16-02-2026, 07:48 PM
(Última modificación: 16-02-2026, 08:07 PM por Seraphine Soyer.)
Mantiene su sonrisa en sus labios, una parte de ella deseando que todo vaya bien, no teniendo demasiada confianza en sí misma y es que razones para ello tenía, nada que ver con que la usuaria esté haciendo su primera aventura y tras un día ajetreado se le haya olvidado lo que está puesto en el primer spoiler, no, nada que ver, es que Seraphine suele tener mala suerte y de otra forma no puede cuadrar el hecho que haya terminado de esclava en su pasado y cuando el de lentes sigue hablando, en vez de dejarla irse, sus pasos se detienen, ladeando la cabeza.
—¿Qué sucede?
Se le instaló una pequeña duda en su mente, mirando a la chica que señalaba el callejón, se estaba acercando cada vez más, ¿no? Gira un poco su cuello para ver y al final acaba dándose cuenta de que se fue en la otra dirección, a lo que los ojos verdes se le vuelven algo húmedos. —Seraphine— Se llamó así misma en sus pensamientos. —Eres un maldito desastre— Volvió a concentrarse en escribir para escribir lo más rápido posible, no queriendo meterse tan rápido en un camino violento, queriendo evitar hasta ahora, si era posible, alguna clase de daño físico o emocional a los demás, no obstante, aquello le resultaba imposible a estas alturas.
Y lo que sucede después le hace abrir los ojos cuando, de pronto, el hacha sale volando, dando un pasito más hacia atrás, queriendo esquivar el arma para no hacerse daño y la lleva a fijarse en los nuevos hombres que la rodean, tragando saliva. —Primero— Levantó un dedo tras escribir su respuesta. —Con lo que estoy ocupada, no es de tu incumbencia; segundo, ¿quién no se pondría nervioso con el trío de tíos que se ponen a rodear a una mujer que no les hizo nada? Tercero, un cartelito, hombres que no tienen la mejor pinta y están buscando a una chica, que a primera vista no parecen aceptar un no por respuesta— Miró al de gafas directo a los ojos. —¿No sería lo más lógico asumir que tenéis armas con vosotros?
Ni siquiera esperó a las respuestas de los hombres, la primera flecha que disparó, sacando su arco de a saber dónde, salió disparada en dirección al hombre que sostenía a la abuelita, seguida por el resto de sus enemigos, buscando anteponer la seguridad de los demás a la suya, queriendo mantener con vida a cuantas personas podía y, una vez estuviese más seguro, si podía, buscaría acercarse a la abuela.
Y buscó disimular los intentos fallidos, ya que algunas cuantas flechas se le cayeron de las manos antes de poder disparar.
—¿Qué sucede?
Se le instaló una pequeña duda en su mente, mirando a la chica que señalaba el callejón, se estaba acercando cada vez más, ¿no? Gira un poco su cuello para ver y al final acaba dándose cuenta de que se fue en la otra dirección, a lo que los ojos verdes se le vuelven algo húmedos. —Seraphine— Se llamó así misma en sus pensamientos. —Eres un maldito desastre— Volvió a concentrarse en escribir para escribir lo más rápido posible, no queriendo meterse tan rápido en un camino violento, queriendo evitar hasta ahora, si era posible, alguna clase de daño físico o emocional a los demás, no obstante, aquello le resultaba imposible a estas alturas.
Y lo que sucede después le hace abrir los ojos cuando, de pronto, el hacha sale volando, dando un pasito más hacia atrás, queriendo esquivar el arma para no hacerse daño y la lleva a fijarse en los nuevos hombres que la rodean, tragando saliva. —Primero— Levantó un dedo tras escribir su respuesta. —Con lo que estoy ocupada, no es de tu incumbencia; segundo, ¿quién no se pondría nervioso con el trío de tíos que se ponen a rodear a una mujer que no les hizo nada? Tercero, un cartelito, hombres que no tienen la mejor pinta y están buscando a una chica, que a primera vista no parecen aceptar un no por respuesta— Miró al de gafas directo a los ojos. —¿No sería lo más lógico asumir que tenéis armas con vosotros?
Ni siquiera esperó a las respuestas de los hombres, la primera flecha que disparó, sacando su arco de a saber dónde, salió disparada en dirección al hombre que sostenía a la abuelita, seguida por el resto de sus enemigos, buscando anteponer la seguridad de los demás a la suya, queriendo mantener con vida a cuantas personas podía y, una vez estuviese más seguro, si podía, buscaría acercarse a la abuela.
Y buscó disimular los intentos fallidos, ya que algunas cuantas flechas se le cayeron de las manos antes de poder disparar.
—Información
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