figura, su cintura es tan pequeña y caderas bastante provocadoras de las cuales me hicieron deslizar mis manos hacia abajo, por su torso, por sus muslos, hasta caer arrodillada en el suelo con la túnica apretada al cuerpo.—¿Quieres que siga? jisjisjis— Reí suavemente, sosteniendo la mirada al rostro de Yuuki.
Pero ella había sido lo suficientemente inteligente como para darse cuenta que yo no era ninguna capitana. Y ahí estaba, acorralándome, lo que resultaba bastante sexy, la verdad. Su cercanía fue cerrándose poco a poco, el espacio entre ambas se encogió con un roce de su mejilla con la mía, su es piel cálida y suave. Su voz, ¿nerviosa? Casi me hace perder la compostura con una presión suave en el estomago, pero ni siquiera retrocedí.
Luego se alejó dándome unas palmaditas en el rostro y me mordí el labio, frustrada, porque no quería que se apartara. Cuando recuperé mi espacio no recuperé del todo el aire. Me inquietaba y me excitaba su propuesta y ahora que se ponía a revisar la habitación, a veces notaba como su mirada se detenía en mí.
Caminé lentamente, por la habitación, tomando y tocando los objetos que veía cerca por donde me paseaba, pero no le quité la mirada a Yuuki, a su espalda, a sus alas, a su culo bonito y redondito.
—Secretos… Tengo muy pocos, pero espero que no te den una impresión equivocada. Y es verdad, no soy la capitana. Felicidades.— Admití, quitándome el traje de arriba y luego los pantalones, mostrándome con la túnica de monja mientras daba unos pasos hacia donde estaba Yuuki. Antes de que se girara por su cuenta, una de mis manos toca su espalda, después con la otra recorrí y acaricié su cintura hasta agarrarla por la cadera, girándola y tirarla contra la pared.
—Miau. Segundo secreto. Me causas cierta debilidad, como para contarte de lo que quieras… Lo que haré es robarle lo que pueda a estos idiotas. Siento que contigo podría ser incluso divertido.— Susurré apostando la confianza. Acerqué mi cuerpo al suyo, mirando perdidamente su rostro esperando cómo sería su reacción. Mis dedos apretaron con firmeza la carne y ese huesito de su cadera. Deslicé una pierna para meterla entre las suyas con el gusto de solo provocar. Luego mis manos comenzaron a subir despacio, acariciando sus costillas hasta que me detuve donde llegaban sus pechos, sintiendo el peso y la suavidad de ellos sobre mis dedos.
—Creo que me debes algo. Te he contado algunos secretos, ¿cuales son los tuyos? Es parte del trato— Pregunté con una sonrisa ladeada, mientras “castigaba” a la mujer con mis manos que inspeccionaban su figura, su cintura es tan pequeña y caderas bastante provocadoras de las cuales me hicieron deslizar mis manos hacia abajo, por su torso, por sus muslos, hasta caer arrodillada en el suelo con la túnica apretada al cuerpo.—¿Quieres que siga? jisjisjis— Reí suavemente, sosteniendo la mirada al rostro de Yuuki.
